La cancelación y la caza

El pasado día 20 se desató la furia en Twitter contra nosotras. Un internauta había indagado entre los más de 2300 personas que sigue Afroféminas en esa red y había visto que nuestro perfil seguía a Lucía Etxebarría. En un comentario nos llamó hipócritas y nos conminó a dar explicaciones, ahí empezó todo. 

Luego vino lo que ya hemos sufrido otras veces: cancelaciones, insultos y mucho odio. Nuestra respuesta ha sido desde hace tiempo la misma: cualquier perfil que nos falte al respeto o mienta sobre nosotras será bloqueado de inmediato.

No es la primera vez que la caza se desata contra nosotras. Los primeros fueron los fascistas. Ellos siempre están y no dejan de intentar amedrentarnos. Luego vinieron algunas feministas blancas cuando no quisimos ir a la huelga feminista de 2018 y después fueron las abolicionistas cuando manifestamos nuestra decisión de no pronunciarnos sobre la regularización de la prostitución, ya que no habíamos resuelto el debate interno. La gente de Alcoy y su blackface también se lanzó en masa contra nosotras, incluso pidiendo firmas en Change.org para retirarnos unas subvenciones que nunca hemos tenido. Más recientemente fueron activistas antirracistas porque decidimos dar voz a una mujer árabe musulmana crítica con el Islam y el feminismo islámico. 

En todas estas refriegas (y otras de menor impacto) nos hemos dejado cosas en el camino. Seguidoras por supuesto, pero también amistades, alianzas, colaboradoras y además salud mental, porque los ataques hacen mella en nuestra gente.

La última, con parte de la comunidad trans, la parte más activa en redes, enrabietada contra nosotras, ha dolido especialmente. No porque solamente sea injusta e infundada, ya que casi siempre lo es, sino también porque han hecho daño a algunas Afroféminas.

Queremos que quede claro que este texto no es para pedir perdón, ya que no hicimos nada porque tengamos que hacerlo. No vamos a detenernos en explicar porque seguíamos a Lucía Etxebarría, porque sonaría a excusas, que estamos convencidas que no debemos dar. Tampoco tenemos que explicar porque ya no la seguimos ahora, ya que pertenece a nuestra libertad como medio de comunicación para mujeres negras, racializadas y antirracistas, y en cuanto a esto recomendamos el texto de Pikara que explica muy bien ciertas cosas sobre este asunto tan pequeño de la libertad para informar.

Lo que sí nos detendremos es en analizar el ataque, que perseguía (este y otros) y la deriva a que nos llevan estas actitudes.

Desde muchos espacios, incluso de amigas, se nos ha conminado a pedir perdón, disculparnos en busca de calmar a las fieras. Seguramente estos consejos, bienintencionados en su mayoría, no alcanzan a comprender la gravedad de las consecuencias de hacerlo. Queda para nuestro recuerdo y para un curso de como funciona el racismo, como algunas de esas activistas hermanas fueron acusadas de pertenecer a nuestro grupo y recibieron ataques en la confusión. Alerta racista: no todo lo que empieza por Afro es Afroféminas.

En lo más virulento del ataque contra nosotras, quedó claro que en este tipo de reacciones en redes enseguida se alcanza un punto en que no importa el hecho que se te imputa, sino que buscan una rendición, persiguen cobrarse la pieza de caza. La reacción en masa contra nosotras enseguida se tornó desquiciada, atribuyéndonos una transfobia que rebate nuestra línea de trabajo. Así lo único que se nos podía imputar era seguir a Lucía Etxebarría en redes, en contraposición con el espacio, textos y post de carácter transinclusivo que hemos escrito y compartido. También opiniones dadas y apoyo sin dudas a los cambios legislativos para mejorar la vida de las personas trans en todo el planeta. Además personas trans han escrito en nuestro medio. Se da la circunstancia de que precisamente publicar ciertas cosas nos ha supuesto la cancelación de la parte que hablan de borrado de las mujeres, con la misma virulencia que se produjo este ataque.

Y entonces nos encontramos con que la praxis, el trabajo, que es lo que define al activismo, queda anulado, no importa, porque seguíamos a Lucía Etxebarría, que en los últimos tiempos se ha significado en la transfobia con declaraciones y acciones impresentables, sin duda. No importa tampoco que nunca hubiéramos compartido nada de ella, ni apoyado su discurso de odio. No importa porque enseguida se convirtió en una caza, como siempre son estas cosas.

Siempre la cancelación en masa se convierte en un deporte, con expertas en dar cera en redes. Se avisa a más gente para que participe en la quema y empiezan a difundirse falsedades. Empeizan los insultos, putas, gilipollas, etc. Del inicial siguen a LE en Twitter, se pasó al Afroféminas son transfobas. La rabia aumenta cuando el objetivo no se amedrenta, y no solo no se rinde y pide clemencia, sino que como nosotras hacemos, ejercemos nuestro derecho a bloquear a quien contribuye a la propagación de falsedades y mentiras. Porque participar en esto es contribuir a la mentira sobre nosotras y eso no lo vamos a consentir. Sabemos que habái personas bienintencionadas, pero es exigible un mínimo de rigor as la hora de lanzarse sobre un objetivo acusándole de transfobia.

Quien nos ha querido a su lado por una causa justa nos ha tenido. Nunca cerramos la puerta a nadie. Lo que no vamos a consentir es que personas que mienten sobre nosotras nos hagan bajar la cabeza de manera arbitraria y caprichosa. Esto no tiene que ver con escuchar a las personas trans o no, tiene que ver con humillar a un perfil, vencer un objetivo, conquistar una colina tuitera, y ejercer acoso a un colectivo que ejerce su independencia de acción. Nadie nos da ordenes.

Nosotras seguimos apoyando los derechos de las personas trans. Los que se dediquen a la caza en redes contra otras compañeras de lucha por un like o un me gusta, no tienen espacio con nosotras, y no pasa nada. Hay espacios para ello, pero no son Afroféminas.

Afroféminas


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