No queremos ser invitadas simbólicas. Queremos poder político
La sororidad es la promesa más conocida del feminismo. El nombre que da a la idea de que el género crea un vínculo que trasciende otras diferencias. Nosotras, mujeres negras y racializadas en España y Latinoamérica, llevamos años dentro de ese espacio y podemos decir que la acogida que encontramos tiene, con demasiada frecuencia, la forma de una invitación, no de un derecho. Entramos como huéspedes en una casa que se construyó sin contar con nosotras. Y eso tiene un nombre.
Grada Kilomba, psicóloga, artista e investigadora portuguesa de origen angoleño y santomentense, dedicó años a documentar cómo el racismo opera en lo cotidiano, en los gestos pequeños, en las palabras que nadie registra como agresión porque se producen en entornos que se consideran civilizados y progresistas. Su obra...








