El agotamiento en el antirracismo

antirracismo
Fotograma de la serie «Querida gente blanca«

Cuando empezamos éramos negras y ahora lo seguimos siendo. Cuando comenzamos explicábamos por primera vez las cosas con esperanza e ilusión y ahora con estupor.

Cómo es posible que después de tanta pedagogía tengamos algunas la sensación de estar situada nuevamente en el inicio de la carrera. Cómo es posible que a día de hoy  hombres y mujeres blancas lleguen a nuestras redes explicándonos con absoluta desparpajo y si me apura descaro, qué es racismo y qué no. Cómo es posible tanto atrevimiento.



La lucha antirracista tiene varias facetas. Una de las primeras diría que es la del enfado. Es el momento necesario en el que, con la ayuda de las lecturas y tu propia experiencia como mujer negra, comienzas a ser consciente de los mecanismos de opresión que hasta ahora habías normalizado.

Notas por ejemplo que los cuerpos de seguridad del Estado no te eligen como sujeto a cuidar y si a desconfiar; notas muy sorprendida que si te diriges a un público progresista tienes grandes posibilidades de que tus capacidades y conocimientos sean cuestionados (con el de derechas mejor ni comentar); notas que hay gente blanca que te sigue siempre y cuando digas lo que ellos y ellas quieran, pero cuando llega la disidencia directamente te bloquean porque en el fondo nunca dejaron de ser racistas. Y también se te hace evidente cuando entras a comercios como Sephora o similar y no se te percibe como una clienta más. Aquí eres sospechosa de algo que eres incapaz de hacer: robar. Y esto no es porque seas santa sino porque nos dijeron de pequeñas por activa y por pasiva desde esa valiosísima educación negra y también rígida, que los negros no robamos, los negros tenemos que estudiar. No sé al resto, pero a mí fue lo que me dijeron en Cuba hace más de 40 años.

En la época del enfado este proceso te duele y te duele más cuando ves que a una mayoría blanca le cuesta empatizar, cuando percibes que nunca eres prioridad para ellos y ellas, pero eso te tiene que dar igual. De aquí también se sale.

Y… ¿Cómo se vive con todo esto, con toda esta experiencia vital asediada? Lo primero que se hace al salir de la época del enfado es situarte en el centro.

Socialmente este paso es impensable. La sociedad blanca te ve cuidando y ya, te ve precarizada y ya, te ve pobre y ya y eso es agotador. No eres esa caricatura. Es hora de tomar decisiones y jugar las cartas que te han dado. Seguir pidiendo aceptación, es regalar la energía.

Situarte en el centro por tanto es buscar espacio para afrocentrarte con lecturas negras,  series  que visibilicen dignamente vidas negras , tu forma de hacer activismo  y socializando con gente como tú (dichosa quien tenga esa suerte con esta última). Estar en el centro es decidir qué explicas y qué no. Estar en el centro es disfrutar de la cultura negra, si,  de esa que algunos y algunas les encanta apropiarse, facturarla y no invitarte . Y sobre todo estar en el centro es relativizar no para disculpar a quien te quiere mal sino para encontrar paz. Hay cosas, como en la vida misma, que valen la pena debatirlas  y en ese momento hay que hablar muy claro, sin embargo hay cosas que no merecen respuesta pese a que el mundo esté sobreactuando a tu alrededor. Llegar aquí cuesta un esfuerzo porque la lucha antirracista es también una lucha personal.

Pero también, situarte en el centro significa reconocer experiencias ajenas. Si, así es. No nos equivoquemos, situarnos en el centro no es devolver la violencia recibida justo ahora que  vemos que las víctimas o héroes de ayer son los verdugos de hoy.  Situarnos en el centro es querernos con amabilidad y mirar al mundo o al menos intentarlo con esa misma amabilidad que quieres para tí. Así descubres al mundo de los enfermos de SIDA, al mundo de madres solteras, al mundo de las personas trans y a mucha gente que tiene sus propias batallas y sufrimientos. Por lo tanto afrocentrarte no es distanciarte, es reconocerte como ser humano empático con defectos y virtudes. La sociedad blanca opresora siempre querrá de tí la perfección o de lo contrario tendrás su desprecio. Eres tú quien decide.  No vivimos para contentar a nadie. Hay que aprender a responder y a no tener dependencias blancas.

Pasar por este proceso significa que ya tienes las riendas de tí pero no el control de la sociedad racista. Esa sigue ahí. Yo reconozco que nuestro trabajo pedagógico ha facilitado el surgimiento de esa necesaria figura de la feminista blanca antirracista. Si, así es, existen. Contar con ellas ha sido valioso, pero no son la mayoría. La mayoría es la que te hace repetir cada día el ABC antirracista y la obviedad, las que te utilizan y revictimizan en los espacios de poder o las que aún no se ha enterado que hay libros y que antes de incordiar a una mujer negra con preguntas y comentarios ocurrentes, debe LEER.

Aún así, y confieso que me río, la lucha continúa. Y es así porque el activismo es supervivencia, es la búsqueda continua de un espacio vital donde no prevalezca la hostilidad como norma. Hay quien entró al activismo para ser política y hay quien sólo lo desea para vivir. Ambas opciones son igualmente respetables.

Ha quedado claro que los derechos conquistados sólo los tenemos reservados hasta nuevo aviso. Es por esto que el antirracismo así como el feminismo decolonial crece y se garantiza en la lucha callejera , en las redes, en el emprendimiento social, en la búsqueda de alianzas y como no, en la repetición discursiva hasta la saciedad, hasta el agotamiento.


Autora: Antoinette Torres Soler
Directora y creadora de Afroféminas
Y quien os responde en forma de «periódico» en el IG cuando el debate se pone bueno 😅

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