Las novelas turcas y su capacidad de traspasar fronteras

Te pareces mucho a la protagonista de Herçai. – ¿Qué? Le respondo a mi abuela por teléfono. 

-Sí, si tenéis la misma forma de la cara y el mismo pelo. Me responde.

-No sé de lo que me estás hablando, abuela, ¿de quién estás hablando?

-Pues de la telenovela que estoy viendo, estoy enganchadísima y la protagonista me recuerda mucho a tí, deberías verla. 

– Tú sabes que ya no veo de eso, le digo

-Pues deberías, al menos esta.

Mi abuela materna me responde al teléfono desde su casa en Santiago de Chile – hace años que volvió y que no nos vemos en persona. Nuestra conversación desbloqueó algunos recuerdos de cuando era pequeña y mi madre, mi hermano y yo nos fuimos a vivir con ella y con mi abuelo a Carabanchel. Precisamente de esa época recuerdo, sobre todo, las largas horas viendo la televisión con ella. La televisión puede haber sido ser la mejor canguro que he tenido, con ese poder para mantenerme durante horas sentada en el mismo sitio viendo programa tras programa. Hoy sería bastante más complicado tener mi atención durante tanto tiempo.

Así fue como acabé descubriendo el maravilloso y trepidante mundo de las telenovelas. Tenía la costumbre de sentarme en el salón de casa al llegar del colegio y ver las novelas de TVE con mi abuela. Normalmente la trama incluía: una chica pobre, un chico guapo, una malvada rubia que quiere a Luís Mario para ella sola, una herencia en juego, un servicio doméstico que lo sabe todo, una niña en silla de ruedas, un bebe ilegítimo y por último una boda de la que todo el mundo hablaría mañana en el cole, normalmente el resto de mis compañeras latinoamericanas, y a la hora de la cena cuando mi abuela hiciera resumen del capítulo a mi abuelo. 

Cuando llegaba el verano bajábamos a Tetuán (Marruecos) a visitar a mis abuelos paternos, pero nos quedábamos en Martil, donde vivían mis tíos. Allí pasábamos las tardes en esa casa enorme en donde todos los días venían familiares y vecinos a saludar y a pasar las horas. Recuerdo muchas risas y muchos gritos. En una de las habitaciones se sentaban algunas (o todas) las mujeres alrededor del televisor y ponían las telenovelas. Las que más impactaban eran las telenovelas indias, entre otras cosas, porque no me enteraba de nada. La trama parecida, pero añadimos: una malvada suegra, alguien cayéndose de las escaleras, muchas armas y mucha cámara lenta.  Me tiraba todo el año de drama romántico tóxico en drama romántico tóxico. 

Hace unos días, por cosas de la vida, tuve que ir a Marruecos por trabajo. Aproveché para ir a ver a mi familia unas horas. Esa noche, después de cenar, nos sentamos en el salón a ver la tele. Llegado el momento mi tía subió el volumen y todas se giraron para mover la cabeza al ritmo del <<opening>> de una novela turca que se retransmitía en pleno <<prime time>> en la cadena más vista en Marruecos. Por la traducción que hacía mi prima, al parecer una de las protagonistas había pillado a su exnovio con otra por la cantidad de ropa nueva que tenía. Ese reloj era muy caro, amigo. Después de un rato de escuchar las reflexiones mentales que hacía de esta chica; de repente enfocan a una de las protagonistas, mi tía comienza a gritar que era exactamente igual que yo, <<kif kif>> gritaba. El comentario me hizo acordarme de la conversación que había tenido con mi abuela chilena algunas semanas antes. Esto no podía ser casualidad. Así mi curiosidad por las novelas turcas se había despertado.


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Tanto en Chile como en Marruecos las telenovelas turcas se han convertido en fenómeno de masas. En el caso chileno la teleserie turca “Las Mil y una Noches” se convirtió en el programa más visto en el 2014 y actualmente muchas cadenas se han sumado a la fiebre por las novelas turcas, llegando a retransmitir hasta cinco de ellas en la misma franja horaria. Efectivamente Chile se ha convertido en una de las principales plataformas para exportar telenovelas turcas en Latinoamérica.

Según un estudio realizado por el Observatorio Iberoamericano de la Ficción (ORBITEL 2015), sobre las relaciones de género en la ficción televisiva, el éxito de este nuevo género radica en una contradicción que está presente en la sociedad chilena (y yo creo que en la marroquí también) entre la tradición y la modernidad. Según este informe, las novelas turcas se han convertido en un espacio en disputa. Por un lado, tenemos un espacio caracterizado por lo tradicional: la religión y la familia como formas básicas de la identidad y de emociones como el amor, unido a comportamientos fuertemente patriarcales en donde la mujer es continuamente violentada. Por otro lado, tenemos un espacio más moderno: en donde los derechos y la capacidad de agencia de estas mujeres, que toman decisiones racionales rechazando incluso al hombre que las daña, unido a su empoderamiento creciente durante toda la serie, son los protagonistas. A esta contradicción se le añade el alto nivel de producción que tienen: banda sonora que se pegan, actores y actrices guapas, localizaciones de ensueño, vestuario cuidado… 

En Marruecos, la cadena nacional 2M es la encargada principal de transmitir estas telenovelas y gracias a ello se posiciona como la cadena más vista. El académico Julien Paris reflexionó sobre este fenómeno en su ensayo sobre el éxito de las telenovelas turcas a nivel internacional (Julien Paris, 2013), sobre todo, en el mundo árabe-musulmán. Paris asegura que lo que se esconde detrás de este fenómeno es un ejercicio de poder blando que Turquía impone sobre los países del entorno a través de una nueva hegemonía cultural-televisiva que logra transmitir las disyuntivas culturales y sociales que muchas de estas sociedades tienen y con las que viven en conflicto: las diferencias generacionales en la manera de vivir la tradición, los valores democráticos y las tradiciones seculares. Turquía es fuertemente criticada por parte de los saudíes, sirios y qataríes que cuestionan la moralidad de estas telenovelas. Esto es un claro ejemplo de cómo las novelas turcas se han convertido en objeto de debate geoestratégico. Si Turquía, a través de estas series, se convierte en líder hegemónico del mundo musulmán, ¿podría Turquía llegar a poner en serio aprietos a los países del Golfo?

Marruecos, al igual que Chile, cabalga sobre sus propias contradicciones y las telenovelas turcas ofrecen un final feliz, ya que el desenlace de estas telenovelas son todos iguales, ella le perdona y con un beso ponen punto final al conflicto. Lejos queda la realidad en dos países que viven en continua tensión social.

En algún lugar entre Marruecos y Chile, el sumatorio de un montón de fuerzas históricas me posicionó a mí, nacida de una madre chilena y un padre marroquí en España (o eso creo, que con tanto parecido a las actrices turcas ya pienso que me han adoptado). Estas contradicciones las he vivido en carne propia cuando mi casa se convertía en una frontera diaria. Lo viejo y lo nuevo, lo de allá y lo de acá se desdibuja con los quehaceres del día a día.

-Abuela, estoy viendo la serie. 

– ¿Te está gustando?

– ¡Me está encantando!


Siham Jessica Korriche

Fui la hija de dos inmigrantes sin papeles. Politóloga y militante feminista antirracista. De origen marroquí y chileno. Actualmente trabajo como asesora cultural para una editorial y como colaboradora en el colectivo Ca-minando Fronteras. Amo leer todo, cualquier cosa, mi curiosidad es infinita. Siempre digo que si a los viajes y a los proyecto de ahí mi continuo estrés.


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