También son importantes las intelectuales feministas sin cartón

En mi ejercicio de construir un feminismo a mi imagen y semejanza – válgase la mención teológica-, sentía que algo faltaba. Los discursos académicos, históricos y anecdóticos de las intelectuales estudiadas y referenciadas en mí descubrir feminista, me permitieron abrir la mente para pensar un mundo en donde mi voz y nuestras voces cuenten. Sin embargo, necesitaba algo más; algo más cercano, cotidiano, próximo, más de mi pecho y de mi realidad, que diera cuenta de este cúmulo de cosas que me atraviesan, me constituyen y atan.

Dice mi mami: “La ciudad de las oportunidades”

ya no era nombrada “la hija de mi madre y la nieta de mi abuela” – como diría un rapero venezolano- sino la negra, esa negra que se inundaba de ira e impotencia a la vez, cuando un conductor ofendía mi existencia y la de mis ancestras con su verborrea racista, esa misma que pedía explicaciones en los momento que no quería bailar, reír o hacer “lo que hacen” las negras.