Yeison García López: “La izquierda española tiene que llevar a cabo una reflexión sobre cómo crear un compromiso con el antirracismo”

Yeison García López es una de esas personas que siempre ha estado entre dos mundos: nació en Cali (Colombia), pero se trasladó a Madrid junto a su familia con tan solo nueve años. Allí pasó por la Universidad Complutense de Madrid, donde se graduó en Ciencias Políticas y comenzó su activismo en diferentes asociaciones como SOS Racismo Madrid o Amnistía Internacional, además de cofundar la Asociación Afrodescendiente Universitaria Kwanzaa.

Yeison García presentando su poemario, Derecho de admisión

En 2018 se presentó a las primarias de Podemos para el Congreso y el Senado por la circunscripción de Madrid y, hasta un año después, trabajó como ayudante parlamentario de Rita Bosaho. Hoy en día es miembro de Conciencia Afro y de la Comunidad Negra Africana y Afrodescendiente de España (CNAAE). Hace escasos meses sacó su último poemario, Derecho de admisión, donde relata sus experiencias como migrante en España y crea un espacio de comprensión y empatía para quienes están en su misma situación. Toda su lucha, tanto política como cultural, han convertido a Yeison en una de las figuras clave del antirracismo español.

Respecto a los resultados de las elecciones de Madrid y la contundente victoria de Isabel Díaz Ayuso, ¿podrías hacer una predicción de lo que va a suponer para la capital en los próximos dos años?

Ayuso ahora va a tener las manos libres para hacer cualquier cosa que se le pase por la cabeza. En la anterior legislatura gobernaba con Ciudadanos y de alguna manera, esta formación contrarrestaba un poco sus ideas. Creo que va a radicalizar muchas posturas porque ahora mismo depende, en cierta manera, de la extrema derecha. El hecho de que la extrema derecha haya llevado un discurso tan drástico en cuestiones de racismo y xenofobia generó que muchas personas votaran por el Partido Popular para no apoyar esta radicalidad. Ayuso va a aprovechar este apoyo para hacer políticas con total libertad sobre el desmantelamiento de lo público, señalar a las personas migrantes y racializadas que vivimos en Madrid… Todo lo que quiera desde su posición neoliberal de gestión.

En toda la campaña no se paró de repetir que estos resultados van a tener repercusión en el resto del país. ¿De qué manera?

Principalmente en lo que el otro día comentaba Pablo Iglesias: Ayuso intentará ir contra todo tipo de orden que se de desde el gobierno central. Esto también genera un debate interno en el propio PP, porque Pablo Casado va a quedar desplazado, siendo Ayuso la que va a coger las riendas del partido desde Madrid. Y aquellas comunidades que estén en contra del gobierno de coalición se van a poner detrás de ella como jefa de la oposición.

Cuando te presentaste a las primarias de Podemos, comentaste que entre tus propuestas estaba “feminizar la política y crear un eje antirracista”. ¿Crees que estos propósitos se han imposibilitado con la victoria del PP?

No es una cuestión tanto de lo que haga la derecha o la extrema derecha, sino de las propuestas y el compromiso que haya en el espacio de la izquierda. Durante estos años que he estado militando en un espacio como Unidas Podemos, ha habido una serie de barreras que encontramos a la hora de llevar a cabo, no tanto las políticas feministas –que tienen una gran relevancia dentro del partido–, sino antirracistas. 

Actualmente, existe una gran falta de compromiso real con el eje antirracista dentro de un espacio progresista como Podemos, pero también, en términos autonómicos, en Más Madrid. La izquierda española tiene que llevar a cabo una reflexión sobre cómo crear un compromiso con el antirracismo, más allá de candidaturas. Cómo desde su espacio político se va a articular una agenda antirracista que no solamente trate de denunciar cuando hay un ataque o algún tipo de discurso de odio, sino que permee en todas las demandas de su propuesta política. En muchas ocasiones, bajo marcos universalistas o cuestiones bastante amplias como puede ser vivienda, sanidad o educación, se piensa que con plantear ideas generales se va a beneficiar toda la población. Pero eso no es así. Por eso es tan importante que, en cada política pública que se proponga, exista una perspectiva antirracista.

Sobre la dimisión de Pablo Iglesias, muchos han comentado que este hecho y la caída de Ciudadanos generarán una vuelta al bipartidismo. ¿Qué opina sobre eso?

Este es el gran proyecto de la élite política y económica de este país, pero creo que todavía es muy pronto para hablar sobre lo que va a ocurrir. Puede que la descomposición de Ciudadanos sea una señal de un fin de un ciclo político, pero Unidas Podemos tiene todavía mucho que decir. Los nuevos liderazgos que se planteen dentro de este partido pueden llevar a cabo una recomposición, dándole a la formación una especie de “segunda vida”. Pero esto también depende en buena medida de los movimientos que haga el Partido Socialista, ya que ha intentado por de todas las formas que Podemos caiga para no verse tan presionado a la hora de cumplir una agenda social real. 

Por tanto, hay que es probable que ante un fin de ciclo como te decía, pero también hay que tener en cuenta otros factores como qué empuje le van a dar estas elecciones a Más Madrid. Sabemos que todavía no tiene una estructura consolidada a nivel estatal, pero si Mónica García logra tener un papel relevante en la oposición madrileña, de alguna manera esto podría hacer eco y dar lugar a un Más País fuerte en toda España. Es complicado, pero es interesante observar este nuevo movimiento y otros que se vayan dando y luchen contra este posible retorno del bipartidismo.

Ayuso se alzó como ganadora en una campaña de las más agresivas que se recuerdan y enviando a la población madrileña un folio en blanco en el que no rezaba ninguna de sus propuestas. ¿Cree que la política española está perdiendo fondo y se está centrando más en la forma? Es decir, ¿se está convirtiendo en espectáculo?

La política siempre ha sido espectáculo, pero este espectáculo puede llevar implícitas demandas y generar un debate profundo en los partidos políticos a nivel de comunidad o de estado. Sin embargo, en la situación actual existen varios factores importantes. La pandemia y la desigualdad que no para de crecer hace que la gente esté cansada y busque respuestas fáciles. También de alguna manera no podríamos pensar en el auge de la derecha o la extrema derecha sin la cobertura mediática que se le da a una serie de actitudes. Esto sumado, por supuesto, a una falta de autocrítica desde la izquierda, hacen que la política se haya quedado en esto: en que Ayuso gane con un papel en blanco y con discursos altivos y simplificadores. 

Además de esto, influye el hecho de que la pugna entre fascismo y antifascismo ha ocultado toda la mala gestión que hizo la presidenta con las residencias, el despilfarro del Hospital Isabel Zendal… Es decir, la lucha contra el fascismo ha desplazado a la visibilización de estos hechos. 

En una entrevista con Lucía Mbomío dijiste que a las personas como tú no se las espera en este tipo de espacios, refiriéndote a tu candidatura a las primarias de Podemos. Sin embargo, el partido te dio la oportunidad. Serigne Mabyé ahora entrará como diputado en Madrid. ¿Qué opinas de lo que argumentan algunos sobre que esta diversidad en el partido es una herramienta de lavado de imagen?

Hay que destacar que el partido no me dio la oportunidad, sino que nosotros luchamos por estar ahí. En ese momento, no era Yeison García, sino un grupo de personas migrantes y racializadas las que estuvimos peleando por un espacio dentro de un grupo que reconocíamos como nuestro por muchas de las ideas que se planteaban. Nosotros trabajamos sobre una ampliación de imaginario para que la perspectiva antirracista estuviera presente. Y esto fue una lucha constante y que, aunque en ese momento se dio a partir de las primarias, veníamos llevando a cabo de antes. 

Desde un principio, pusimos sobre la mesa que no íbamos a ser de colorines en un partido político, sino que esa formación también nos pertenecía y por ello reclamábamos espacios de poder y recursos. Y para incluir la perspectiva antirracista hicimos un trabajo de articulación con las organizaciones dedicadas a este campo. Es decir, no fue algo que el partido nos regaló sino un ejercicio de rebeldía política que planteamos dentro de la estructura de este.

Actualmente, el fichaje de Serigne Mbayé plantea, principalmente para él mismo, cómo va a articular dentro del partido todo el esfuerzo de un grupo de personas que están detrás. Esta es la parte más importante y sobre lo que tendríamos que reflexionar: cómo, de alguna forma, ciertos espacios progresistas incluyen a ciertas personas y con ello desarticulan todo un trabajo político que existía de antes. 

Amnistía Internacional, SOS Racismo y en tu etapa universitaria fundaste la Asociación Afrodescendiente Universitaria Kwanzaa. Desde entonces, no has dejado el activismo. ¿Hubo algún hecho concreto que te hiciese tomar conciencia o fue un proceso de años?

Fue un proceso que se inició cuando entré a la universidad. Esta forma parte de esos espacios de exclusión donde no se nos espera y, cuando entramos, lo hacemos a cuentagotas. De repente, yo me vi en un lugar donde nunca me hubiera imaginado y empecé a plantearme muchas cosas, también por la actitud de algunos profesores o alumnos. Antes de esto, no es que no viese lo que pasaba a mi alrededor, sino que no tenía conciencia de cómo transformarlo, por lo que me terminaba conformando con el lugar en el que la sociedad quería que estuviera.

En la universidad empecé a leer muchísimo, no los libros que me mandaban sino los que encontraba por mi cuenta. También acudí a muchas charlas donde vi que los compañeros que estaban en mi clase sí que tenían una vocación por estudiar Ciencias Políticas. Yo en su momento ni sabía que existía esta carrera, por lo que estuve atrasado a nivel de bagaje cultural. Esto fue lo que me llevó a leer a personas afro, teorías afroestadounidenses de cuestionamiento del racismo en EE. UU., etcétera. Y todo esto me ayudó a comenzar a cuestionar mi realidad y encontrarme con mucha gente. Hasta que, con tres compañeros más fundamos lo que es la Asociación. Allí pude ver que, todas estas inquietudes que me estaban comiendo por dentro y que yo creía que eran una cuestión personal no eran para nada algo individual, y compartí experiencias con otras personas negras con diferentes trayectorias tanto de vida como académicas y políticas. Así me di cuenta de que esta lucha requiere empezar por lo individual, pasar a lo colectivo y luego, buscar las causas estructurales. 

De alguna manera, mi toma de conciencia fue un proceso de ir adquiriendo elementos que me llevaron a pensar: “¿Y esto por qué nunca se me contó?”.

Yeison García en un acto antirracista. Foto: Byron Maher

Hasta 2019, fuiste ayudante parlamentario de Rita Bosaho. ¿Qué aprendiste de ella durante esta etapa?

Aprendí muchísimas cosas como la valentía y el empuje de una persona que cuando cree en una idea la lleva más allá. Fue una etapa bastante importante para mí a nivel personal porque cuando me acerco a Rita a plantearle la posibilidad de apoyarla ya yo tenía con una idea muy clara. Durante años la incidencia política afro ha sido bastante importante, pero nos hemos quedado en la superficie. Todo el rato estábamos reivindicando una proposición no de ley, cuando su propio nombre lo dice: no compromete a nadie, es instar al gobierno a que realice algo. Instar, es decir, lo puede hacer o no. 

Por ello yo veía necesario conseguir dos cuestiones a la hora de desempeñar este trabajo. Por un lado, ayudar a una persona como Rita, la primera mujer afro en el Congreso de los Diputados y por otro, adquirir todo el conocimiento posible para poder sentar una lógica dentro del partido y de la política en general para transmitir todo ese saber al tejido afro y así ampliar nuestra incidencia política. 

“Cuando alguien racializado disputa el poder con sus ideas, termina fuera de la política”

¿En qué contribuyen tus poemas a la lucha antirracista?

Siempre tengo en mente lo que supuso y sigue suponiendo todo el marco teórico afroamericano y el Renacimiento de Harlem, donde se plantea el concepto de nuevo negro y surge un apoyo cultural a todo lo que posteriormente sería la lucha por los derechos civiles. Los espacios de militancia son muchas veces lugares de retroalimentación. Es decir, no logramos salir de ahí y llegar a nuestra gente; luchamos por los derechos de una comunidad, pero no hacemos autocrítica sobre si estamos acercándonos hasta ella. Esto en ocasiones se ve imposibilitado por la propia precarización de nuestras vidas. Es muy difícil dedicar tiempo a políticas de ampliación de base social y llevar una lucha constante porque tenemos una realidad que no nos lo permite. Aunque contamos con una conciencia muy desarrollada, tenemos que comer, por lo que muchas veces es imposible combinar ambos factores y que nuestros pensamientos alcancen al resto de gente. Una manera de paliar esto e intentar despertar conciencia antirracista es a través de la creación cultural, y en mi caso, elegí la poesía.

En la Introducción de Derecho de admisión, se recoge que el libro va dedicado tanto a las personas racializadas, para las que supone un ejercicio de empatía, como a las que no, para las que significa una toma de conciencia. ¿Cómo ha sido la respuesta de la audiencia desde ambos lados?

Estamos hechos de diferentes identidades y aquí he plasmado más mi parte migrante que la afro, aunque no las pueda separar del todo. Otro poemario en el que estoy trabajando está más dedicado a reflejar mi parte afro. Por esto, sobre todo ha respondido gente que también vino cuando eran muy pequeñita, que ha crecido aquí, pero se ha criado entre esos dos mundos y aunque todavía tiene muchas expresiones culturales de su lugar de origen, a través de la música, la gastronomía o la forma de hablar, se ha topado con la cultura de la sociedad mayoritaria en la que residen. Ante la forma de querer expresar todo esto, algunas personas migrantes de tercera generación que viven en España me han dicho que se han sentido identificadas con lo que estaban leyendo.

Por la otra parte, me han dicho que ha sido un golpe de realidad que a veces no son capaces de reconocer. Algunas veces a ciertos individuos les cuesta procesar, pero mi forma de contribuir a esta toma de conciencia no es atacando, porque como bien he dicho, al contrario también hay que vivir un proceso. Pero sé que aun así muchos se sienten atacados lo que hace que no opinen nada o se pongan un poco a la defensiva. 

En el poema Las vidas de las nuestras importan, escribes que te educaron para ser un “buen negro migrante”. ¿Qué es ser un “buen negro migrante”?

Agachar la cabeza constantemente, no porque la persona quiera, sino porque su entorno no lo deja levantarla. Tenemos que estar constantemente dando las gracias por vivir, por tener lo poco que hemos conseguido gracias a nuestro trabajo –porque no nos lo ha regalado nadie–. Y también, es el no imaginarnos en aquellos espacios que como te comentaba antes, se supone que no están hechos para nosotros. Todavía hoy resulta muy extraño para muchos ver a una persona negra por los pasillos del Congreso, presentándose a una candidatura, articulando narrativas políticas fuera de los marcos victimizantes donde se nos suele incluir, en la universidad, escribiendo poesía sobre la realidad de Madrid y de España… De hecho, hay una parte de fuga constante por parte de una izquierda que reconoce o reivindica los movimientos negros y antirracistas fuera de España, pero no tienen ningún tipo de compromiso con lo que hacemos aquí. Ser un buen negro migrante es todo lo contrario a lo que plantea la protesta antirracista: mirar a alguien negro desde la igualdad política reconociendo sus proyectos y que viene de una genealogía de lucha que se perpetúa desde hace mucho tiempo.

¿Cuándo dejaste de agachar la cabeza?

Nunca se deja de agachar del todo. Hay una cuestión muy clara en todos los ámbitos, pero principalmente en el de la política. Cuando tienes las ideas claras, un objetivo fijo que entra en conflicto con las posturas mayoritarias, acabas siendo excluido de muchos espacios, lo digas con el tono que lo digas, da igual. Cuando alguien racializado disputa el poder con sus ideas, termina fuera de la política. Esto hace que muchas veces –y es lo que me ha ocurrido en mi experiencia política– sabiendo que te pueden echar de cualquier proceso, utilices como mecanismo de defensa el agachar la cabeza, no porque estés derrotado sino porque la desigualdad de poder te obliga a ello. En los espacios progresistas, ¿cuántas personas negras hay en las cúpulas? ¿Cuántos migrantes o racializados hay? Y sobre eso, hay otra cuestión importante: no hablamos solo de una persona migrante o racializada sino de, como comentaba anteriormente, todo el equipo que hay tras ella.

En Tú no eres como ellos utilizas un verso algo impactante: “Tu piel oscura blanquea su violencia” que de alguna forma se complementa con otros poemas como Derecho de admisión, donde reseñas un altercado en una discoteca. ¿Cómo sobrellevabas esta presión cuando eras más joven y no tenías una conciencia tan amplia?

Amoldándome. Me amoldaba a lo que querían de mí: si querían que fuera el negro violento, era el negro violento. Si querían que fuera el negro delincuente, era el negro delincuente. No tenía ningún tipo de conciencia. Es más, de pequeño me sentía muy mal porque era tímido y el hecho de que no seas un negro “de verdad” porque eres vergonzoso. Por ello reproducía lo que me pedían y no salía porque no tenía ningún tipo de herramienta para hacerlo. Nadie me había dicho que yo podía ser otra cosa o que había métodos para construirme como hombre negro. De hecho, sobre esto hay otra cuestión que no se suele tener en cuenta, y es la dificultad añadida que supone construir la sexualidad de un hombre negro cuando constantemente están apelando a tu hipersensualidad, fogosidad, al tamaño de tu órgano genital… Sobre esta presión no se habla. Toda esta suma de cosas hizo que durante mucho tiempo intentara amoldarme y navegar sobre estos estereotipos porque no sabía como alejarme de ellos.

Por eso es tan importante para mí este poemario y todas las producciones culturales que se están dando: la obra de teatro No es país para negras de Silvia Albert, los libros de Desirée Bela, Lucía Mbomío o Moha Gerehou… Hay muchas personas trabajando para dar herramientas que yo, en su momento, no encontré.

En Aulas en flor te cuestionas “¿qué pasó con los que no consiguieron romper con la inercia?”, referido a una recomendación de una de tus profesoras que le dijo a tu madre que te sacara de la escuela y te pusiera a trabajar. Yo te pregunto: ¿qué sería de Yeison ahora si no hubiera conseguido romper con la inercia?

Lo pienso mucho porque cuando empiezas a conseguir colocarte en otro papel al que no estás acostumbrado te atrapa el síndrome del impostor. Es algo constante, y más al ver que te esfuerzas en un trabajo y no se te reconoce absolutamente nada. En ese momento te planteas que igual la culpa es tuya, que no tendrías que haber entrado en todo esto y haberte mantenido en los roles que se te asignaron. La mayoría de mis amigos migrantes y racializados trabajan en el sector servicios por lo que supongo que mi futuro habría sido no acabar ni siquiera la ESO y trabajar de camarero o en la obra. Está claro que esto son trabajos muy dignos, pero la cuestión no es esa. Me refiero al problema estructural de que siempre se relegue a ciertos grupos a un determinado nicho laboral. Viendo la trayectoria de mi círculo, no tendría ningún tipo de conciencia antirracista y me limitaría a sobrevivir.

“Iván Duque es un títere de del imperialismo estadounidense y los intereses de la Unión Europea”

El 28 de abril se impuso en Colombia un paro nacional para protestar contra la reforma tributaria presentada por el presidente Iván Duque. Dicha propuesta, entre otras cuestiones, proponía establecer un tipo impositivo para rentas bajas (todos aquellos que ingresaran unos 533€ al mes). Las manifestaciones, que se extienden hasta hoy, han sido reprimidas por parte del gobierno con gran contundencia. Hasta el pasado día tres, los muertos ascendían a 26, mientras que se registraron 940 ejemplos de violencia policial, 672 detenciones arbitrarias, 92 casos de violencia física o tortura y 4 agresiones sexuales, por parte de la policía y el ejército. La reforma ha terminado siendo retirada por el presidente

Para terminar, me gustaría tocar un poco contigo la situación que está viviendo Colombia. Tras los altercados, se ha terminado eliminando la reforma tributaria. ¿Es esto una victoria de la movilización pese al coste humano que ha habido?

Por supuesto. El hecho de que se haya echado abajo toda la reforma y que haya renunciado el ministro de Hacienda es una victoria. Ahora bien, el pueblo colombiano está viendo que no se trata solo de una cuestión tributaria, sino que existe una desigualdad estructural que se lleva dando muchísimo tiempo. Esta cuestión fue la que hizo que mi madre me trajera y que yo creciera aquí y no en Cali. La gente está viendo que ahora es el momento de profundizar en el cambio, que el gobierno de Iván Duque ha perdido toda su legitimidad por la represión que ha habido contra personas que solo están pidiendo que haya democracia. Porque la democracia no es solamente votar cada equis tiempo, sino también garantizar los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de la población, y esto no lo está haciendo el gobierno. Por eso el pueblo colombiano está diciendo que no es suficiente y que va a seguir en las calles hasta que de verdad se acabe con la desigualdad y la violencia.

¿Habrá algún tipo de repercusión para él por lo ocurrido?

Todo depende de lo de siempre: la correlación de fuera, cómo resista la gente en las calles y cómo se articulen las alianzas políticas. Al fin y al cabo, Iván Duque es un títere del imperialismo estadounidense y los intereses de la Unión Europea. No lo van a dejar caer tan fácil porque es uno de los defensores de las políticas neoliberales extractivistas que hay en América Latina, forma parte de la correa de transmisión de las desigualdades a nivel global y vela por los intereses de las élites colombianas.

Es mucha la gente que ha criticado, sobre todo por redes sociales, la poca relevancia que se le ha dado en España a esta situación. ¿Por qué crees que ocurre esto?

Porque los medios de comunicación tienen más de medio pie en los intereses económicos que hay en Colombia. Un ejemplo de esto lo encontramos en el PP, donde muchos casos de corrupción se han relacionado con empresas del país. Los medios españoles, en su mayoría, forman parte de conglomerados más grandes que hacen que cada vez que se ocurra algo que no les interesa, lo oculten bajo otras noticias. Si el levantamiento hubiese sido en Venezuela, habría otra cobertura mediática. Pero con Colombia no interesa. 

Nerea De Ara


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