Hablemos sobre el feminismo glamoroso y su silencio cómplice


El año pasado la película de Barbie puso de moda el rosa de nuevo, y no solo eso, sino que logró que se hablara sobre patriarcado en una película millonaria para consumo masivo. ¿Estamos entonces en una nueva época, en donde cuestionar al patriarcado es mainstream?

Para elaborar una respuesta, hablaré primero de algunos conceptos que me han ayudado a analizar este feminismo glamoroso post movimiento estadounidense Me Too en 2017, y sus consecuencias en la conversación pública sobre el patriarcado

Llamo feminismo glamoroso a estos actos simbólicos de mujeres poderosas en contra del machismo, sobre todo por temas como la violencia sexual, la representación, la diversidad sexual y la igualdad salarial. Estos actos pueden ser imponentes como la foto de Beyonce delante de una pantalla gigante con la palabra feminist, pueden ser también “aesthetic” como la foto de Alessia Rovegno, miss Perú 2022, desfilando con su pareo con la frase embrace diversity (abraza la diversidad), o el performance que se vende como activismo como el trend de las celebridades cortandose un mechón de sus melenas por las mujeres de Irán. 

no nos hablan del patriarcado como aliado del neoliberalismo y del imperialismo, que persigue, somete y mata mujeres para que otras puedan seguir manteniendo su poder

Son estos actos simbólicos los que terminan por ofrecernos un espectáculo: el espectáculo del feminismo glamoroso, el que genera que todas queramos ser feministas, para no solo ser talentosas y deseadas como Beyonce, sino también empoderadas y conscientes de las desigualdades que nos oprimen como mujeres. Jesús González Requena, escritor español, dice en su libro Introducción a la teoría del espectáculo, que el espectáculo en la televisión, se nos descubre como la realización mercantil de la operación de seducción: es decir tener el poder de generar un deseo en el otre. Dice, además, que todo poder debe espectacularizarse para poder perdurar y para ello debe ser capaz de lograr ser deseado. Entonces, ¿por qué de pronto, parece que al poder le interesa que seamos “feministas”?, si ser feminista debería traducirse como el cuestionamiento constante al poder.


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En ese mismo contexto de feminismo glamoroso, se nos presenta también el cuestionamiento al patriarcado pero a un patriarcado con alcance limitado, un patriarcado que nos impone lo femenino y lo masculino, un patriarcado que no reconoce el trabajo de cuidado, un patriarcado que no nos permite a las mujeres acceder a los puestos de poder, que nos cosifica y que nos mantiene a la sombra de los hombres. En resumen, el patriarcado del que se nos habla en la película de Barbie. Pero no nos hablan del patriarcado como aliado del neoliberalismo y del imperialismo, que persigue, somete y mata mujeres para que otras puedan seguir manteniendo su poder, su poder con perspectiva de género. Solo entendiendo esto, tiene sentido que las celebridades que son parte de este feminismo glamoroso se presenten con actos simbólicos, como el de vestirse todas de negro en los Globos de Oro de 2018 para denunciar la violencia sexual en la industria de Hollywood; pero se queden calladas ante la participación de Estados Unidos en el genocidio en Gaza. 


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Si entendemos entonces, el feminismo glamoroso como una nueva expresión del poder que se espectaculariza para lograr que lo deseemos, su intención no es que lo cuestionemos y que intentemos derrocarlo, sino que queramos alcanzarlo, y diversificarlo con nuestras identidades, aunque ello signifique ignorar a las mujeres asesinadas en Gaza, a las que maternan mientras Occidente ejecuta su plan de exterminio, a las migrantes sobreviviendo en las fronteras, a las mujeres precarizadas y explotadas; para celebrar a las que son parte del feminismo glamoroso, al que tenemos que aspirar. No hay más prueba de eso que la portada de la revista Time de 2023, que en medio de un genocidio transmitido en vivo y en directo, nos presenta como persona del año a Taylor Swift, quien según el mismo jefe editor de la revista, es una cantante comprometida en “darles valor a los sueños, sentimientos y experiencias de las personas, especialmente mujeres, que se sentían abandonadas y regularmente subestimadas”. Esas mujeres a las que se refiere claramente no son las mujeres palestinas.

Suiry Sobrino

Periodista peruana viviendo en Barcelona, maestrante en Género y Comunicación en la Universidad Autónoma de Barcelona, impulsora de la Red de comunicadoras feministas del Perú y activista por una comunicación feminista decolonial y antirracista.

*Artículo publicado originalmente en la revista La Cadera de Eva y republicada en Afroféminas con su consentimiento.


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