La ruta esclavista de Barcelona

Momento de la retirada de la estatua del esclavista Antonio López en 2018

Barcelona es una de las ciudades más bellas del Mundo. Su espectaculares rincones, Gaudí, su historia, catedrales  y espacios creados a golpe de ser durante mucho tiempo un centro cultural, económico y político europeo, no dejan indiferentes a los visitantes.

Pero ese pasado y presente pujante, tiene sus servidumbres que hunden sus raíces en los más profundos, vergonzosos y tenebrosos recovecos de la historia. La asociación Memoria BCN decidió hace años que iba a recuperar episodios de historias menos amables de la capital catalana, con el ánimo de localizar e interpretar los llamados «espacios de memoria» donde ocurrieron hechos trascendentales para la defensa de las libertades individuales y colectivas en la ciudad.

Memoria BCN hace rutas para los interesados, instituciones y centros educativos, sobre la Guerra Civil o la larga represión franquista durante la dictadura. Pero también recuperó hace unos años la memoria esclavista de la ciudad catalana. Muchas fortunas catalanas se hicieron con la sangre del comercio transatlántico.

Memoria BCN llamó a esta ruta La herencia de la esclavitud en Barcelona, ​​monumentos y espacio público: Un recorrido para seguir las huellas que dejaron el tráfico de esclavos y las grandes fortunas del comercio colonial en la ciudad, y la lleva haciendo desde 2016.

La ruta se centra en Joan Güell y Antonio López, dos célebres comerciantes y grandes de la sociedad catalana del siglo XIX, ampliamente representados en Barcelona, ​​cuyos nombres de calles, monumentos y edificios se ha asentado en nuestro tiempo. 


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A pesar de que no hay datos de enriquecimiento directo con el comercio esclavista,  no pocos historiadores señalan que Güell, al igual que otros poderosos mercaderes y comerciantes de la época, se dedicaba al llamado “Tráfico triangular” establecido entre los propietarios de esclavos en las costas de Europa y África. En Barcelona se construyeron algunos barcos negreros, aunque Santander y Cádiz eran las capitales de los astilleros que hacían barcos utilizados para el tráfico de personas. Concejal del Ayuntamiento de Barcelona, ​​impulsor de la transformación del primer ferrocarril y puerto y una de las riquezas del comercio colonial, Güell es considerado financiador de varias expediciones.

Las paradas siguientes siguen por el Palacio Marco, el monumento a Cristobal Colón, o el monumento o el Banco Hispano-Colonial, haciendo un paisaje que muestra sin lugar a dudas la relación estrecha del poder económico y político barcelones con la esclavitud.

Pasa también por lugares como la Fuente del Negret. Construída en 1915 ha sido popularmente conocida de la Palangana. Suele que el famoso negret podría tratarse de un hijo adoptivo del escultor, Eduard Alentorn, que pedía a su hermanastra que le lavara y frotara la cara con insistencia para intentar blanquear el color de la piel. De hecho, el título que el escultor dio a su obra fue: “¡Imposible!”. La interiorización del prejuicio racial es una consecuencia clara de siglos de esclavismo.

Hay algunos lugares que ya no están, como la estatua del empresario y mecenas Antonio López y López, primer marqués de Comillas. De origen cántabro, López emigró sin apenas recursos a Cuba y regresó convertido en un gran potentado colonial. Se instaló en Barcelona con gran éxito, al invertir en la banca y el comercio transatlántico. Medró entre la pujante burguesía catalana –su yerno era Eusebi Güell, el industrial que financió a Antoni Gaudí–, se hizo con el monopolio del traslado marítimo de soldados y destacó en el mecenazgo artístico y cultural de la Renaixença. Su capellán personal era el poeta Jacint Verdaguer y residía en el Palau Moja de la Rambla de Barcelona, hoy escaparate del patrimonio cultural y turístico de Catalunya.

Su estatua, no puede verse en la visita, fue retirada en 2018 por el Ayuntamiento de Barcelona en un gesto valiente,  y la plaza cambió su nombre por el de Idrissa Diallo, nombre de un migrante fallecido bajo custodia en el CIE de Zona Franca. Hoy la plaza luce una curiosa escultura roja, con un inmigrante abrazado a un oso. Una protesta contra la todavía cantidad ingente de monumentos que recuerdan y homenajean a esclavistas.

En definitiva, y por no extenderme más, la Ruta esclavista de Barcelona es una oportunidad de ver con otros ojos, una ciudad maravillosa, que lo será más una vez se haya enfrentado a su pasado.

Podéis vistar la web de Memoria BCN en interesaros por sus rutas:

http://memoriabcn.cat/home/cat/


Ayomide Zuri

Inconformista, luchadora, africana y mujer negra. @ayomidezuri ayomidezuri@gmail.com


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