Afroféminas

Vestimenta, evolución y género

Ángela Davis

El uso de ropa fue originado por la necesidad de sobrevivir a los cambios del clima, luego el diseño y la confección fueron utilizados para distinguir entre hombres y mujeres, mas adelante se sumó la disputa de clases. La elección de la vestimenta y los elementos que complementan la misma, implica una creación discursiva sobre el cuerpo, el género, la raza y la clase, que puede dotar de significados a la forma en que son leídos los cuerpos.

Actualmente la ropa sin género (Unisex) está invadiendo el mercado, pero esto no fue siempre así. La moda unisex busca eliminar las barreras y las etiquetas que diferencian lo masculino de lo femenino, desafiando el orden social en el que el binarismo piensa el género, pero; ¿cómo pasamos de leer la vestimenta en fusión del género a establecer que la ropa no lo tiene?, para entrar en el tema debemos establecer el papel que ha jugado el sexismo en el diseño de las prendas, y de como el uso del pantalón fue un derecho que conquistaron las mujeres. 

El sexismo atraviesa todos los vínculos sociales, por ende, forma parte del devenir histórico. Ademas, puede ser conceptualizado como un conjunto de actitudes discriminatorias que valoran a las personas en función de su sexo y ayuda a construir concepciones estereotipadas de lo que es ser “hombre” o  “mujer”, con base a la asignación biológica del sexo, es por ello, que a modo de introductorio haremos una pequeña reseña sobre la historia de la moda (diseño de indumentaria) para comprender porque esta desde la práctica (uso) supo utilizarse o puede utilizarse para analizar los modos en que los cuerpos adquieren significados, que luego pasan a formar parte de la estructura y el discurso social predominante.

Reseña de los orígenes históricos de la moda.

La vestimenta comienza con la aparición del homo-sapiens, quien al principio cubría su cuerpo con las pieles de los animales que cazaba, así se protegían de los cambios en el clima, en esta etapa la vestimenta fue un factor fundamental para la supervivencia. Después con la conformación de las sociedades modernas, más la implementación de nuevas técnicas y con la manipulación de nuevos materiales, como: la lana, el algodón, spandex entre otros, ha hecho que la ropa pase a ser un accesorio que expresa identidad nacional, regional y personal.

En la Edad Media, la ropa marcaba un estatus social, entonces podemos decir, que la ropa también es un privilegio de clase, por ende, la clase dominante dictaba leyes donde se establecían los parámetros con los que se debían confeccionar las vestimentas, delimitando que telas y que colores quedaban restringidos para los nobles. Las prohibiciones de ciertos diseños, telas, colores y materiales servían para la compresión de las identidades en base a la clase. Los nobles en este contexto querían imitar el estilo de la realeza, lo que obligó a los costureros a confeccionar estilos que los diferencien de la burguesía. 

Según Laura Zambrini, autora de “Modos de vestir e identidades de género: reflexiones sobre las marcas culturales en el cuerpo”, la transición de los valores de la aristocracia ligados a las Cortes Medievales y al Feudalismo en Europa, se contraponían a los valores de la naciente burguesía. Para ésta, la puja entre clases tuvo como escenario privilegiado al campo político, que a su vez, puede rastrearse en el campo del arte y de la creación de indumentaria, donde se establecerá las concepciones acerca de la elegancia y el buen gusto en el vestir como atributos deseables y estéticos de las personas, pues ha sido en dicho momento histórico donde surgieron los primeros manuales de etiqueta y de comportamiento social. 



En el siglo XVIII aconteció la Revolución Industrial lo que significó un gran avance para el sector textil, porque al aumentar la producción de prendas de vestir ayudo que el costo de los tejidos disminuyera considerablemente, además de generar una gran variedad de diseños.

“En la Edad Moderna la moda respondía a sociedades cuyas estructuras internas se caracterizaban por la fijación de los roles sociales. Por ende, la indumentaria refería, a simple vista a las identidades de los sujetos de acuerdo a sus actividades y posiciones en la escala social”. Asimismo, el ascenso de la alta burguesía mercantil como grupo social dominante ayudo a que estas características se fueran modificando, también, entró a jugar otros acontecimientos sociales  como: La Revolución Francesa, la Revolución Industrial y la posterior consolidación del sistema capitalista, dando paso a la lógica de la distinción social, que produjo cambios internos en la estructura social abriéndole paso a nuevas identidades colectivas. En esta etapa surgió la moda propiamente dicha, es decir, con innovaciones permanentes de estilos estéticos y cambios relativos en las jerarquías sociales, escribió Zambrini.

Para Zambrini “Al modificarse el entramado social a causa del liderazgo de los valores burgueses, entre otros factores, posibilitó que tanto el dinero como los ideales de libertad e igualdad adquirieran un valor categórico. Este proceso estuvo acompañado por las mutaciones en el sistema productivo y en las tecnologías, transformando al trabajo de la industria fabril en el principal organizador de lo social”. “La Era Moderna sentó las bases para el afianzamiento de un sistema del vestir basado en el cambio continuo ya que la moda necesitó una sociedad que tenga relativa movilidad interna para su pleno desarrollo”.

(1)La sociología clásica del siglo XIX, catalogo la moda como un fenómeno contradictorio que evidenciaba la lucha social debido a la estratificación de los distintos sectores sociales produciendo así que la élite portadora de los bienes de distinción marcara la tendencia, generando así las luchas aspiracionales. La moda es aspiracional y un símbolo de distinción social.

En el año 2013 Andrés Eduardo Yáñez de la Universidad Nacional de La Plata, realizó un relevamiento cualitativo y cuantitativo sobre la vestimenta de los esclavos en el Buenos Aires posrevolucionario: en donde se analizaron  los avisos de fugas y extravíos publicados en La Gaceta Mercantil de Buenos Aires (1823-1831) con la finalidad de analizar los atuendos que utilizaba dicho grupo social, y cuestionar la visión sobre la vestimenta del esclavo. A través de este estudio Yáñez pudo comprobar que las personas que fueron sometidas a la esclavitud en el Río de la Plata utilizaban las prendas de vestir como una forma de reafirmación de la propia individualidad y el intento de preservación de la identidad de grupo.

(2)El vestuario de los esclavos en esta época colonial era un “artefacto cultural”  que se enmarca, entonces, en una actitud de resistencia ante la opresión (…) que puede ser colegida a través de los restos materiales que usaron los afroporteños, destacó Daniel Schavelzon (2003: 147), quien desde la arqueología urbana y con el desenterramiento de sus restos materiales en la ciudad de Buenos Aires, ha resaltado que Pipas, platos y otros utensilios de uso diario fueron tallados con símbolos religiosos, lo que se puede entender, según Schavelzon, como un signo inequívoco de resistencia cultural silenciosa, pero no por ello menos significativa. 

Historia política de un pantalón.

Luego de la breve reseña sobre los orígenes históricos de la moda, empezamos a comprender como el vestuario incrementó la división social y consolidó la construcción de roles, otorgándole a la formas de vestir patrones que simbolizan valores opuestos entre sí: en donde la ropa femenina debía reforzar el sentido de la seducción de las mujeres, y por otro lado, dicho sentido tenía que estar ausente en los trajes masculinos.

Para poder ejemplificar mejor la premisa fundamental de este articulo que se centra en como la ropa fue en un principio utilizada, diseñada e implementada para la diferenciación del género según sus roles, la ropa puede significar un arma poderosa en las luchas de género.

En el año 2012 la historiadora y profesora francesa, Christine Bard(3) escribió el libro “Historia política de un pantalón”,  esta obra busca estudiar la construcción del genero sexual a través del análisis de la evolución histórica de esta pieza de vestir, tomando en cuenta la construcción simbólica y política del pantalón, que primero fue símbolo de una clase social y después de un género. 

Los pantalones, fueron un símbolo del poder masculino, cuyo nacimiento se sitúa según esta autora en las clases bajas, fue una moda que viene de abajo, un movimiento contrario a la ley de imitación de las clases superiores que parece prevalecer en la historia general del traje.

El caso del pantalón es interesante para la historia de la moda, porque ha funcionado de abajo arriba, de los jóvenes a los adultos, del proletariado hacia las clases medias y superiores, de los países del Tercer Mundo hacia los países ricos occidentales, de los suburbios pobres hacia los barrios chic. La moda se vuelve un movimiento de masas (p. 262).

La politización del pantalón comienza con la Revolución Francesa en donde la identificación de un grupo social, convierte el calzón en un agente de lucha por la vida. El pantalón era la prenda del bárbaro, del pobre y se convirtió en sinónimo de revolución y modernidad. El pantalón, como símbolo revolucionario de clase paso a ser considerado por las mujeres como símbolo de igualdad, por lo tanto, en el 1800 fue prohibido para ellas su uso, condenándolas en derechos como en vestimenta.

Con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, (donde no se incluye, ni se hace referencia a las mujeres o la esclavitud), la mujer seguía criminalizada por usar un pantalón, a finales del siglo XIX, se otorgó una especie de autorización a partir de una circular que establecía que las mujeres podían usar pantalones siempre y cuando sostengan entre sus manos una “el manillar de una bicicleta o las riendas de un caballo”.

Gracias a que Olympe de Gouges, en 1791, proclamó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana fue que las mujeres entraron en la historia de los derechos humanos. Por ende, el pantalón femenino cuestiona los “mitos que estructuran los dos géneros”.

Para finalizar, la vestimenta desde un principio surgió por necesidad, pero con el correr del tiempo esta paso a estar asociada al ejercicio del poder, a su vez, también fue implementada como una forma de diferenciación entre los géneros. La mujer adoptó el pantalón como una forma de marcar su autonomía, y como símbolo político de resistencia y ciudadanía, es por ello que esta lucha derivo en la unisexualidad actual de la vestimenta, que cuestiona la construcción social de los roles, desafiando la lectura tradicional de los cuerpos. 


 (1) Laura Zambrini “Modos de vestir e identidades de género: reflexiones sobre las marcas culturales en el cuerpo”, página 7.

(2)Yañez, A. E. (2013). La vestimenta de los esclavos en el Buenos Aires posrevolucionario: Un análisis a través de los avisos de fugas y extravíos publicados en La Gaceta Mercantil de Buenos Aires (1823-1831). Anuario del Instituto de Historia Argentina (13). En Memoria Académica.

(3)Historiadora francesa, Christine Bard es profesora en la Universidad de Angers, siendo especialista en historia contemporánea. Es conocida su labor en instituciones y archivos como Archives du Feminisme o el Museo Virtual de la Historia de la Mujer.


Melina Schweizer

Periodista Dominico-Argentina, ciudadana y libre pensandora


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