Quiénes son los opresores ahora

Escena de serie Black Ish (Premier Noir)

Recientemente impartí una charla desde España para estudiantes de la Universidad pública de Geneseo en Nueva York. Coincidí, y ya de paso nos pusimos cara, con una antigua colaboradora de Afroféminas, la escritora y activista ecuatoguineana Melibea Obono. Estábamos abordando el tema de las opresiones y hay algo que me llamó la atención en su intervención y que coincido completamente con ella. Según su relato, en África los opresores, los del día a día, no son precisamente blancos.

Este es un tema delicado a tratar porque la blanquitud racista siempre está en busca de justificar sus prácticas. Es decir, en este caso dirán: «si ellos se oprimen entre sí, entonces nuestro racismo no está tan mal». Por lo tanto sí, es difícil hablar de esto.

Hay varios capítulos en la serie blackish que se enfrentan a este problema. Hay uno, el de la Premier Noir, que dice algo así como «para ser exclusivos, tenemos que excluir». A lo que Dre, el protagonista y también hombre negro, le responde que no está dispuesto a pasar por eso, que ya es bastante con todo lo que hemos pasado históricamente para que encima nos inventemos una nueva opresión.



Lo cierto es que cuando se borra la barrera de la raza, aparece el clasismo y otras múltiples formas de decirle al del frente «yo soy mejor que tú». Y además se demuestra que los relatos antirracistas suelen estar muy eurocentrados, porque a la vista está, que si el centro es África, el discurso, las reivindicaciones y hasta los enfoques cambian completamente.

En otro capítulo se aborda el mismo tema visto desde la educación antirracista y las infancias negras. Resulta que en una de las escenas los niños de Bow y Dre, que representan a niños y niñas negros de clase media, descubren que les da miedo entrar a un barrio pobre y habitado fundamentalmente por personas tan negras como ellos. El personaje del padre se niega a reconocer la laguna hasta que se da cuenta que él también la tiene. Es decir, las lógicas racistas estructurales han logrado que perciba a sus hermanos y hermanas como peligrosos, que desconfíe de ellos y ellas. El capítulo lo resuelve RECONOCIÉNDOLO, visitando más al barrio y poniendo en valor su espacios comunitarios.


Está claro que es una serie pero con un mensaje muy importante porque a la mayoría de nosotras, las personas negras, estos temas nos resultan incómodos y nos molesta cuando el comentario llega desde la blanquitud racista y no es para menos. Por eso reivindico tanto la ficción negra, sobre todo como esta, en la que sus autores y autoras intelectuales son grandes profesionales y también personas negras. Una serie negra la tiene que crear una persona negra. De lo contrario no empodera y termina perpetuando el prejuicio racista.


Personajes de la serie Black ish

Y así es, creo que es necesario crear espacios para hablar hacia dentro y hacerlo con cariño a la vez que seriedad. Mirarnos hacia nosotros mismos implica también crecimiento personal, haber logrado salir de ese par dialectico y muy tóxico conformado por lo negro y lo blanco, de lo que se concluye que lo blanco ha de ser educado, es decir lo blanco consigue siempre acaparar el centro del análisis y lo negro siempre se tiene que estar defendiendo. Esto de recrear teorías para persuadir a la blanquitud racista para que nos trate con respeto, me parece como poco muy injusto. Al salir de ahí significa chocar con nuestras contradicciones pero reencontrarnos también con nuestra humanidad. Ser humana es ser imperfecta, es también fallar, equivocarte y reflexionar. Por lo tanto nuestra existencia no debería depender del enfrentamiento racista, de la relación desgastante con los otros. Los negros y negras SOMOS y ya está.

Siendo así, pienso que nuestras luchas, por lo tanto, no deberían significar un cambio de cromos, un burdo intercambio de poder, una repetición del «quitate tú para ponerme yo», siendo ese «yo» y ese «tú» personas negras. Tampoco luchamos para machacar al que NO se parezca a nosotros, luchamos para vivir en paz y con derechos. No luchamos para cancelar y acosar la disidencia, no hay nada más patriarcal que eso, luchamos por la igualdad y equidad real. Para que nuestra lucha y sus resultados sean diferentes, nosotros y nosotras tenemos que actuar también de forma diferente.

Uno de los valiosos mensajes de la película «Black Panter» era precisamente ese: tenemos que ser solidarios entre nosotros, tenemos que aprender a querernos. Cuando hay amor real (en lugar de un discurso impostado sobre el autocuidado), se irradia amor, respeto y reconocimiento comunitario.


Autora: Antoinette Torres Soler
Filósofa cubana y española. Máster en Comunicación de Empresa y Publicidad en la Universidad de Zaragoza.
Fundadora y directora de Afroféminas. Madre de una preadolescente afroespañola.
Sobreviviente de cáncer.

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