Escuchar música era habitar una casa
Me he comprado un tocadiscos. No por nostalgia ni por estética, por una decisión ética. Quería salir de Spotify. No imaginaba que ese gesto aparentemente pequeño iba a abrir una puerta tan grande hacia la memoria.
Cuando fui a poner el primer vinilo, me di cuenta de algo curioso. No recordaba bien cómo colocar la aguja. Lo recordaba de forma borrosa, como un gesto aprendido por observación, no por práctica. Y enseguida entendí por qué. Cuando yo era niña, no era yo quien ponía los discos. Eran los adultos. En mi casa y en casa de mis abuelos, la música sonaba, pero no se explicaba. No se enseñaba. Estaba ahí, formando parte del aire.
En casa de mis abuelos paternos la música era, sobre todo, jazz. Era un lenguaje compartido. Mi abuelo, Gilberto Torres, solo se dejaba la barba blanca ...









