Premios Goya 2021, una ventana hacia las realidades africanas

Este sábado se celebra la 35ª edición de los Premios Goya. En un año en que la pandemia ha obligado a reinventar el arte en todas sus acepciones, el cine no iba a ser menos, generando que las estatuillas con la cara del reconocido pintor vayan acompañadas de mascarillas, intervenciones virtuales y distancia en una noche que invita al abrazo. Pero esta no es la única novedad que trae 2021: es la primera vez en la historia de los galardones donde mayor influencia del continente africano existe entre los trabajos candidatos y nominados, tanto en los argumentos como en los escenarios de rodaje.

Entre las propuestas finalmente nominadas, encontramos cuatro producciones que han sido ambientadas en África. Entre ellas, quizá la más relevante sea Adú, del director Salvador Calvo, que se erige como la favorita de este año contando con trece nominaciones, entre las que destacan mejor película, dirección y guion original. El filme nos introduce de lleno en una cruda realidad que no parece dejar de copar las cabeceras: Adú es un niño camerunés que intenta llegar a Europa junto a su hermana Alika, con todas las dificultades que eso conlleva. A lo largo del viaje, su historia conectará con la de un activista español que lucha contra la caza furtiva de elefantes en el continente y sus problemas con su hija. Y, también, con la de varios policías encargados de controlar la valla de Melilla. 

Dicha mezcla de tramas, según ha explicado el cineasta en una entrevista con los 40, intentan que cada espectador reflexione sobre cómo de grandes son nuestros problemas respecto a los de personas como Adú. “Nos parecía interesante no estigmatizar solo África como un continente en el que ocurren desgracias, sino contar también el viaje inverso de unos europeos que necesitan África para algo”, explica Calvo. 

Por su parte, el thriller Black Beach aspira a seis premios. Bajo la batuta de Esteban Crespo, se presenta la historia de un alto ejecutivo que recibe el encargo de mediar en el secuestro del ingeniero de una petrolera americana en África. Tal y como ha expuesto su director, la película está situada en una cárcel ficticia de Guinea, pero ha sido rodada entre Ghana, Canarias, Madrid y Toledo. 

Raúl Arévalo en Black Beach

El hecho de situarla en una prisión no es casualidad, ya que como ha comentado el cineasta, tras haber vivido un tiempo en África afloran en su mente dudas que ha volcado en la creación de la película. “Me pregunto qué habrá sido de los amigos que tuve ahí hace muchos años y veo que algunos han pasado por cárceles, otros han muerto…, y te das cuenta de que es una realidad muy distinta a la tuya. Black Beach es una reflexión de cómo nos implicamos ante las injusticias que están ocurriendo”, expone Crespo en unas declaraciones para la web Actúa Aragón.

Ambas creaciones, además, tienen en común el hecho de contar con actores de origen africano entre su elenco. En el caso de Adú, su protagonista Moustapha Oumarou es de origen beninés y en Black Beach, encontramos otros intérpretes autóctonos como Emilio Buale (Guinea Ecuatorial), Bella Agossou (Benín) o Babou Cham (Gambia).

Pero las historias sobre el continente no solo están presentes en la ficción. Cartas mojadas, el documental dirigido por Paula Palacios con Isabel Coixet como productora asociada, se erige como firme candidato al galardón en la categoría de Mejor película documental. A través de las cartas escritas de las madres a los hijos que emigran, esta crónica audiovisual acompaña al barco de salvamento de la ONG Open Arms en una operación de rescate en un naufragio de 550 personas. Además de esto, también nos coloca frente al día a día de las discriminaciones que sufren los inmigrantes en París y nos muestra la realidad a la que se enfrentan los libios que intentan escapar de la miseria del país y son frenados, torturados y devueltos por los guardacostas. Pese a que la propuesta no abandona los tintes propios del drama ficcionado, las vivencias de sus protagonistas son muy reales.

Fotograma del documental Cartas mojadas

Finalmente, Solo son peces opta a la estatuilla de Mejor corto documental, a través de la historia de Telsem, Dehba y Jadija. Las mujeres trabajan en una piscifactoría en los campamentos de población refugiada saharaui en Argelia, en pleno desierto y lejos de su hogar. El trabajo, dirigido por Ana Serna y Paula Iglesias, abre una ventana hacia otra de las realidades existentes en el continente. 

Fotograma del documental Solo son peces

Frente a todas las propuestas, Mane Cisneros, directora del Festival de Cine Africano (que celebra su próxima edición entre el 28 de mayo y el 6 de junio) espera que “estos Goya animen a la industria española a contar más con África, no solo a nivel de producciones propias sino a través de la coproducción”, un tema que en nuestro país sigue pendiente.

África como escenario

Este despliegue de nominaciones para las creaciones relacionadas con el mundo africano hace evidente que el interés, no solo de la Academia, sino de los directores y productores españoles en la temática. Dicha predilección ha aumentado a lo largo de estos años, hasta conseguir colocar las películas entre las nominadas (y probablemente, grandes galardonadas) de la historia de los Premios. Según Mane Cisneros, esto surge como consecuencia de la internacionalización del cine español, que “ha llegado con retraso” respecto a otros países de Europa. “Antes de llegar a esto teníamos que hacer un repaso a la larga lista de estereotipos que nos confundían y posicionaban con miedo, desconfianza y, sobre todo, con desconocimiento ante las realidades del continente vecino”, comenta.

Pese a que resulta obvio que los cineastas cada vez se encuentran más cómodos realizando este tipo de proyectos, el proceso de maduración no está finalizado: “No todo está conseguido, pero creo que los españoles en general y la industria cinematográfica en particular estamos teniendo una relación menos conflictiva con respecto a África. De ahí que el continente empiece a ser considerado no solo como una fuente de historias, sino como un lugar para contarlas y rodarlas”, subraya Cisneros.

Raúl de la Fuente también cuenta con experiencia tanto en las grabaciones en el continente como en los Premios. Dos de sus producciones, Virgen negra (rodada en Mozambique) y El infierno (Sierra Leona) han sido nominadas a la categoría de Mejor corto documental. Respecto a esta nueva apertura de miras de los productores españoles hacia África, de la Fuente expone que el camino no será fácil: “Cada vez lo tendremos más difícil porque creo que el cine africano lo tienen que contar los propios africanos”, comentó en unas declaraciones para El País.

Cisneros, por su parte, no comparte esta opinión. Pese a que está de acuerdo en que los africanos son los primeros que “deben coger la cámara para hablar de sí mismos”, considera que no debemos caer en la ghetoización y relegarlos a ser los únicos capacitados para contar sus historias: “No metamos a África en una preciosa caja de cristal, dejemos simplemente que los cineastas africanos hagan lo que deseen y paremos de interferir constantemente en sus asuntos”, expone la directora.

Nerea de Ara



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