Coronavirus desde los márgenes

La pandemia (ya declaradal) del Covid-19, o lo que más popularmente conocemos como coronavirus está sacando a todos de quicio y dejando a la luz las costuras de un Estado (y sus Comunidades Autónomas, aquí no se libra nadie) que no es capaz de afrontar la crisis con sensatez y cierta coherencia.

En estas situaciones la improvisación y la falta de valor es criminal. Nuestros gobernantes se han ido resistiendo a tomar medidas drásticas porque como siempre, están más preocupados de su imagen y como se traduzca esta en votos, que en hacer las cosas medianamente bien.

Tenemos alcaldes de pandereta y crucifijo que se resisten a suspender la Semana Santa. Las competiciones de deportes profesionales (dinero) también se han resistido a cerrar la persiana, intentando hacer partidos a puerta cerrada para conservar los derechos televisivos. La consecuencia es jugadores que contagian a otros, y equipos de millonarios futbolistas en cuarentena. Todos los eventos se han cancelado tarde y mal, en un incesante cuenta gotas, que disimulaba muy mal las pocas ganas de tomar medidas impopulares.

Pero a mi los que me preocupan son las gentes de los márgenes, los invisibles. Me preocupan esos a los que las medidas del gobierno ni los rozan, y que si están expuestos siempre a las cosas más horribles, además de a las mayores injusticias, ahora están solos y nadie se acordará de ellos. La seguridad médica no llega a todos.

Me preocupan los manteros que van a perder su sustento, pero que no podrán reclamar ayudas ni reducción de cuotas, ya que malviven sin papeles en las calles de las grandes ciudades. Las terrazas vacías y los bares desiertos significan poner la palabra hambre encima de su mesa.

Me preocupan las prostitutas, siempre vejadas, olvidadas y humilladas. Siempre ejerciendo en la más absoluta indefensión y conviviendo en la mayoría de las ocasiones con personajes sórdidos y funestos. Ellas también se van a quedar sin sustento, y aquellas que están bajo el yugo de los proxenetas tendrán que seguir en la calle poniendo en riesgo su salud, más de lo que lo hacen habitualmente. 

Me preocupan de los sin techo. Los olvidados de los olvidados. Los invisibles a los que ni siquiera miramos al pasar a su lado. Muchos de ellos de avanzada edad y con graves problemas de salud, alcoholismo o drogas, son presa fácil de la muerte. ¿Qué hay para ellos?

Me preocupan los migrantes sin papeles que no se atreven a ir a un centro de salud. Los temporeros que viven en condiciones miserables en zonas de Huelva y Murcia. Ellos no pueden cumplir las recomendaciones médicas.

Me preocupan los focos de chabolismo donde no hay ni agua corriente ni luz eléctrica y tienen condiciones paupérrimas de higiene.

Me preocupan los centenares de miles de ancianos solos.

Me preocupan los menores no acompañados que malviven en las calles. 

Los demás, seguiremos quejándonos. Seguiremos haciendo política partidista con esto. Comprando decenas de rollos de papel higiénico y acaparando galletas. Llorando por no tener partidos de Champions o NBA.

El miedo es libre, lo se. Pero da asco ese miedo de la abundancia. Yo sigo preocupada por los otros, y sigo sin respuestas.


Ayomide Zuri 

Inconformista, luchadora, africana y mujer negra. @ayomidezuri ayomidezuri@gmail.com


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