El corazón de África

El corazón de África
Foto de Rawpixel Ltd

Mi nombre es tierra y he estado aquí durante mucho tiempo y he visto grandes sucesos que han acontecido: Historias de amor, bondad y felicidad, veo cada día el milagro de la vida nacer de mi simiente. 

Desde el principio de los tiempos mi creador hizo todo perfecto, vi maravillas emerger de mí, hermosos seres me llenaron con un líder que los señoreaba llamado hombre, el cual se reprodujo en toda mi extensión, siendo todos una sola raza y una sola sangre en hermosos variantes y tonos. 

Pude ver como se fueron olvidando de que eran hermanos, de que provenían del mismo Padre y el corazón de algunos se fue llenando de soberbia, trataron a sus hermanos con desprecio llegando a clasificarse a ellos mismos según su entendimiento, según su deseo y según su maldad. 

Hoy les voy a contar la historia de un pequeño ser que nació con el sol pero con la belleza de la noche, con unos grandes y brillantes ojos oscuros que reflejaban el mar, con el cabello más rizado que jamás he visto , con una boca ancha, grande y hermosa y con la piel negra, brillante y perfecta. Era una niña con una belleza muy grande pues había sacado los encantos de su madre quien la recibió con el corazón abierto, era una mujer generosa, amorosa y trabajadora llamada Alika. 

La niña fue creciendo conforme a sus años y aunque a veces tenían mucha carencia ellos no perdían su alegría, tenían una buena vida, amaban su tierra y se amaban entre sí. 

Hasta que un día llegaron con las olas desde muy lejos hombres que saqueaban las tierras y se adueñaban de las riquezas, menospreciando la vida de sus hermanos y sintiéndose superiores como si tuvieran el poder de Dios en sus manos, llevaron a los más jóvenes con ellos, los arrebataron de sus hogares y a los mayores les quitaron la vida. 

Ella y sus hermanos fueron llevados en barcos por el altamar, por largos días la niña se sentía triste recordando a sus padres que habían asesinado al momento de llevársela, dentro del barco también fue separada de sus hermanos pues la iban a llevar a un lugar diferente al de ellos. Un día el barco se detuvo y la niña vio como bajaban a sus hermanos y cuando los bajaron, el barco volvió a partir, después de ver eso ella se devasto aún más porque ya no tenía familia. 

Luego de muchos días el barco volvió a parar, e hicieron que todos bajaran, estando ya abajo vio como forzaban a la gente a trabajar golpeándolos y gritándoles, cuando lo vio tuvo miedo. Luego se la llevaron a un campo para que trabajara y allí conoció a una niña llamada Kenia que provenía del mismo lugar que ella pero de otra tribu, ella vivía siempre con miedo y ya no era feliz como antes siempre trataba de ser la mejor en todo el trabajo que hacía esperando que en un futuro eso le ayudara a que la pudieran liberar. 

Ella y Kenia hablaban por las noches sobre lo que harían si fueran libres o como eran sus vidas antes. Entonces ella empezó a llamarse a sí misma África por el lugar de donde venía y lo que fue, aun con la pena comenzó a amar esa tierra que con tanto esfuerzo trabajaba, la abundancia de esos campos. Se dio cuenta que al mirar al cielo de noche veía las mismas estrellas y a la misma luna que conoció cuando era niña. 

Mientras ella trabajaba veía a una niña blanca como la leche con cabellos amarillos como los girasoles que crecían en el campo y con ojos azules como el cielo, parecían tan diferentes, pero en ambos cuerpos el corazón latía de las misma manera y la sangre era del mismo color, aunque aquella niña era tratada con delicadeza mientras que África tenía que trabajar con los rayos del sol y así pasaban sus días. 

Mientras trabajaba solía cantar las canciones de su tierra para recordar a sus padres, ella nunca perdió su esperanza ni su forma de ser, buscaba encontrar motivos de alegría aun en cosas pequeñas, para aferrase a la vida. En la gente con la que trabajaba encontró una familia y en su amiga Kenia una hermana, las dos habían vivido casi lo mismo pues las habían arrebatado de su hogar cuando solo tenían 10 años. Pasaron tantos días juntas hasta que un día recibió una noticia que la hizo sentir triste: Kenia había sido vendida como esposa, aunque su futuro parecía esperanzador, pues cuando el hombre la conoció le prometió que no la lastimaría y que nunca volvería a trabajar en el campo, cuando oyó todo esto África se soltó en lágrimas y se despidió de su amiga. 

Pasaron los días y el trabajo, el sol y el abandono seguían igual, entonces mucha gente comenzó a enfermar, tenían fiebre y vómito, muchos lograban superar la enfermedad y otros no. África comenzó a enfermar y estando en cama con tanta fiebre recordaba a su madre más que nunca, a su tierra y a su amiga. Su cuerpo no podía más, entonces cuando ya agonizaba vio a sus padres y quiso ir hacía ellos, dejo su cuerpo y tomando la mano de su creador se reencontraron en un abrazo. 

Su paso por la vida fue muy corto y para muchos no importante, ella es una de las muchas víctimas de la esclavitud y el racismo que he visto pasar por mí a lo largo de los años, he sentido su sufrimiento y he llorado con ellos. 

Espero un futuro donde recuerden que son hermanos, una misma raza y que provenimos del mismo Dios. 


Karla Sofía Rojas Gómez

12 años. Primero de secundaria. Me reconozco afromexicana y va más allá de mi color de piel y mi cabello, desde muy pequeña conozco mis raíces, y estoy orgullosa de ellas, como lo estuvo mi abuelo.


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