Las vidas haitianas importan

El racismo no es una práctica aislada que sucede en situaciones muy coyunturales, es todo lo contrario, es una constante presente en todos los planos y dimensiones de la vida, el racismo es el modo en que funciona y se organiza el mundo, como mecanismo social y cultural de clasificación y jerarquización de vidas en importantes y no importantes, es lo que posibilita la supremacía de la blanquitud en detrimento de las vidas racializadas, manchadas y marcadas por la precariedad, porque el racismo permite la pobreza, y la pobreza es indispensable dentro del sistema del capital como modelo económico y ecosistema cotidiano de vida.  El racismo no se trata solo de un tema de discriminación por color de piel o aspectos físicos, el racismo más que eso, es un entramado discursivo cargado de prácticas políticas que justifica y sostiene el capitalismo como ideal regulatorio del planeta. Sabemos que el capitalismo no es libertad, es todo lo contrario, es explotación y expropiación que tolera la in-humana acumulación de unos pocos sobre todes. Según Oxfam , “el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante de las personas del planeta”.  Ese 1% es la blanquitud, y en palabras de Rita Segato, son los dueños del mundo. 

Agentes fronterizos estadounidenses a caballo conduciendo a los migrantes de regreso a un río nos han recordado los terribles tiempos de la esclavitud. AFP

El capitalismo no es otra cosa que la invención del racismo. Resulta indispensable entender desde el principio que no hay forma de comprender la violencia estatal que experimentan personas migrantes asentadas en la frontera norte de México, sin antes tener bien claro que esas vidas desplazadas, marginalizadas y condenadas a la precariedad son producidas por un sistema capitalista global del 1% que se beneficia de la subalternización de sujetos racializados, con el fin de mantener la continuidad del colonialismo. La colonialidad no es un tema del pasado, se sufre todos los días y lo sucedido en la frontera en un campo de refugiados – la mayoría de nacionalidad haitiana – bajo el puente que conecta la Ciudad de Del Río con la Ciudad de Acuña en México, es un claro ejemplo de esto.

Empecemos diciendo que territorios como Haití, concebidos como lugares periféricos, son producto de una historia de saqueo, colonialismo e imperialismo rampante por parte de las economías centrales que operan a través del imperialismo y aplican políticas estructurales que condenan a estos países a la pobreza y la miseria total. Hay que saber que la situación de Haití no es debido a las catástrofes ambientales que ha sufrido últimamente con los terremotos del 2010 y 2021, que dicho sea de paso son colapsos ambientales que su vez son consecuencias de la necro-economía globalizada del capitalismo que se sostiene por medio de la explotación de la tierra y la depredación de ecosistemas a nivel mundial, sino que, el cúmulo de políticas coloniales como el que se vio forzado Haití, al tener que pagar una indemnización a Francia por 122 años (de 1804 a 1947) por concepto de daños y perjuicios a los colonos franceses y por reconocimiento internacional, explica la negación de un futuro y el apurado destino que ha tenido que soportar ese territorio en el Caribe, al convertirse junto al tercer mundo en los condenados de la tierra, usando las palabras de Fran Fanon. Les hatianes no le roban nada a nadie, occidente colonial le ha robado históricamente su derecho a existir y negándoles el acceso a la vida. No todas las personas nacen con derechos humanos, el pueblo haitiano con quien he compartido el territorio ha sido condenado a morir, desde su fundación, y es fundamental entender esta impunidad histórica para darnos cuenta que las múltiples violencias que sufren las personas migrantes haitianas, tanto en el Estado racista de República Dominicana, con quien comparte la isla, que en 2013 su Tribunal Constitucional dictó la sentencia 168-13 que quitó la nacionalidad dominicana a personas nacidas en el país desde el 1925, contraviniendo derechos ganados y reconocidos en la Constitución dominicana como en tratados internacionales, como el derecho a la igualdad, a la nacionalidad, a la personalidad jurídica y a la no discriminación, así como el trato violatorio que reciben en otras coordenadas y geografías del mundo, cuando deciden moverse y cruzar fronteras en búsqueda de la vida. 

Por lo anterior, es necesario enfatizar que las crisis humanitarias son resultados de decisiones políticas. La precarización de la vida, el tratamiento cosificable y el lugar necro que ocupan las vidas negras y racializadas en el mundo, son una elaboración del racismo estructural, del capitalismo como gobierno del mundo y del aparato estatal que construye ciudadanías blancas heterosexuales y capacitistamente funcionales en detrimento de las vidas negras, indias y fronterizas que habitan los límites de las líneas nacionales de los Estados. Por esa razón parece que migrar y huir de la muerte, es un crimen y no un derecho humano.

Aunque las noticias no lo digan, el mundo siempre está bajo una crisis migratoria. Y esto es una constante, porque el mundo está jerarquizado en dos polos: un primer mundo y un tercer mundo, porque la colonialidad es binaria. Los conflictos armados, las crisis humanitarias, el extrativismo y las lógicas de saqueo del capital transnacional empresarial y de Estado,  siempre se dan en los espacios in-humanos donde habitan las vidas no importantes, y el primer mundo siempre será el escenario idóneo para el desarrollo. En palabras más sencillas, hay lugares donde la vida es un derecho y hay otros donde debes luchar por vivir. La crisis en la frontera norte de México con Estados Unidos, donde agentes de la guardia migratoria fronteriza del Gobierno de Joe Biden, como si se tratara de una escena del siglo XVIII o XIX, persiguieron sobre caballos personas  refugiadas, que se encontraban con sus familias bajo el puente que une a Texas con México, donde unas  12 mil personas migrantes asentadas, en su mayoría haitianas, en un campo de refugiados improvisado, sin lugar seguro donde regresar y en espera de recepción de aquella tierra que edificada sobre las espaldas de gente negra, se ha proclamado bajo el excepcionalismo americano, ser la tierra de la libertad y la prosperidad. Pero lo que faltó precisar, es que esa prosperidad está reservada a los colono-descendientes del pacto racial que constituye la supremacía blanca y los dueños del mundo.


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Estas personas migrantes perseguidas por policías en caballos, ejemplifica una escena muy común en los tiempos de la esclavitud, donde el capataz, con todo el poder que le otorgaba su humanidad blanca, perseguía con un látigo en la mano aquellos negros cimarrones animalizados que se atrevian a escapar de ese sistema económico de muerte que los concebía como maquinas explotables y vidas que no importaban. Siempre la acción de escapar – fugarse, trae consigo un potente significado de querer vivir, huimos del patriarcado, de la colonialidad, del régimen de la heterosexualidad… se huye porque siempre se quiere salvaguardar algo, en el caso de las personas migrantes asentadas en la frontera norte, huyen también de la esclavitud que nunca ha dejado de ser, sino que ha sido transformada dentro dentro de la globalización en una maquinaria capitalista que seca territorios y extrae recursos, matando a quienes allí viven.

Las personas que fueron perseguidas por el Estado gringo, se encontraban en la misma herida colonial, usando las palabras de Gloria Anzaldúa, fueron reprimidas por la policía fronteriza por cometer el “error” de cruzar a México  a comprar comida, con la esperanza de poder regresar con sus familias. No ser blanco y pobre en un mundo gobernado por la blanquitud y el capital siempre es un acto de sobrevivencia, incluso cuando se trata de comer. 

Es importante recordar, que esta situación no es aislada, la violencia estatal de parte de los Estados nacionales hacia personas migrantes es una constante en una sociedad globalizada configurada entre Estados y fronteras, entre personas legales e ilegales y ciudadanías de primera y vidas subalternizadas. Ante esta situación es necesario recordar que ninguna vida es ilegal y que la precarización de la vida es una herencia colonial que es necesario enfrentar desde una perspectiva estructural y un reconocimiento total de la violencia ontológica que implica habitar un mundo que es un error, donde las vidas negras no importan y donde el colonialismo es persistente. 


Waquel Drullard

Marika heterodisidente, AFROmestiza-indiadescendiente, travesti negra caribeña, TopModel voguera, sin identidad segura y monstruo contra-género como política de vida anticolonial. Parte de la colectiva antirracista AFROntera y Décima Ola, espacio de deformación contrasexual.


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