Humor negro

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Zamata Sasheer, la primera mujer negra en Saturday Nigth Live

Muchos medios se han hecho eco del impacto que tuvo la siguiente broma: en el programa de José Mota, un médico anuncia una mala noticia a un paciente terminal y este le pide que rebaje su sinceridad por porcentajes. El público acogió el chiste con cara de pocos amigos, y las quejas no se hicieron esperar.

Hacer humor sobre la situación que muchas personas puedan estar pasando es algo delicado. Sin meternos a medir hasta qué grado se puede tolerar una broma, y sabiendo que realmente no se pretendía herir adrede, lo cierto es que la ofensa producida ha sido manifestada, y eso ha sido suficiente para que Televisión Española haya tenido que presentar una disculpa pública.

Hace poco tiempo, John Cleese, el integrante del famoso grupo cómico Monty Python expresaba su rechazo a la corrección política en el humor. ¿Es la corrección política una forma de censura? ¿Es tan grave el que haya ciertos recursos humorísticos que por respeto fuera mejor no utilizar? ¿Dónde termina y acaba la libertad de expresión?

Hace un tiempo, navegando por la red, decidí buscar vídeos de Muchachada Nui. Me apetecía ver algo divertido antes de acostarme y me picaba la curiosidad por ello, ya que realmente nunca lo había visto mientras estuvo en antena. A lo mejor me estaba perdiendo algo. Elegí un programa completamente al azar. En este programa, Paquirrín (una caracterización del personaje, evidentemente), se encontraba en un avión hablando con su madre (también caracterizada) desde su butaca azul y mullida, observando el paisaje por la ventana: “me voy a África”, decía.

La alarma interior había sonado.

Muchos sabréis a qué alarma me refiero. Es la alarma que se enciende cuando alguien cuenta un chiste en el que hay tres personas occidentales y una cuarta a la que se ridiculizará por completo. Es la alarma que está preparada para activarse en cualquier momento cuando ves un monólogo, porque tarde o temprano alguien hará un chiste que te obligará a permanecer tensa y enfadada en el asiento mientras todo el mundo a tu alrededor se ríe. Es la alarma que salta cuando en un programa de humor español, (y en general, en la televisión) alguien dice la palabra “África”. Échate a temblar.

Y es que el racismo es un recurso de humor muy utilizado en los chistes y en la comedia en general. ¿Quién no ha oído los siguientes chistes: minuto 00.25, o minuto 2.06? Pero, jiji, si comenzamos con correcciones políticas, se acabará el humor, esto será una dictadura, todos tenemos estereotipos qué pasaría si todos nos ofendiéram… No sé a ti, pero a mí me molesta que mi “estereotipo” sea de ignorante, salvaje, o que se relacione el color de mi piel con no lavarme.

Así que aquí estamos, siglo XXI y con estos chistes aún contándose, con programas en los que alguien disfrazado de Paquirrín viaja a África (África Pueblo, por supuesto, no el África Continente con sus 54 países), donde no hay aeropuertos ni ciudades, ¿qué crees que es esto?, cuando uno va a África llega directamente al desierto, y por supuesto, lo primero que le sucede es que un grupo de actores con pintura negra en la piel vestidos de masáis –tres pintados y uno de verdad, como añadiendo calidad-, bailan a su alrededor adorándole mientras balbucean un dialecto completamente inventado.

No sé si hubo quejas sobre el asunto. Pero ojalá las hubiera habido, junto con su debida disculpa.

Pero la situación va más allá, y ya no se trata sólo del humor que utiliza este tipo de recursos, sino de la representación de los negros en los medios, en general. No es la primera vez que hablamos de la importancia de la representación y de la falta de personajes negros. Pero no sólo es importante representar a personas de otras culturas y otra apariencia, sino que al hacerlo no sean objeto de mofa. ¿Qué me decís de las famosas bromas sobre “Machupichu” en Aída, sólo por ser sudamericano, o los acentos ridículos de los personajes de otras partes de mundo en los programas? Menos mal que a alguien se le ocurrió dejar de doblar a Carl de los Simpson con ese acento que le habían puesto tan sólo por el color de su piel, como si ambas cosas fueran unidas de manera natural.

simpson

Yo estoy harta de los acentos ridículos, de los saltos, de los chistes sobre “ayudar a los africanitos/negritos de África”, de los tambores que aparecen cada vez que alguien nombra la palabra. ¡Tambores! La cuna del ritmo y los géneros musicales más influyentes de la actualidad, y no se os ocurre ningún otro leitmotiv.

Pero vuestro estereotipo no sólo tiene cosas malas, nos dirán, porque se os conoce por cosas buenas como el tamaño del pene, y… bueno… también tenéis cosas como tambores.

Seguramente muchos crean que hay una exageración en la actualidad que está “matando el humor”. Creo que hay una línea que distingue el humor de algo diferente. Hacer un buen chiste es difícil. Y por eso, lo fácil, pintar a gente o reírse de los africanos, no tiene gracia. Perpetuar la ignorancia sobre África para poder seguir tratándola como un pueblucho con dos chozas donde hay gente de la que reírse, no está bien. Y tampoco es divertido.

Nadie repara en las personas a las que nos molesta que una y otra vez se utilicen los mismos estereotipos para hacer comedia. ¿Será porque no nos quejamos, y si realmente le diéramos visibilidad, habría una disculpa y un “no volverá a pasar”? ¿Se hablaría de ello en los medios, como ha pasado con esta broma sobre sanidad?

Cristina Muñoz_Colaboradora_AfroféminasAutora: Cristina Muñoz Maho

Estudiante de Psicología. Madrid

22 años

Nueva colaboradora de Afroféminas

Foto Portada: http://estaticos06.smoda.elpais.com/wp-content/uploads/images/201403/sasheer_zamata_8389.jpg

4 comentarios en “Humor negro

  1. Hola Cristina, es una pena que todo lo has comentado aquí pasa de veras y que encima te tachan de agresiva cuando expresas tus molestias. Desafortunadamente esta permitido por la sociedad y parece que por el mundo entero. Yo como persona soy una chica negra y hablando de la limpieza hay que ver los dientes de la mayoría de la gente en la para resumir el concepto de la limpieza “blanca”. En fin, no nos dejemos que los insultos camuflados como chistes sea nuestra identidad!!!

  2. Siempre hay chistes mal intencionados que la unica mision es ofender a un grupo para diversion de otro, y si es cierto que a todos nos ha pasado, el grupo se rie a carcajadas pero tu no le ves el humor.

  3. Tu misma lo dijiste, hacer buen humor es difícil. Los humoristas facilistas recurren a la mofa de nosotros porque les parece el camino mas facil. Pero yo sigo creyendo que es posible hacer bjen humor sin ofender a todo un grupo. Por ejemplo, el humor sobre situaciones que vivimos todos sin distinción de ningun tipo: situaciones de pareja, en la escuela, en el trabajo, etc.

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