Blues, Reggaetón y Apropiación Cultural

La música popular normalmente surge como parte de la cultura de una sociedad. Cada vez que la parte dominante de una sociedad es testigo del cambio en la preferencia cultural de la mayoría de las personas, especialmente en la música, la reacción inicial es el rechazo y el estigma.

Karol G

No obstante, y si el lector ha pasado algún tiempo en las redes sociales, es posible encontrarse con el término “apropiación cultural”. Aunque este término se ha popularizado recientemente, el fenómeno de la apropiación cultural ha ocurrido desde hace mucho tiempo, como se puede observar en la sociedad estadounidense de la primera mitad del siglo XX. De manera similar y recientemente, un género musical latinoamericano proveniente del Caribe hispano ha experimentado el mismo fenómeno de apropiación cultural. Me refiero, por supuesto, al reggaetón, un género musical que se originó en Puerto Rico a mitad de la década de los 90, se desarrolló en la mitad de la década del 2000 y se ha convertido en el esquema rítmico que modela la música pop latinoamericana actual; esto último a partir de su salto a la fama mundial con Despacito de Luis Fonsi y Daddy Yankee en 2017.

En el presente articulo busco resumir el fenómeno de la apropiación cultural en ambos géneros, de acuerdo con su contexto cultural, e intento mostrar el paralelismo del fenómeno repitiéndose casi un siglo después en una cultura distinta.

En primer lugar, es necesario establecer que es la apropiación cultural. Como mencioné anteriormente, las redes sociales están inundadas actualmente con acusaciones constantes de apropiación cultural, desde personas caucásicas de a pie practicando yoga hasta Lady Gaga utilizando una Burka en una presentación. Sin embargo, es importante prestar atención a qué es y qué no es apropiación cultural, debido a que este fenómeno encarna el interés político multicultural actual.

La apropiación cultural se puede definir como el acto de parte de algún miembro de una cultura burlándose y rechazando otra cultura, mientras se beneficia y se apropia de ella a la vez.[1]

Algunas personas discuten que el mero hecho de consumir una cultura no debe ser controlado. Otros consideran la apropiación cultural como un extremo de la corrección política, alegando que los grupos minoritarios que hacen estas acusaciones realmente están trabajando en detrimento del multiculturalismo y que deberían adaptarse a la cultura dominante y preocuparse por las desigualdades económicas que experimentan, en lugar de ser quisquillosos y ofenderse por la representación inadecuada de sus culturas.

Sin embargo, el problema de la apropiación cultural viene precisamente desde esta desigualdad económica, ya que la apropiación cultural ocurre de manera más frecuente cuando se apropia el contenido. En este sentido, cuando los miembros de la cultura dominante utilizan símbolos culturales y prácticas de otra cultura como si fueran suyas y se benefician de ellas económicamente más que las personas cuya cultura ha sido apropiada. Un ejemplo sobre esto es Eminem en White America, cuando dice ‘if I was black I would’ve sold half’ (si fuera negro habria vendido la mitad)[2]

Asimismo, en los Estados Unidos se podría argumentar que, ya que es un solo país, dicha apropiación no puede ocurrir. Es importante notar, sin embargo, cómo la segregación racial ha definido la sociedad estadounidense en la primera mitad del siglo XX.

En este sentido, se hace necesario entender que es el racismo, para evitar el uso inadecuado del término. Una doctrina racista entiende que existen “razas” que utilizan rasgos transmitidos genéticamente para clasificar y hacer distinciones morales de diversos grupos de personas. Biológicamente, sin embargo, no existe diferencia genética significativa entre “razas” para considerar estas clasificaciones como científicamente validas. Por lo tanto, la raza es un constructo social.[3]

El filósofo Joel Rudinow, en su artículo «Can White People Sing the Blues», explica cómo el Blues le pertenece a la comunidad afroamericana y cómo, luego de que logró ser reconocido en la industria musical de su época y apreciado por la sociedad estadounidense, los artistas blancos lo “robaron” y se beneficiaron económicamente del género, aunque lo tocaban de una forma poco auténtica. Los críticos musicales afroamericanos afirmaban que, estéticamente, los artistas blancos no podían tocar Blues tan auténticamente como los artistas negros de Blues. Los elementos estéticos que hicieron que el Blues se volviera popular y que le daban el “feeling” fueron copiados y representados inadecuadamente por los cantantes blancos, en lo que Amiri Baraka llamo el Great Music Robbery o el “Gran Robo de la Música”. Rudinow explica cómo el concepto de propiedad intelectual de la industria musical derriba la idea del Blues como propiedad de la cultura afroamericana, porque simplifica la conversación y la reduce a que “legalmente, no se puede ser dueño de todas las canciones de Blues”.


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Sin embargo, uno de los argumentos más importantes a favor del concepto del “Gran Robo de la música” es el del acceso a la experiencia. Las letras de los cantantes de Blues afroamericanos cuentan la dura experiencia de la desigualdad racial, en ocasiones incluso burlándose de sus jefes blancos. Esto hace notar la hipocresía de los cantantes blancos al tomar un género musical utilizado para quejarse acerca de ellos o de sus ancestros por dinero solo para alcanzar el gusto popular.

Con todo lo expuesto, se podría pensar que unas prácticas culturales tan rancias se quedarían en el pasado y que la sociedad y la industria musical evolucionarían. Sin embargo, en América Latina las disparidades raciales están tan enraizadas en las sociedades de sus distintos países y tan desdibujadas por el discurso dominante que existe muy poca sensibilidad hacia los problemas de desigualdad racial por la mayoría de las personas.

En este sentido, y con este contexto podemos comenzar a hablar sobre el reggaetón. El reggaetón es un género musical urbano que se originó en los barrios de clase baja de Puerto Rico en la década de los 90, como una forma de imitar a los raperos afroamericanos, experimentando con pistas de reggae. Los artistas de reggaetón rapeaban sobre la vida en el barrio, además de como lograban el éxito por encima de los demás. Junto al reggae en español panameño, cuyo líder era un artista negro, El General, en los 90, esta música urbana en español siguió creciendo en la escena musical underground del Caribe hispanohablante. En 2004 logró reconocimiento internacional cuando Daddy Yankee, un reggaetonero puertorriqueño blanco fue nominado a un premio Grammy Latino por su hit Gasolina. Sin embargo, la ceremonia siempre ha tenido una relación complicada con este género.[4]

En la actualidad, los artistas más rentables de este género son reggaetoneros colombianos blancos, como J Balvin y Karol G, junto al puertorriqueño blanco, quien fuera originalmente cantante de trap, Bad Bunny. Como se puede ver, la cultura de estas personas no tiene mucho que ver con los orígenes del reggaetón, que, aunque Daddy Yankee fue su estrella más grande, tuvo sus mejores (y más talentosos) representantes de la mano de artistas negros como los puertorriqueños Tego Calderón y Don Omar.

Los patrones rítmicos del reggaetón tienen su origen en la música africana, al igual que otros géneros musicales latinoamericanos. Sin embargo, ante el ojo público, los mundialmente conocidos artistas del reggaetón actual, J Balvin y Karol G realizaron afirmaciones sumamente superficiales y en algunos casos irrespetuosas acerca del movimiento Black Lives Matter, cuando ocurrió el asesinato de George Floyd en el año 2020. La crítica afrolatina, Katelina Eccleston, denunció y explicó que, aún cuando el reconocimiento mundial del reguetón (siendo este un género musical esencialmente negro) es algo positivo, es necesario destacar sus orígenes negros difundiendo a los artistas negros del reggaetón y brindándoles más espacio. Eccleston afirma que “si se observa la empleomanía y el talento en todos los niveles de la industria, hace falta mucha diversidad. Esto influye directamente la toma de decisiones”.

Aun cuando Bad Bunny, el artista puertorriqueño de reggaetón más popular del mundo actual, logró presentarse con Jennifer López y Shakira en el Super Bowl de 2019, fue muy claro ver como esta representación del reggaetón fue una muy white-washed y fue apropiación cultural. En un género musical negro y comercialmente exitoso, es una sorpresa y un deleite para los fanáticos del reggaetón ver a un artista negro de reggaetón como Sech, de Panamá, prosperando en medio de todos los artistas blancos más populares en el mercado.[5]

Alguien que creció con las canciones “tradicionales” de reggaetón que contaban los problemas de la clase baja de Puerto Rico y las desigualdades a las que se enfrentaban, así como la exageración del machismo y la masculinidad como una forma de demostrar que ahora eran “poderosos”, se puede preguntar, así como se preguntaban los críticos afroamericanos de mitad del siglo XX: ¿pueden los artistas pop blancos, como J Balvin o Rosalía[6], realmente cantar reggaetón?

Como se ha podido ver en la nota anterior de Eccleston, la industria de la música favorece a los artistas blanco-mestizos, aun cuando su interpretación de un género negro no es tan auténtica como la de artistas negros como Tego Calderón. La suavización de las letras y de las pistas en el actual “pop urbano” latinoamericanos es prueba del robo y el white-washing que ha experimentado este género.

El género que era conocido en países como México, Argentina y Colombia como vulgar y de clase baja es ahora el que más vende en estos países. El hecho de que J Balvin y Bad Bunny son los artistas latinoamericanos más exitosos comercialmente y los representantes mundiales del “pop urbano” latinoamericano definitivamente no es una coincidencia, y se puede ver claramente cómo esto ha sido resultado de la apropiación cultural.


[1] Lenard, Patti Tamara, and Peter Balint. “What Is (the Wrong of) Cultural Appropriation?” Ethnicities 20, no. 2 (Abril 2020): 331–52. https://doi.org/10.1177/1468796819866498.

[2] Ibid

[3] Joel Rudinow. “Race, Ethnicity, Expressive Authenticity: Can White People Sing the Blues?” The Journal of Aesthetics and Art Criticism 52, no. 1 (1994): 127–37. https://doi.org/10.2307/431591.

[4] Bethonie Butler, “Reggaeton needed a racial reckoning. Afro-Latinos are leading it.” Washington Post, November 23, 2020, https://www.washingtonpost.com/arts-entertainment/2020/11/23/reggaeton-afro-latin-grammys/

[5] Ibid.

[6] Haciendo referencia a su hit “Con Altura”, que actualmente sobrepasa más de mil millones de vistas en YouTube y que se lanzó cuando Rosalía no era tan popular fuera de su país, España.


Melanie Rodríguez

Flautista, psicóloga e investigadora dominicana radicada actualmente en Estados Unidos, que se interesa por el análisis interseccional de la cultura y la ciencia y suele compartir sus opiniones y análisis personales sobre música en Twitter e Instagram como @melaniejrd .


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