La otra cara de Israel: judíos a favor de Palestina

Un par de años antes de morir, Amoz Oz, uno de los escritores contemporáneos más relevantes en la tradición hebrea, dijo en una entrevista que no era capaz de hacer predicciones sobre qué iba a ser de Israel y Palestina en los siguientes siete meses, pero sí lo que quería ver: paz. Jerosomilitano de nacimiento, llegó al mundo en medio de una pugna que se extiende hasta nuestros días y murió con la añoranza de ver una convivencia pacífica entre árabes e israelíes. Sin embargo, Oz no fue el único portador de este deseo, ya que en el interior de este histórico conflicto no todo es blanco o negro.

Alberto Bendahan es un abogado nacido en Ceuta, ligado al judaísmo por influencia materna, aunque no se considera religioso: “La Halajá –ley judía–, establece que todo hijo de madre judía es considerado como tal, por eso lo soy”. Él es una de las personas que pertenece al grupo de judíos a favor de la existencia del Estado de Palestina y del fin de la ocupación israelí. 

Bendahan define que la corriente que lucha por una “solución amistosa” es más grande de lo que se pueda pensar. “Hay que entender que Israel es un país complejo, donde la realidad es tan diversa como la de cualquier otra región. Dentro de la Knesset –parlamento– hay fuerzas de izquierda, derecha, laicas, religiosas o representantes de los árabes israelíes”. Es por ello por lo que, entendiendo este panorama, le parece una postura demasiado reduccionista decir que todo Israel está en contra de los derechos palestinos: “Hay grupos de ultraortodoxos y ultraconservadores que sí tienen una visión del país como estado único, pero en mi opinión no es tan mayoritaria”

Un grupo de personas junto a una persona con un traje de color negro

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Miembros de la ONG ultraortodoxa Naturei Karta. Foto: Peter Mulligan

¿Es posible un sionismo progresista?

La cuestión de si el sionismo puede ser respetuoso o no con los derechos de los palestinos es uno de los muchos debates abiertos dentro de este enfrentamiento. El movimiento sionista, enunciado por Theodor Herlz, surge en Europa central durante el siglo XIX para defender la idea de que exista un estado para el pueblo judío en la Tierra de Israel (Eretz Yisra’el). La conocida como “Tierra Prometida” al pueblo judío es un término que aparece en la Biblia y que las tradiciones judía y cristiana han utilizado para referirse a las antiguas regiones de Judá e Israel, es decir, lo que posteriormente sería el mandato británico de Palestina: territorio entre el Mar Mediterráneo y el Valle del río Jordán, y entre el río Litani y el Néguev, sin incluir Sinaí. 

Por tanto, el sionismo es una corriente que trabaja por la liberación nacional y la libre autodeterminación del pueblo judío. Dentro del propio movimiento, existen diversas ramas para conseguir estos objetivos finales. El sionismo socialista se acerca a las teorías comunistas y pide la independencia judía en la Europa oriental y que el yidis sea la lengua oficial judía. Se caracteriza por el secularismo. Por su parte, el sionismo revisionista es radicalmente opuesto al socialista, ya que sostiene la imposición de un tradicionalismo judío firme basado en la religión y en reinstaurar los límites geográficos antiguos. El sionismo religioso aboga por la existencia de una fusión entre el Estado judío y la religión, siendo su lema “El pueblo de Israel, en la Tierra de Israel, según la Torá –libro sagrado– de Israel”. Finalmente, otra de las ramificaciones más destacadas es el sionismo cristiano, que defiende que el retorno judío a Tierra Santa y el establecimiento del Estado judío en 1948 fueron profecías bíblicas y que, además, para cumplir enteramente con estos preceptos divinos, los judíos deben convertirse al cristianismo.


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Sobre este debate, Bendahan expone que la mayoría de judíos apoyan el sionismo, ya que no hacerlo significaría estar en contra del Estado de Israel: “También hay judíos antisionistas, pero muy pocos, como existen mujeres en contra del feminismo”. Decir que el sionismo está en contra de los árabes le parece “injusto” ya que este movimiento comprende un abanico enorme de posturas: “El sionismo nunca ha hablado en sus bases de que la coexistencia no sea la solución, el problema es que se ha recrudecido con sus interpretaciones”. Asimismo, el letrado apela a un sionismo progresista, que precisamente habla de la “convivencia entre los pueblos y la abolición de clases”. 

De lo que habla el abogado es del llamado sionismo de izquierda, relacionado directamente con la rama socialista. Darío Teitelbaum, secretario general de la Unión Mundial Meretz –que coordina el trabajo político del partido israelí Meretz en el resto del mundo–, nació en Argentina, donde se crio bajo los preceptos del sionismo socialista. Ahora, vive en Israel. El secretario explica que este tipo de sionismo nació como una gran idea de cooperativismo: “De hecho, este modelo los llevó a crear un sistema de salud que, 120 años más tarde, es de los más eficaces del mundo. Esto esclarece la eficacia de Israel en cuanto a la vacunación contra el coronavirus, el sistema de salud socializado que viene desde los albores sionistas”.

Pero, tal y como comentaba Bendahan, existe la discrepancia. Una persona perteneciente al grupo de judíos antisionistas es Tali Feld, quien relaciona esta corriente progresista con el redwashing o lavado rojo, es decir, la utilización de discursos propagandísticos para aparentar que una persona o entidad determinada está comprometida con la igualdad social. “Este sionismo de izquierda no cuestiona la forma en que nació el Estado de Israel. Habla de una autoproclamación de independencia que solo ha desembocado en la Nakba o catástrofe palestina, que produjo más de 70.000 refugiados, la destrucción de 400 aldeas y ciudades y el robo de tierras, casas y propiedades palestinas”. En base a esto, Feld declara que este progresismo realmente excluye a Palestina y perpetúa la teoría de los dos demonios al presentar a Hamás e Israel como dos fuerzas similares. 

La teoría de los dos demonios se desarrolló en Argentina entre 1976 y 1983, cuando el gobierno de Jorge Rafael Videla tomó el poder por la fuerza, bajo la justificación de combatir a grupos guerrilleros como los Manteros o el Ejército Revolucionario del Pueblo, que se dedicaban a cometer atentados. Las Fuerzas Armadas de Videla impusieron un gobierno de facto cuya misión era restaurar el orden. Por tanto, los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado (desapariciones forzadas, secuestros, asesinatos, robos de bebés…) fueron considerados “excesos” dentro del marco de una “guerra civil”, cuando en realidad, se trataba de una pugna radicalmente desigual entre un ejército consolidado y una guerrilla. “Yo no llamo conflicto a lo que ocurre entre Israel y Palestina porque son dos bandos desiguales. Israel tiene uno de los ejércitos más potentes del mundo mientras que Hamás lanza cohetes y morteros y los palestinos tiran piedras… Esto es una ocupación, es colonialismo”, defiende Feld.

Para Teitelbaum, precisamente lo que hace el sionismo de izquierda es “bregar porque se pueda mantener esta postura sin atentar a los derechos universales de los palestinos”. Para el secretario, hablar hoy en día de si este tipo de sionismo es posible es “como preguntarse si puede haber nieve en el Kilimanjaro”: ambas cosas ya existen. “El Estado judío existe y eso no va a cambiar. El debate real está en definir cuál va a ser su carácter a lo largo del tiempo respecto al Estado palestino y cómo va a gestionar los movimientos de derecha y extrema derecha que están surgiendo”.

Un Estado, dos Estados

Jerusalén, la Ciudad Santa para musulmanes, judíos y cristianos es la piedra angular sobre la que pivota esta guerra, y su control, una de las cuestiones que más dificulta la finalización. Para los israelíes, la Ciudad Vieja es su capital. Para los palestinos, también.

La solución de los dos Estados es una de las propuestas más destacadas para acabar con las pugnas territoriales. Presentada por la ONU en 1947, consiste en crear dos países separados e independientes en el territorio del antiguo mandato británico de Palestina: el Estado de Israel y el Estado de Palestina. Los límites de ambos siguen hoy en día sujetos a una candente discusión, pero, en líneas generales, se asume que el Estado de Palestina comprendería la Franja de Gaza y Cisjordania –lo que hoy en día conforman los Territorios Palestinos administrados por la Autoridad Nacional Palestina–. Dentro de esta teoría los palestinos reivindican a Jerusalén Este como su capital, tesis que, aunque es admitida generalmente por la comunidad internacional, es rechazada por Israel. “Las fricciones casi irreconciliables sobre Jerusalén y la cantidad de sangre derramada hacen que se dificulte esta solución. Pero es la única viable. No hay un plan C porque Israel no va a renunciar su derecho a existir, ya que es legítimo y se le ha permitido en base al derecho internacional. Y Palestina también tiene el mismo derecho a tener un estado”, describe Bendahan.

Esta opinión está suscrita por Teitelbaum, quien considera que solo una postura política basada en el mutuo derecho a la autodeterminación de ambos pueblos podrá llegar hasta la solución. “Israel va a vivir una encrucijada que se volverá más dura en los próximos años. Debe decidir si va a ser un Estado judío y democrático; si va a perder su carácter judío convirtiéndose en plurinacional; o si va a dejar de lado su sentido democrático continuando con la ocupación”. Además, hace hincapié en la necesidad de que, si unos “extienden la mano” para reconocer el derecho del otro, este reconocimiento sea bilateral.

Pero la esperanza de tender puentes parece estar cada vez más lejos. La tirantez se ha intensificado aún más en las ciudades mixtas, si cabe, durante la última ofensiva que se ha vivido contra Gaza, que tuvo comienzo el pasado día 10 de mayo y finalizó tras más de dos semanas de ataques desmedidos. “Muerte a los árabes” fue una de las proclamas que corearon numerosos judíos durante esos días de violencia. Además, esta fue la primera vez que Hamás –fuerza administradora de la Franja de Gaza– entró en una ofensiva directa contra Israel sin que significara una protesta por el bloqueo al que es sometido la población gazatí: en esta ocasión fue por Jerusalén. “Las tensiones entre árabes y judíos son uno de los principales problemas que tiene Israel ahora mismo. Por parte de Hamás, se hizo hecho un llamamiento a producir disturbios y Benjamin Netanyahu necesitaba un enemigo sobre el que validar su estrategia política, por eso culpabilizó a la población árabe de todos los males que le ocurren a Israel. El hecho de señalar a grupos de población como el adversario ha empeorado la última escalada”, explica Bendahan.

En base a esto, el abogado reconoce la dificultad para articular un diálogo entre las partes implicadas que acabe con la pugna, pero también define que es la única salida: “Es complicado llegar a acuerdos cuando las políticas trascienden a los sentimientos. Pero es la única opción, y cuanto antes se entienda, antes se acabará con esto”. “Tiene que generarse un proceso de vuelta al diálogo entre el gobierno israelí y la Autoridad Nacional Palestina para poder trazar un camino de negociación que dé lugar a un Estado palestino al lado del Estado israelí, y no en lugar de él”, apoya Teitelbaum.

Feld, por su parte, coincide en que la solución ideal “la tienen que encontrar los involucrados en esto a través de conversaciones”. Sin embargo, no cree que la idea de los dos Estados sea viable: “La realidad es que ya hay un solo estado y eso va a ser difícil de cambiar. Israel robó parte de Palestina haciendo que ahora el pueblo árabe viva en una situación de apartheid bajo leyes discriminatorias, aislamiento, restricciones, humillaciones cotidianas… Para mí la solución de los dos Estados, con todo esto, se ha convertido en algo impracticable”. Por ello, considera que el desenlace más justo sería la creación de “un estado laico, democrático e incluso plurinacional”.

El 21 de mayo Israel decretó un alto el fuego unilateral que posteriormente fue aceptado por Hamás. A partir de las dos de la madrugada –hora local– una calma que no había existido en los diez días de ofensiva se apoderó de la Franja de Gaza. Calma que nadie sabe definir con exactitud cuánto durará, ya que el pasado miércoles resurgieron los ataques cruzados. En una disputa tan compleja como la que envuelve las relaciones entre palestinos e israelíes es difícil encontrar la solución idónea. También es complicado que todas las posturas, incluso entre quienes comparten lucha por el fin de la ocupación, coincidan. Pero hay un punto en el que convergen las esperanzas de muchos árabes, palestinos, israelíes, judíos, musulmanes y laicos, que ya enunció Oz y que, probablemente, sea el más importante: que la tranquilidad se mantenga y, por fin, traiga la paz.

Nerea De Ara


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