Permítanme que me sorprenda

El otro día vi este texto retwitteado por algunas de las personas a las que sigo en Twitter. Muchxs añadían que les parecía algo hermoso, que eso demostraba la grandeza de algunos seres humanos y demás.



Pues bien, pese a que no considero que sea algo malintencionado, sino todo lo contrario, opino que tanta admiración por un gesto como ese resulta, cuanto menos, excesiva y que, incluso podría estar teñida, aunque sin quererlo,  de los mismos supuestos paternalistas y basados en estereotipos que el propio texto (comparable por otro lado, a frases del tipo “siempre sonríen/son felices, aunque no tengan nada” o a la figura  -venga, aquí quizá me esté pasando- del buen salvaje de Rousseau).

Antes de pasar a desarrollar lo anterior quería dejar claro que, con mis aseveraciones estoy poniendo en la mente de Pedro Luis, el que firma la carta, pensamientos que no tienen por qué coincidir con los suyos en absoluto, ahora bien, sus palabras me sirven de paradigma para retratar  a un perfil de gente que sí es así y que incurre en una especie de caridad buenista:

1. Para empezar, habla de una mujer subsahariana. Subsaharia no existe, pero si lo que quiere es contarnos que la mujer viene de un país que está al sur del Sáhara mi cuestión es: ¿Cómo lo sabe? ¿Se lo habrá preguntado? Puede que sí, puesto que conoce su nombre. De ser así, Cecilia, la mujer, le habría dicho de cuál de la decena de naciones que existe en ese espacio es.
Sin embargo, cabe otra opción, que no se lo preguntara y que asumiera que era africana y de “Subsaharia” porque era negra. Eso implica dejar fuera a muchxs afrodescendientes de otras partes del mundo; un desconocimiento del continente ya que hay negrxs también al Norte del Sáhara, en Marruecos, en Libia, en Túnez, en Egipto… y, quizá también, un temor a usar la palabra negra como si fuera algo negativo.

2. Infiere de la ocupación de Cecilia que es pobre y le da cosas que ella no ha pedido. La mujer está ahí vendiendo libros y, en su descripción, no consta que exhibiera un cartón demandando enseres que puede no necesitar.

3. ¿Le espía para ver qué hace con sus cosas?

4. Asumiendo todo lo anterior que es de Subsaharia y por ende, necesitada, como casi todos los subsaharianos (léase con ironía, por favor), le parece sorprendente, estratosférico, digno de alabar y hasta de mandar una carta a un periódico, que esa mujer ayude a un hombre que está mendigando y del que ha supuesto que es español.
Eso, a mi modo de ver, significa dos cosas : 1. Que invalida la capacidad de ayudar de los que, a priori , tienen menos recursos y 2. Que quizá no quiere, ni necesita lo que el benefactor le ha dado.
¿Qué pensáis vosotrxs?

Lucía_AfroféminasAutora: Lucía Asué Mbomio Rubio

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