El cáncer de mama no es rosa
“Al tomar conciencia, forzosa y esencialmente, de mi mortalidad, y de lo que yo deseaba y quería para mi vida, por más corta que fuera, las prioridades y las omisiones quedaron claramente dibujadas bajo una luz impiadosa, y de lo que más me arrepentí fue de mis silencios. ¿De qué había tenido miedo? Cuestionar, o decir lo que pensaba, podría haber significado dolor, o muerte. Pero todas sufrimos de tantas maneras diferentes, todo el tiempo, y el dolor o cambia, o termina. La muerte, por otro lado, es el silencio final. Y eso podía llegar rápidamente, ahora, sin considerar si yo alguna vez había dicho lo que debía ser dicho, o si sólo me había traicionado en pequeños silencios, mientras planeaba hablar, alguna vez, o esperaba las palabras de alguna otra persona. Y empecé a reconocer una fue...


