Hablemos de etnias, no de “razas”

Si algo tengo claro son dos cosas: la primera, que el lenguaje confirma realidades; y la segunda, que como mismo las confirma, también las destruye y las reconstruye. Por eso, veo necesario hacer hincapié en la manera de comunicarnos, pues curiosamente, somos las personas que pertenecemos a grupos oprimidos, las que peor terminamos paradas. Y es que, aunque no lo parezca, los términos, las expresiones y la tonalidad con la que nos dirigimos al mundo, pueden llegar a convertirse en un arma de fuego que daña directamente a ciertas comunidades.

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