La caballerosidad aquí y allá

hellenLobanov

Allá, siempre me sentí poderosa mientras me abrían una puerta y esperaban a que yo pasara. Llevando tacones, se espera que el chico haga de paje, mirando a la chica bajar por las escaleras siempre con la mano tendida. En mi ciudad, donde todo está lejos, cuando un chico te invita a salir se sobrentiende que te recogerá y te traerá de vuelta hasta la puerta de tu casa.

Por eso, llegando a España, me sorprendieron las maneras de aquí, así como la postura seca de las chicas frente a los cuidados masculinos. Me acuerdo de “flipar” la primera vez que vi una pareja de abuelos con más de 80 años entrando en el edificio, donde el abuelo pasaba por delante sin aguantar la puerta a la abuela que mal caminaba de vieja que estaba. Conté la escena como anécdota a mis amigos durante semanas.

“Es que no me gusta que me vean como mujer”, me comento una vez una amiga blanca de unos veinte pocos años. La frase me dejo en shock, ya que no podría reconocerme a mí misma sin antes reconocerme como mujer. Por cierto, este reconocimiento (y flores, y puertas abiertas e invitaciones a cenar) siempre me hizo sentir más poderosa. Nunca tuve ganas de ser otra cosa sino una mujer, excepto en verano, cuando envidiaba a los chicos jugando en el parque sin camiseta.

Mi amiga, cuando decía que no le gustaba ser vista como mujer quería decir “vista como un objeto”, “vista como inferior”, “vista como débil”. Entre tanto, la mujer negra nunca se vio a ella misma como frágil. Eso se dice lindamente en el discurso de Sojouner Truth, donde cuestiona si acaso no era ella una mujer:

¡Pero a mí nadie me ayuda con los carruajes, ni a pasar sobre los charcos, ni me dejan un sitio mejor!

¿Y acaso no soy yo una mujer?

¡Miradme! ¡Mirad mi brazo! He arado y plantado y cosechado, y ningún hombre podía superarme.

¿Y acaso no soy yo una mujer? (…)”

Las mujeres negras siempre trabajaron, muchas veces cuidando de los hijos completamente solas o amparadas por otras mujeres de la familia.

Crecí en una familia matriarcal, donde mi abuela era el centro del conocimiento y del máximo respeto, ella me cuido para que mi madre pudiera trabajar, y si yo estudié y llegué a algún sitio fue gracias a los esfuerzos de mi madre, la persona más fuerte y trabajadora que conozco. Crecí escuchando de la yaya que debería luchar por mi independencia para nunca tener que aguantar hombre alguno. Por lo tanto, los hombres de mi vida (padre, tíos, abuelos) siempre tuvieron roles periféricos y no de protagonismo.

Crecí sin saber lo que era ser sojuzgada a la vez que socialmente en Brasil la caballerosidad es parte de la educación y de los juegos de seducción, por lo tanto, es necesaria para que los chicos encuentren pareja.

Explicado de donde vine, queda claro que no me suena nada opresor recibir rosas, que me cubran con el paraguas un día de lluvia o que me carguen la maleta si viajamos. Hombre alguno lo hizo “antes” ya que vengo de ex esclavas e indígenas, ambas que hasta hace muy poco buscaban su reconocimiento como mujer. Nunca representamos el papel de ama de casa en un ambiente protegido cuidando exclusivamente de los hijos, donde las caballerosidades empezaron a sonar como hipocresía, ya que no querían ser más vistas como débiles.

We can do it” dijeron las feministas blancas, “nosotras siempre lo hicimos” podría contestar la madre negra que siempre trabajó para la blanca. Por eso, mientras la caballerosidad refuerza mis colores y valor como mujer, a una feminista blanca le puede reforzar la idea de que los hombres las tratan como seres débiles y discapacitados.

Viviendo en el extranjero en un país donde más del 90% de la población es blanca y donde las mujeres luchan por la igualdad a la manera occidental, quizás no todos interpreten bien cuando salimos del súper mi marido y yo y sólo el carga la compra. “Las mujeres latinas pueden ser unas aprovechadas” podrían pensar.

Ver la portada siempre será más fácil que leer el libro, diría yo.

marianaOlisaFoto_Afroféminas_ColaboradoraAutora: Mariana Olisa

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Foto Portada:  Hellen Lobanov

 

 

6 comentarios en “La caballerosidad aquí y allá

  1. Yo soy gallega (supuestamente latina, como dices), pertenezco a la perifería de España y aquí las mujeres blancas, nuestras abuelas, trabajaron plantando y cosechando la tierra con su “sacho” (muchas no tenían ni arado) bajo la lluvia o bajo el sol para arrancar unas patatas que dar de comer a sus hijos luego iban a casa y cocinaban mientras su marido estaba sentado esperando la comida. Hubo otras, como Arenal, una pionera feminista, que iba a las cárceles y logró dignificar la vida de las presas. Todas lucharon por sus derechos y llevaron hacia adelante su vida dura al igual que esas mujeres de las que tu hablas. Muchas de ellas son viejecitas que aún están vivas y algunas de sus nietas siguen haciendo cosas parecidas a las de sus abuelitas solo que hoy son “emprendedoras” en las que trabajan la tierra y cuidan sus animales para que luego vengan situaciones económicas que las llevan a la ruina

  2. Interesante artículo, ahora, tengo que decir que mi madre no es negra pero también “siempre lo hizo” como lo hizo mi abuela y como sigo trabajando yo para pagarme los estudios. Las mujeres de mi contexto también “siempre trabajaron muchas veces cuidando de los hijos completamente solas…” creo que es una cuestión de clase más que de raza. Mi madre es la madre blanca que trabaja para otra blanca, pero que la explota igual que le explotan a la madre blanca de la que hablas. Soy feminista blanca y también considero que las mujeres de clase trabajadora “siempre lo hicimos”. Y aún así sigo sin entender que la igualdad (entre negra y blanca) pase por qué te abran la puerta para entrar, que te reconozcan como mujer y lo hagan. Para mi el poder significa que me paguen lo mismo por el mismo trabajo que hace mi compañero, o que los trabajos de reproducción sean reconocidos. Y no me gusta que me abran la puerta porque detrás de esa acción están implícitas connotaciones machistas que aún que me reconozcan como mujer, no me reconocen como persona en igualdad de condiciones para abrir una puerta, por ejemplo.

    • totalmente de acuerdo, añadiría cuidados de reproducción y cuidados compartidos! no me vale que me los reconozcan, me vale que mi pareja se implique, para que yo haga otra cosa que no sea trabajar, que digo yo que también tenemos derecho al ocio no? ;*

    • Efectivamente… una cosa es la explotación de clase y otra la de raza y aún otra la de sexo ( y las mujeres como colectivo siempre han sido tratadas como una clase inferior y como una raza inferior, por eso se suele decir que las discriminaciones se suman y por eso estaría más discriminada una mujer negra que una blanca pero eso no significa que la blanca por muy de clase alta que sea no lo esté; ¿cuantas de clase alta en realidad dependían y dependen económicamente de sus maridos que son los que tiene el dinero y las propiedades? – y deciden si se lo dan a ellas o no-, ¿cuántas de clase alta que al cabo de un tiempo se quedan en la calle porque las sustituyen por otras más jóvenes?. Como decía Virginia Woolf… las mujeres son pobres. Como sabemos hoy, la pobreza tiene sexo femenino porque quien controla el capital a nivel mundial es el colectivo de los hombres.

      Y comparto contigo que el que te traten a veces como “una reina” o “una princesa” lo que hace es no reconocerte en igualdad, como persona.
      Como la “caballerosidad” es algo que corresponde a los hombres y no a las mujeres,puede ser el síntoma de un reparto de roles y el reparto de roles ya se sabe… se suele hacer para dejarle el peor papel (rol) a las mujeres. Yo en vez de “caballerosidad” prefiero “amabilidad” -porque el término no se refiere a “caballero” y porque caballero es algo que a mi, como mujer, no me permiten ser-. Por último, Simone de Beauvoir, una filósofa francesa que es una referencia para el feminismo, al menos para el blanco occidental, dijo algo así que a las mujeres siempre se las llevó a los altares como vírgenes y se las vilependio como prostitutas en los bajos fondos y que estos dos polos opuestos lo que trataban es de evitar tratarlas como seres humanos completos con derecho a ocupar todos los papeles sociales. Respecto a los tacones… en fin soy muy vieja ya… era joven cuando el feminismo de segunda ola, allá por los setenta, de una época en que andábamos con zapato plano para poder saltar y correr y evitar dolores de espalda. A las chinas se les vendaban los pies para que no saliesen corriendo y no puedo entender que voluntariamente decidáis maltratar vuestros pies y espalda al andar con tacones, a lo mejor no lo decidís sino que os lo deciden pues en mi época se decidía que nadie anduviese con tacones y en mi opinión mejor sería que colectivamente dijeseis que os pondréis tacones cuando también se los pongan ellos -porque que son incómodos, está claro desde el momento en que al tiempo lleváis en el bolso unas zapatillas para cuando ya no podéis más o vais descalzas como ya he visto yo a más de una chica de noche por la calle

  3. Soy blanca, y siempre a la hora de buscar pareja, intento encontrar uno que sea “caballeroso”, que me sostenga la puerta y me de flores y todo lo demás que tenemos en nuestra concepción de lo que es la caballerosidad. Como también conozco mujeres negras que se dejan golpear de su marido, que no les gusta un caballeroso y son perezosas a la hora de trabajar. Creo que no hay que generalizar demasiado, cosa que tú haces bastante en el artículo. Pero tienes razón lo que sucede en España y el resto de Europa, y no es porque las mujeres no se reconozcan como tales, sino porque simplemente así es su cultura, las personas europeas tienen fama de ser frías y poco cariñosas, obviomente no todos, pero sí la mayoría. Nunca he ido a Europa, per tengo demasiados amigos y amigas europeas y otros más que han visitado el antiguo continente.

  4. El feminismo negro, así como el descolonial (ambos representados por la 3ª ola del feminismo) viene a reinterpretar el proprio feminismo y cuestionarlo de puntos de vista distintos.
    Necesitaba con el texto validar un sentimiento común entre muchas amigas feministas negras, un sentimiento (y necesidad) que no recibe respaldo del feminismo occidental, pero que existe y es genuino dentro de nuestra historia.
    No me molesta en absoluto que mujeres blancas no estén de acuerdo con la reflexión, ya que este texto no es para vosotras. Ese texto tiene como protagonista una mujer sudamericana proveniente de una familia matriarcal y tiene el intuito de despertar el lector para otras interpretaciones de empoderamiento, de acuerdo con la cultura y características de cada una.
    Si para algunas la caballerosidad debe ser suprimida en nombre de la igualdad, es porque este fue un concepto aprendido dentro de determinadas circunstancias. Entretanto, también debe ser aprendido que existen mujeres que piensan y viven en universos distintos y ni todas esperan por la “salvación” moldeada pelo feminismo blanco tradicional. La diversidad hay de ser respetada, así como nuestras voces, lentes de mirada y como se dice en li lengua madre, nuestro “lugar de fala” tambien debe ser respetado. No seremos silenciadas y tampoco necesitamos de portavoces hegemónicos que provocan la invisibilización de los puntos de vistas distintos de las mujeres en menor escala de privilegio.

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