Racismo sutil II: «tu hija no se parece a vos»

En Buenos Aires, las miradas que hablan a veces se materializan en palabras. En algunos, los filtros del racismo se caen más rápido. Quizá sea una tendencia mundial en las grandes ciudades: aquí los mundos íntimos e individuales se volvieron tan débiles que muchos buscan fortalecerse con las supuestas debilidades del otro.

Estamos completas

Así arrancó todo. Corría una brisa envolvente en el Monte Filopapos de Atenas y ahí estábamos los dos, Amadou y yo. Nos rodeaban decenas de griegos pero estábamos solos. Fue la primera vez en mi vida que le hablé a Dios y le dije que, si existía, no tenía miedo, que me llevara. Que era feliz.

La duda racista de las motas

Desde que nació mi hija Evangelina, vamos por la calle atravesadas por esas miradas. La miran a ella, me miran a mí y vuelven a mirarla. No hay padre a la vista. Hija negra, mamá blanca ¿No cierra la ecuación?