El síndrome del esclavizador moderno

Actualmente grandes marcas que nunca habían realizado productos ni contenido para la comunidad afro-racializada, han empezado a vender productos para nuestra población, sin la inclusión ni la consciencia que practican empresas que, si conocen y pertenecen a la población afro, si no solo con el objetivo de acrecentar su capital.

A lo largo de mi carrera como actriz y modelo me he encontrado con una buena cantidad de marcas de diferentes campos de la belleza, cabello, piel, ropa, zapatos. No es un secreto que en el mundo de la moda existe una supremacía blanca, dentro de este grupo se encuentran desde grandes diseñadores, hasta dueños de famosas multinacionales. Fue en mi medio de trabajo en el que, desde hace unos años empecé a escuchar y observar que los “negros estamos en tendencia”, así que ha empezado un furor por diseñar productos para nuestro consumo, y parece genial hasta aquí, sin embargo, lejos de querer resaltarnos lo que estas empresas hacen es banalizar nuestras costumbres y monopolizar el mercado mundial, invisibilizando la labor de las pymes que sí tienen una razón de ser afro, que son creadas por nuestros hermanos y hermanas, y que sí conocen nuestras necesidades reales. 

A esto le llamo el síndrome del esclavizador moderno, un magnate dueño de muchas empresas, acapara varios mercados mundiales, tiene en sus manos la clave para hacer crecer su compañía y su fortuna, se dedica solo a funciones administrativas, ya ni siquiera tiene necesidad de estar pendiente veinticuatro- siete del negocio y sabe delegar funciones a la perfección. ¿Lo anterior les suena familiar? Puede que sí, porque ya lo hemos visto antes y no se cansan de aplicárnoslo en diferentes situaciones. Parece ser que para ellos nunca es suficiente dinero, su lema aparente es, si produce se hace.  Tal y como funcionaba en 1600.

Otros aspectos graves son, la mayoría de los productos que se fabrican en estas empresas están hechos con componentes artificiales, con poca cantidad de propiedades naturales de las que nuestra piel y cabello necesitan, contribuyendo, como ha sucedido por siglos a la escases de mercancía que satisfaga nuestras necesidades y a la multiplicación de una mala salud para nuestra población, sin contar la cantidad de mano de obra barata que este tipo de fábricas pagan, donde gran parte de sus empleados son racializados; esto en contraste a los precios elevados a los que venden que los hace inalcanzables, convirtiendo a quienes los adquieren en personas afro de más status. Por último, estas compañías propagan el desconocimiento, la segregación y los cánones de belleza inalcanzables al alterar la imagen de los modelos afros que usan, como por ejemplo definir con pinzas el cabello afro en los comerciales, contratar solamente al modelo negro más claro y con facciones semejantes a las de la población blanca, sexualizar y exotizar los cuerpos negros. 

Es increíble que todavía se empeñen en crear nuestra cultura a su manera, cuenten nuestras historias, hablen de nuestras características físicas, nos impongan que consumir y que vestir. Sin embargo, nuestra comunidad sigue haciendo el camino, fabricando con conocimiento y consciencia los productos de nuestro consumo, productos reales, realizados por nuestra propia población; solo tejiendo una gran red de apoyo entre nosotros, comprando y usando lo que de verdad nos resalta y empodera podremos ver grandes multinacionales dirigidas por nosotros y para nosotros un día.



Laura Valencia

Licenciada en arte dramático, modelo y bailarina.


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