Todas las mujeres negras llevan “carteles”

«Yo aprendí que las personas van a olvidar lo que dijiste, van a olvidar lo que hiciste. Pero nunca van a olvidar cómo las hiciste sentir».

Dra. Maya Angelou
Stephanie Nguyen Lake posa para una foto con estereotipos negativos utilizados para describir a mujeres negras pintadas en su piel.

Cada vez que me presento se hace algún comentario de mi color de piel o de mi pelo, y la misma pregunta: “pero vos no sos de acá ¿no?” Y ahí comienza todo. Durante muchos años lo que hacía era, primero, explicar que soy argentina y  después el desarrollo de mi árbol genealógico. Me preguntaba por qué será que no pueden creer que haya negros argentinos; y un día también me pregunté por qué será que tengo que dar explicaciones todo el tiempo de que soy negra y argentina. 

Llega un punto en el que ser argentina está bien, pero lo que no les cierra es que me autopercibo negra y afroargentina. 

Alice Walker en 1982 utiliza por primera vez el término colorismo, para conceptualizar que cuanto más claro sea el color de la piel de personas afrodescendientes y sus rasgos sean más similares a los patrones de las características de personas europeas, tienen menos chance de sufrir racismo y la posibilidad de acceder a algunos privilegios debido a la tolerancia social. Pero cuanto más oscuro sea su color de piel, más racismo sufrirán y menos posibilidades y oportunidades tendrán. En la teoría colorista, las expresiones “morena” y “mulata” son términos “blanqueantes”, donde se refleja la mayor semejanza con el blanco, y por consecuencia, mayor aceptación. El emblanquecimiento diluye la conciencia y nos aleja de nuestras raíces africanas, ya que de acuerdo con la cadena de privilegios, los afrodescendientes vistos como “casi blancos” no siempre podrían enterarse del racismo social por percibirlo desde otra posición social. 

Estos son los motivos para que esos términos que matizan nuestro color (y quienes somos) sean rechazados por la comunidad negra: todos somos negros, claros u oscuros. Sin la conciencia de nuestra historia, de nuestras necesidades y luchas como colectivo, nos volvemos más débiles y más solas (Mariana Olisa, 2016).

En muchas situaciones que me han dicho “mulata” he podido identificar que la persona se siente menos racista, por no referirse a mí como una persona “negra”. La palabra mulata, especialmente la versión femenina del término, tiene un significado cultural de gran carga racista. Ramos da Silva (2018) hace referencia a los cambios significativos en la terminología de esta palabra, en particular el uso del término femenino, que tiene una fuerte relación con la esclavitud. Los movimientos negros brasileños cuestionan y refutan el uso por dos razones: 1) lingüística: derivación de “mulus”, del latín, actualizada por “mula”, el animal que surge de la cópula de dos razas diferentes: el burro y la yegua, que, en el XVI, se derivó en Hispanoamérica por “mulato” como una analogía con el personaje híbrido del animal, considerado una raza inferior ya que no tiene la posibilidad de reproducción; y 2) cultural: la falsa impresión de democracia racial que existe en el país, asociado con la representación de mujeres negras o mestizas a través del cuerpo blanqueado e hipersexualizado. 

Jaime Leite et.al (2018, p. 231), también hacen referencia al concepto de colorismo, y en su texto comenta lo cuán negra tenés que ser para que seas considerada como tal, dentro de la comunidad negra. Relaciono estas citas con comentarios que recibo frecuentemente como, “pero vos no sos negra, los negros son más oscuros”. En este discurso se puede observar la negación hacia el argentino negro y al racismo encubierto en esta invisibilización. Entonces me pregunto ¿Cuál es el concepto de “ser negro”? 

La postura de que no te puedo decir o llamar negra, ya que es un término clasista/racista es moneda corriente en gran parte de la comunidad argentina. No es menor tomar la historia del país para justificar los conceptos y creencias que son el resultado del no reconocimiento de los negros en Argentina. Esta negación generó un concepto cultural y social de la palabra asociado a actitudes clasistas y discriminatorias, ya que la misma no se utiliza para dirigirse con respeto, reconociendo e identificando un afrodescendiente, sino desde el estigma de ser un “negro de alma”, “un negro de mierda”. 

«Es importante recuperar el vínculo con nuestros saberes, con nuestra raíz, recuperar la espiritualidad y sensibilidad, de esta manera conservaremos nuestra cultura». 

Nidia Góngara

En varias discusiones con compañeros/as y amigos/as, sobre el racismo, me han afirmado que Argentina no es un país racista, lo que varias veces me llevó a preguntarme ¿he sufrido racismo en el país en el que nací? La respuesta es sí. Me han gritado “negra de mierda volvete a tu país”. En esta situación en particular en el año 2014, ya existiendo la institución INADI, me dirigí a la misma para recibir algún tipo de acompañamiento. La respuesta fue que yo, después de haber pasado un momento totalmente incómodo con la agresora, pueda convocar a la misma, para que delante de ellos me pida disculpas. Espero que actualmente esta institución tenga otras herramientas y disponibilidad para acompañar a personas que sufren racismo.

«Dijo que era hermoso aprender de mí y que le estaba costando no ser racista, cuando se lo marqué en diferentes situaciones me trató de exagerada, cuando le volví a marcar su racismo y lo minimizó, minimizó mi palabra, mi discurso, mi lucha y dijo que se iba a ir a leer libros…» 

Jennifer Parker

En otra circunstancia muy similar, esta vez en un ámbito académico, la persona que me discriminó se justificó ante autoridades de la institucion aclarando que no se refería a negro de color, sino a “negro de alma”. ¿Se percibe la línea delgada que existe cuando las personas justifican el racismo con el clasismo? Esto deja en evidencia nuevamente la falta de conocimiento y reconocimiento histórico y cultural, que refleja y trae a flote los conceptos sociales erróneos construidos al respecto de la negritud, consecuencia de la limpieza racial que hubo en Argentina. 


Librería de Afroféminas



Al respecto de la representación de la cultura negra en nuestro país, en algunos sectores se puede ver que personas blancas intentan visibilizar la cultura afrodescendiente argentina. Es un esfuerzo tan interesante como válido, pero lo que hace ruido es que no son las personas negras quienes encabezan esos movimientos. Generalmente son personas blancas con herramientas de conocimiento histórico que están al frente de las luchas por la visibilización de la historia negra Argentina. Por ejemplo, bandas de ritmos africanos, vestimentas y hasta escritos que hablan sobre el racismo. 

Es fundamental que las personas blancas puedan acompañar en diferentes espacios, reconociendo la importancia histórica negra e indígena que atraviesa al pueblo argentino. Pero más importante todavía es poder entender que deben permitir que las personas negras e indígenas ocupen sus espacios en la sociedad, sabiendo que los espacios culturales y literarios son claves para que se habilite la visibilización, y puedan contar su propia historia y cultura. Resulta difícil de comprender cómo se puede hablar de una cultura donde las personas que deberían ser protagonistas no tienen voz. 

«Soy una feminista negra. Quiero decir, reconozco que mi poder, así como mis opresiones primarias, son el resultado de mi negritud y de mi condición de mujer y, por lo tanto, mis luchas en ambos frentes son inseparables».

Audre Lorde

En la marcha del 8M en Santa Fe Capital  del 2020, participé una vez más. Pero esta vez el cartel que hice me representaba aún más. El mismo decía: “Soy negra en la piel, en el alma, en la voz y en la lucha”. Al momento que llegué a la plaza una de mis compañeras miró el cartel y se rió. Este acto fue muy ofensivo para mí. No pude identificar lo que le causó gracia, pero sí pude identificar el efecto que esa actitud tuvo en mí. 

Una mujer negra en cualquier parte del mundo, no es sólo mujer, sino que es negra; con todo lo que ello conlleva. Pero la mujer blanca eso no lo entiende. Y lo comprobé con la actitud que tuvo mi compañera al reírse de mi cartel. La mujer blanca no necesita llevar un cartel para ser reconocida como mujer blanca. Insisto,  todas las mujeres negras llevan “carteles”,  también la historia de la mujer negra en nuestro país y en el mundo, su militancia es como mujeres y como negras. La sonrisa de mi compañera, estoy segura que estuvo y está en otras caras, cuando miran nuestros “carteles.” Es por eso que el feminismo blanco realmente no puede hablar de inclusión a todas la mujeres, es un feminismo de privilegios, las mujeres afrodescendientes e indígenas lo sabemos muy bien. Le falta mucho al feminismo argentino hegemónico para hablar realmente de inclusión y diversidad. No solo necesitamos que nos acompañen, somos mujeres y negras, necesitamos nuestro lugar y voz. El lugar y voz que históricamente hemos exigido y nos han negado. 

Esto me recuerda a una cita de Nine-Hour Day for Domestic Servants, 1902, en el libro “Mujeres, raza y clase” de Angela Davis (1981) que reproducía una conversación que había mantenido con una amiga feminista a raíz de que ésta le pidiera que firmara una petición. Su contenido estaba dirigido a presionar a los patrones para que proporcionaran asientos a las dependientas.

«Las chicas», dijo, «tienen que estar de pie diez horas al día y me rompe el corazón ver sus rostros fatigados.»

 «Sra. Jones», le dije,«¿cuántas horas al día pasa su criada de pie?»

 «¿Por qué?, no lo sé.» masculló, «supongo que cinco o seis.» 

«¿A qué hora se levanta?.

 «A las seis.» 

«¿Y a qué hora termina por la noche?»

«Oh, creo que sobre las ocho, normalmente.»

«Eso hacen catorce horas … » 

«[ … ] Muchas veces se puede sentar mientras trabaja.»

«¿Haciendo qué? ¿Lavando? ¿Planchando? ¿Barriendo? ¿Haciendo las camas? ¿Cocinando? ¿Lavando los platos? [ … ] Quizá se sienta dos horas en sus comidas y cuando prepara las verduras, y luego tiene una hora por la tarde cuatro días a la semana. Según eso, tu criada está de pie al menos siete horas al día, incluido un plus por subir escaleras. A mí me parece que su caso es más lamentable que el de la dependienta de los almacenes.» 

A mi peticionaria se le pusieron las mejillas coloradas y sus ojos despedían chispas.

«Mi criada siempre tiene el domingo después de la cena.» dijo. 

«Sí, pero la dependienta tiene todo el día del domingo. Por favor, no te vayas hasta que yo haya firmado esa petición. A nadie complacerá tanto como a mí ver que las dependientas tienen la oportunidad de sentarse …» (pág 102). 

Hablemos de igualdad de derechos de todas las mujeres, por el hecho de ser mujeres. bell hooks en su libro “El feminismo es para todo el mundo”, menciona que si las mujeres utilizan su poder de clase o de raza para dominar a otras mujeres, es imposible alcanzar plenamente la sororidad. Mencionando también que la opinión de las mujeres negra: “sabíamos que no podría haber una sororidad real entre mujeres blancas y de color si las blancas no eran capaces de despojarse de su supremacía de raza, si el movimiento feminista no era antiracista”.

Estoy cansada de que estas feministas con miles de seguidores tengan tanta llegada, tantos privilegios, tan pocos labios y tanta mierda para decir, tantos discursos de odio. Estoy cansada de que se defiendan entre ellas cuando llega una persona racializada a decirles algo. Estoy cansada de escucharlas hablar de interseccionalidad sin ninguna intención de aplicarla. Estoy cansada de que crean en la diversidad, cuando la diversidad es blanca. Estoy cansada de que hablen desde su privilegio de poder ir a una universidad y tener un título y hablar con orgullo de libros que no voy a leer porque fueron escritos por personas blancas que nada saben ni intentan aprender de la cultura negra. Estoy cansada de que se las defienda y a mí me nieguen la palabra por haber marcado racismo. Estoy cansada de que me quieran explicar algo que vivo todos los días. (Jennifer Parker, 2019).

Posibilidad, oportunidades, meritocracia… las mujeres negras seguimos luchando por la igualdad de los derechos conquistados por las mujeres, nosotras también colaboramos en ellos. Las mujeres afrodescendientes y afroargentinas estamos codo a codo en la lucha. Queremos nuestra voz propia, no necesitamos que hablen por nosotras, tenemos historia de doble lucha, en situación de doble vulnerabilidad. Cuando Hazel Carby (sin datos) hace referencia a la historia lo deja muy claro:

La hestory de las mujeres negras está entretejida con la de las mujeres blancas pero esto no significa que sean las mismas historias. Tampoco necesitamos que las feministas blancas escriban nuestra hestory por nosotras, pues podemos hacerlo y estamos haciéndolo por nosotras mismas. Sin embargo, cuando ellas escriben su hestory y las llaman historias de mujeres, e ignoran nuestras vidas y niegan su relación con nosotras, ese es el momento en que están actuando dentro de las relaciones racistas y escribiendo así la historia (pág.15).

Todavía quedan rastros de los feminismos hegemónicos, las mujeres negras seguimos militando por nuestro lugar, por el reconocimiento en la lucha constante por nuestros derechos. Unificando la historia del proceso del feminismo, no hay lugar para el reconocimiento de las luchas históricas de otros movimientos feministas que no sea el hegemónico. bell hooks en su libro “Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista” menciona que:

:

A menudo las feministas blancas actúan como si las mujeres negras no supiéramos que existía la opresión sexista hasta que ellas dieron voz al sentimiento feminista. 

Creen que han proporcionado a las mujeres negras “el” análisis y “el” programa de liberación. No entienden, ni siquiera pueden imaginar, que las mujeres negras, así como otros grupos de mujeres que viven cada día en condiciones opresivas, a menudo adquieren conciencia de la política patriarcal a partir de su experiencia vivida, a medida que desarrollan estrategias de resistencia – incluso aunque estas no se dé de forma mantenida u organizada. (2004. pág. 45).

Seguiré acompañando la lucha por la exigencia de la reparación histórica de nuestro país. Seguiré recordando a las personas que soy negra y argentina. 


Bibliografía: 

-Afrodescendiente y Derechos Humanos. Normas, documentos y recomendaciones. (2014). Secretaría de Justicia y Derechos Humanos. Presidencia de la Nación. (1a ed). http://www.jus.gob.ar/media/2452578/publicacion_afrodescendientes_y_derechos_humanos.pdf.

-bell hooks.(2017). El feminismo para todo el mundo. Traficantes de sueños. 

-bell hooks. (2004).  Mujeres negras. Dar forma a la teoria feminista. Traficantes de sueños.

-Davis, Angela. (2da edición). (2005). Mujeres, raza y clase. Akal.

-Djokic Aline. (27 de enero de 2015). Colorismo: o que é, como funciona. Portal Gledeshttps://www.geledes.org.br/colorismo-o-que-e-como-funciona/.

-Jabardo, Mercedes.(2012) Feminismos Negros. Una antología. Traficantes de sueños.

-Leite Junior, Jaime Daniel; Brasil Braga da Costa, Isabelly Regianne; Nunes Farias, Magno. (2018). Terapia ocupacional e população negra: possibilidades para o enfrentamento do racismo e desigualdade racial. Revisbrato vol. 2, (n°. 1). Pág. 231. https://revistas.ufrj.br/index.php/ribto/article/view/12712.

-Olisa, Mariana. Colorismo. Conceptos del feminismo negro. (26 de Agosto de 2016). Afrofeminas. https://afrofeminas.com/2016/08/22/colorismo-conceptos-del-feminismo-negro/.

-Parker Jennifer. (11 de mayo de 2020). Feminismo blanco argentino. Afrofeminas. https://afrofeminas.com/2020/05/11/feminismo-blanco-argentino/.

 -Ramos da Silva, Liliam. (Abril de 2018). Não me chame de mulata: uma reflexão sobre a tradução em literatura afrodescendente no Brasil no par de línguas espanhol-português. Vol.57, (n.1). Pág. 71 – 88. Scielo. https://www.scielo.br/pdf/tla/v57n1/0103-1813-tla-57-01-0071.pdf.


Jamila da Cunha Kessler

Mujer Afroargentina

Lic. en Terapia Ocupacional

instagram: @prettajamila



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