NO es NO. Consentimiento y agresión sexual. Testimonio

NO es NO. Consentimiento y agresión sexual. Testimonio

Primero de todo quiero avisar de que este artículo se centrará en la agresión sexual y el consentimiento. Voy a contar mi historia personal, cómo intenté recuperarme y vivir después. Espero que haya alguien que pueda identificarse no solo con lo que comparto, sino también con los sentimientos, la justificación y la confusión que siguieron al episodio que viví.

Recientemente, un amigo mío, compartió un vídeo conmigo de una entrevista a un conocido filósofo donde reconoció que la agresión sexual es básicamente una consecuencia del patriarcado. Cuando comencé a pensar en mi propia experiencia y en las excusas y justificaciones que me dieron cuando finalmente encontré las palabras y el valor para enfrentar a la persona que me agredió sexualmente, me di cuenta de que todas esas justificaciones provenían del poder. Surgieron de la necesidad de controlar, o mejor aún, la sensación de no necesitar mantener el control de uno mismo.

Más allá del puro egoísmo, la falta de consideración y la impulsividad que eran claramente evidentes en su tono de voz, desprecio y rechazo de mis sentimientos. Más allá de las malas excusas tipo “a veces soy muy impulsivo y actúo sin pensarr”, me di cuenta de que esa manera de actuar y de pensar eran resultado del poder y privilegio que él tenía como hombre.

Voy a contar lo que sucedió. Fui a visitar a un viejo amigo mío con el cual había tenido una relación en el pasado. Pensé que un fin de semana lejos de la ciudad pequeña en la que vivía era lo mejor para olvidarme de la presión social que se vive en estos sitios tan pequeños, donde los negros somos pocos y estamos muy estereotipados y señalados. Esto es hasta tal punto, que mis relaciones afectivas se han visto tocadas. Necesitaba escapar de ese drama de desamor del calzonazos que prefirió no enfrentarse a los comentarios y el que dirán.

Decidí ir a ver a un antiguo amigo, con el que en el pasado había tenido algún encuentro sexual esporádico, aunque yo siempre le dejé claro que no quería nada más con el. Intenté así curar mi desamor acudiendo a ver a una persona a la que tenía estima. Este fue mi primer error.

Pensé que las cosas estaban claras entre nosotros. No hay que confiar en que las personas ven las cosas como nosotras creemos. El rechazo puede ser visto de manera muy peculiar por personas que en el fondo tienen problemas más graves de lo que parece a simple vista.

Durante unos días antes del viaje, él y yo habíamos tenido un par de conversaciones sobre si queríamos tener sexo o no.

Yo le pregunté si esperaba algo de mí que ya sabía que no le iba a dar, más allá de disfrutar del sexo. Yo no tengo problemas con el sexo sin compromiso. No soy una mojigata y me considero dueña de mi cuerpo. Soy una mujer atractiva a la que le gusta disfrutar de la vida. Finalmente quedamos en que no íbamos a tener relaciones sexuales. Pensé que era lo mejor para no llevar a equívocos sobre mis sentimientos.

Cuando llegué todo empezó correctamente. Él estaba jovial y receptivo a mis deseos de visitas de museos y conocer más de la cultura de la ciudad. La conversación fue normal y natural. Me dijo incluso que había superado el pasado en que yo le dije que quería solo amistad. Reímos, comimos y hablamos, después fuimos a su casa.  Aquí es donde las cosas cambiaron de inmediato.

En su casa empezó a insistir en que me desconectase de las redes. Insistía mucho en que apagase el móvil. Me di cuenta de que había apagado las luces y había encendido unas velas. Empecé a aturdirme, habíamos discutido hacía solo unas horas que no íbamos a tener relaciones sexuales. Pero me quedé helada e intenté pasar palabra. Le dije que pusiese la televisión para ver una película, lo hizo a regañadientes. Cuando llevábamos cinco minutos de película, intentó besarme.

Empezó en mi una batalla interna. ¿Realmente creía que no íbamos a tener sexo? Sin darme cuenta estaba pensando como él, le estaba justificando.

Siguió intentando besarme, se frotaba y apretaba su cuerpo al mío. Empezó a hacer movimientos más bruscos y a apretar más fuerte sus manos en mis brazos. Me di cuenta de que estaba completamente inmovilizada. De mi boca salió un tímido “No quiero hacerlo ahora, por favor suéltame”.

No me escuchó esa vez, ni cinco más que le repetí la misma frase, “No quiero hacerlo ahora, por favor suéltame”. No le importó. En un momento pasé de la confusión al pánico ya que sus modos eran cada vez más violentos. Entonces le dejé hacer.

Fue muy brusco y violento. Me introdujo su pene de manera brutal. Me hizo mucho daño y mi vagina se hinchó. Pensé que después de que el acabase podría irme. Pero no fue así. Volvió a comenzar una segunda vez. Cada vez me hacía más daño. Debería haberme ido, lo se, pero no pude. Tenía miedo.

No estoy segura de cómo confundió mis gritos con gemidos, o si no los confundió y simplemente optó por ignorarlos. El acabó convencido de que había tenido un sexo fantástico, y que incluso yo había disfrutado.

Tardé en ponerle nombre a lo que había sucedido. No fue un proceso fácil. Esa misma noche, mientras el dormía a mi lado llamé a mi mejor amigo y al contarle lo que había sucedido me dijo; “Sal inmediatamente de esa casa, te han violado”. No me fui hasta la mañana siguiente.

Empecé a culparme a mí misma. Debería haber gritado y haberlo alejado de mí. ¿Pero realmente podía hacerlo? ¿Como hubiera reaccionado él? ¿Me hubiera golpeado y violentado más?

Me di cuenta de que no había aceptado lo que había sucedido como lo que realmente era. Ni siquiera podía verbalizar que me habían “agredido sexualmente”. Todo lo que podía decir era que no respetó mi cuerpo, y que no le importó lo que yo quería en absoluto.

Cuando reuní el valor para enfrentarme a mi agresor el mismo me reconoció que me había escuchado decir que parase, pero que decidió seguir. Incluso me comentó que cuando acabamos le pareció verme satisfecha.

Ahora mismo estoy haciendo un trabajo para aceptar que fui violada. A algunas les perecerá increíble este proceso, pero muchas mujeres estamos presas por cadenas invisibles que coartan nuestras opiniones y certezas. Son los siglos de patriarcado.

Lo que quiero recordar a todas las mujeres, que no importa lo bajo o alto que digan NO. Tampoco importa el momento de la agresión en que digan que NO. Por más violento que se ponga el agresor, si dicen NO es NO.

A veces cuando estamos en situaciones como la que yo viví, nos paralizamos, luchamos o huimos. Yo me paralicé. Si una mujer tiene que preguntarse si ha sido agredida o no, violada o no,  significa que probablemente lo haya sido.

Lo más importante que he aprendido es que yo no tengo la culpa de lo que pasó. Se que dije que NO y que fui violada.

Denuncié pero no tuvo ninguna consecuencia.

 

 

Violeta

La autora de este texto nos ha pedido no dar ningún dato sobre ella, así que Violeta es un nombre ficticio.

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