10 sugerencias para educar de manera diferente a los varones de ahora en adelante

10 sugerencias para educar de manera diferente a los varones de ahora en adelante

Dedico este artículo a mi amiga: Zulma Mira, una doctora increíble.

Constantemente vemos un bombardeo mediático alrededor de las expectativas y los estereotipos que los chicos deben cumplir. Tanto, que los agentes socializadores se encargan de transmitir ese mensaje generacionalmente cargado de prejuicios desde la infancia tanto a niñas como a niños, que por supuesto se socializan de manera opuesta o muy antagónica. Es decir, los chicos son socializados de una manera y las chicas de otra. Decidí retomar esta idea de un libro muy hermoso -que acabo de leer- denominado Dear Ijeawele, or a Feminist Manifesto in Fifteen Suggestions, en el cual su autora Chimamanda Adichie hace a su amiga Ijeawele algunas sugerencias muy precisas sobre cómo educar a su hija, lejos de las ataduras de los roles y expectativas de género; así que esta es una pequeña guía para que los padres se involucren en que los chicos se alejen de la masculinidad tóxica y hegemónica.

  1. Enseñémosle a respetar. Muy básico. Cualquiera podría decir ‘eso deberían enseñárselo a las niñas también’, sin embargo los golpes de realidad son duros y nos arrojan hacia los hechos concretos. Los chicos, en su afán por demostrar la masculinidad se ven sometidos al escrutinio de los agentes socializadores; las presiones de grupo constantemente relacionan la masculinidad con la falta de respeto, con la violencia. ¿Qué diferencia habría en el mundo si les mostrásemos a los chicos que respetar, lejos de ser una debilidad, es una grandiosa cualidad? Enseñándole a los chicos que el respeto es una norma básica no traería sólo beneficios para ellos, es decir, no sólo no se meterían en problemas; su entorno notaría las diferencias. Por ejemplo, las mujeres podrían caminar tranquilamente en las calles, dejarían de ser acosadas en sus trabajos, su palabra sería tomada con seriedad y respeto, sabrían que un no es un no, entre muchos más beneficios.             
  2. Involucrémosle en las labores de casa. Borremos de nuestro léxico la palabra ‘ayudar’ cuando se trate de estas actividades porque los chicos y hombres no están ayudando; ellos viven ahí, se alimentan ahí y sus necesidades más básicas son satisfechas en ese entorno; por lo tanto, es parte de su responsabilidad el autocuido. La responsabilidad es un valor muy importante. Además, con ello se les da herramientas para un futuro al que muy frecuentemente pueden enfrentarse sin esas habilidades. ¡Todos los hombres deberíamos saber alimentarnos a nosotros mismos mínimamente! Y si deciden tener una familia como la que conocemos tradicionalmente, ellos también deberían ser parte de la educación de sus hijas e hijos.                                                                                                                                                 
  3. Tienen sentimientos y emociones y necesitan ser expresados. Constantemente la masculinidad hegemónica dicta que los chicos deben borrar de su esquema de conducta el mostrar sus sentimientos o emociones. Es prohibido para ellos llorar o expresarle al resto lo que sienten, incluso si es un sentimiento tan lindo como el amor. Con ello se crean personalidades retraídas, volviéndose parte –incluso- del juicio hacia otros chicos; ésto puede traer problemas severos hacia su salud, que en su afán de no mostrar tal ‘debilidad’ les deshumaniza. Crea hombres que ni siquiera les gusta ir al médico.                                                                                                   
  4. Enseñémosle a los chicos que las mujeres son personas. Constantemente los agentes socializadores deshumanizan y cosifican a las mujeres utilizándolas para el consumo masculino heterosexual. Se cree que las chicas existen para satisfacerles y que sus metas de vida serán el matrimonio y la maternidad; contrario a ello, debe enseñarse a los chicos que las chicas existen para sí, que son independientes y que no necesitan un hombre para alcanzar su felicidad. Los chicos no deberían respetar a las mujeres porque son sus madres, primas, tías o hermanas, sino porque son personas. Consecuentemente entenderán en sus relaciones con éstas, que ellas no les pertenecen.                                                                                                                                
  5. Tratémosles con igualdad. Enseñémosles sobre privilegio; no es difícil.  Los niños a veces entienden cosas que para las personas adultas son complejas; muchas veces porque el prejuicio nos inunda. En un grupo donde existan niños y niñas, lo ideal es que si se van a realizar actividades se entremezclen.                                                           
  6. Que aprendan a cuestionar y analizar; porque sí jamás es una respuesta satisfactoria. Alejemos el dogmatismo y el adoctrinamiento y acerquemos hacia ellos el conocimiento y la ciencia. Es importante que los chicos conozcan su realidad y una de las vías más práctica y objetiva es a través de la ciencia. Las imposiciones y creencias suelen ser dañinas en relación al estilo de vida que decidan adoptar los chicos; en muchas ocasiones el acervo cultural puede tener una amplia carga patriarcal que puede dilucidarse desde la investigación. La búsqueda de respuestas aleja a los chicos del prejuicio.                                                                         
  7. El amor tiene múltiples formas, abracemos con ellos la idea de que el amor está alejado de los mitos y de la toxicidad. Las relaciones violentas tienen una alta carga patriarcal en la que a los hombres se les ha enseñado a ser controladores y celosos; desde esa relación de poder se cometen muchísimas violaciones a los derechos de las mujeres. Aquella idea de pertenencia debe de eliminarse. Por otro lado, también tenemos que mostrarles que el amor heterosexual no es el único que existe y que las demás manifestaciones de amor en la diversidad sexual, aunque no son visibilizadas, siguen siendo válidas.                                                                                           
  8. No existen actividades, colores  o juguetes de niño y de niña. Basta de categorizaciones binarias y absurdas alrededor de la conducta de los chicos y chicas. Un niño que le haga feliz jugar con una cocina, le encante el rosa y sea muy cariñoso con su familia, no debería ser objeto de burlas ni de juicio. Los estereotipos y roles son dañinos.                                                                                               
  9. Respetar a las mujeres también es respetar la lucha por sus derechos. Los chicos deben saber que el feminismo ha sido el único movimiento a través del cual las mujeres han logrado reconocimiento y el lugar que tienen hoy en la sociedad; sin embargo todavía hay mucho por conseguir. Las conquistas de las mujeres han costado vidas y lo siguen haciendo. Los niños deben aprender a respetar profundamente a las mujeres organizadas; esto implica la eliminación de la ridiculización y las burlas. Ha sido el feminismo, además, el que ha reconocido las formas de opresión de la masculinidad hegemónica sobre los hombres y sobre las mujeres; es decir, que son ellas quienes han teorizado sobre la necesidad de un trato digno hacia los hombres. Detengamos la estigmatización y la ridiculización.       
  10. Enseñémosles a enfrentar el rechazo. Recibir un sí por respuesta está bien, recibir un no, también; luego de esta última respuesta, lo demás depende de ellos. Construyamos autoestimas saludables que permitan a los chicos enfrentarse al rechazo sin dañarse o dañar a las demás personas; en razón especial a las mujeres. Quiero referirme en un ejemplo a algo que frecuentemente he visto llamado como friendzone. Chicos, las mujeres no están esperando que ustedes lleguen a sus vidas porque ellas no giran alrededor de la vuestra; de hecho no deberían esperar nada a cambio por ser buenos, así es como deberían de ser y ya; y si lo son para conseguir algo, entonces algo no va bien por ahí. Después de ese rechazo, el resentimiento no debería explotar en múltiples malos deseos hacia ella; ustedes no son ningún soldado caído.

Todas estas sugerencias no son las únicas, hay muchas más que nos permitirán cuestionar la masculinidad hegemónica, que no hace falta decirlo pero lo diré, es por demás dañina y tóxica. Tampoco el orden en el que están escritas significa que una es más importante que otra.

Todavía tengo la ilusión de un mundo de chicos distintos, que hagan la diferencia y que demuestren que la responsabilidad, el respeto y otros valores muy importantes, pueden marcar un hito para el mundo. Muchos abrazos a todas y todos.

 

 

Danny PortilloDanny Portillo

Salvadoreño de 28 años reside en San Slavador. Licenciado en relaciones Internacionales

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