El explorador negro que se convirtió en el primer hombre en pisar el Polo Norte

A menudo, se atribuye la hazaña de haber llegado por primera vez al Polo Norte al esclavista y explorador estadounidense Robert Peary, en 1909. Sin embargo, pocas veces es reconocida la figura de su ayudante, el afroestadounidense Matthew Henson, quien llevaba a cabo el trabajo agotador de salvar vidas, hacer cálculos esenciales, llevar las cargas más pesadas, conseguir los víveres necesarios, construir y manejar trineos de nieve, etc. Peary sufrió de agotamiento en la última etapa del viaje, por lo que no pudo seguir adelante y, entonces, fue Henson el que continuó el camino convirtiéndose así, en el primer hombre no aborigen en alcanzar una de las zonas más remotas e inhóspitas del planeta: el Polo Norte geográfico, que está situado al norte de Groenlandia, en el océano Ártico. 

Matthew Henson

Pero, ¿por qué se le atribuyó el mérito a Peary y no a Henson? ¿Por qué fue olvidado y marginado por décadas? Sencillo:  por el racismo y la discriminación, por no encajar en el perfil de las personas a las que les está permitido hacer historia. De todos modos, aunque las conclusiones están claras, vamos a remontarnos a los hechos para comprender cómo transcurrieron los acontecimientos. Matthew Henson nació en agosto de 1866 en el Condado de Charles, Maryland, Estados Unidos. Era hijo de dos aparceros negros que habían nacido libres, aunque los supremacistas blancos no estaban libres de odio contra ellos. Sus padres y él se vieron obligados a abandonar el estado por ataques del Ku Klux Klan. Así, Henson perdió a su madre a una edad temprana y pocos años más tarde acabaría perdiendo también a su padre, dejándolo a él y a sus hermanos al cuidado de otros miembros de la familia. Su infancia no fue nada fácil, a los 11 años Henson decidió irse de casa y arreglárselas por sí mismo. 

De esta manera, trabajó brevemente como friegaplatos en un restaurante, hasta que consiguió un puesto como grumete en el barco mercante Katie Hines. Allí, tuvo la protección de su patrón, el capitán Childs, quien se ocupó de la educación de Henson enseñándole a leer y escribir e instruyéndole en las ciencias náuticas. A bordo del Katie Hines, el joven afroestadounidense viajó por el mar tocando puerto en los continentes de Europa, África y Asia. Y de muelle en muelle pasó el tiempo, cuando en 1884 falleció el Capitán Childs y Henson abandonó el barco con el que había conocido el mundo, ignorando que el destino le tenía preparado aún un gran viaje que quedaría grabado para siempre en la historia.

Asimismo, Henson se trasladó a Washington D. C. donde encontró trabajo como empleado en una sombrerería masculina. Tres años más tarde, en 1887, pasó por la tienda el explorador y oficial del Cuerpo de Ingenieros Civiles de la Marina de los Estados Unidos de ese entonces, Robert Edwin Peary. En una conversación con Henson, Peary se dio cuenta de su gran potencial debido a su experiencia como marinero, por lo que lo contrató en calidad de ayudante de inmediato para realizar una expedición en la selva tropical de Nicaragua.  

Carrera como explorador

Desde entonces, Henson acompañó en todas sus incursiones a Peary. Después de regresar de Nicaragua, ambos estuvieron explorando Groenlandia con el fin último de conseguir llegar al Polo Norte. La primera expedición tuvo lugar a finales de 1891 y se prolongaría durante un año. Allí, Henson aprendió sobre la cultura esquimal, su idioma y las distintas habilidades de supervivencia de los nativos del Ártico. Volvería con Peary en 1893, con el objetivo de trazar la capa de hielo completa. No obstante, por poco pierden la vida por inanición, aunque lograron sobrevivir comiéndose a la mayoría de los perros de trineo —solo quedó vivo uno—. Regresaron entre 1896 y 1897 para recoger tres meteoritos que habían hallado en sus misiones anteriores. Las vendieron al Museo Americano de Historia Natural y utilizaron las ganancias para financiar sus futuras expediciones a la gran isla helada.  

En ese tiempo, Henson se divorció de su esposa, Eva Flint, con quien se había casado en 1891 y cuyo matrimonio fracasó por las frecuentes ausencias de él. Sin embargo, Henson siguió adelante en su aventura junto con Peary de tocar suelo del polo ártico. Lo intentaron tres veces comenzando el nuevo siglo: la primera en 1902, en la que murieron miembros del equipo esquimal que los acompañaba por falta de alimentos; la segunda en 1905, con el apoyo del presidente Theodore Roosevelt surcaron el ártico con un barco de última generación con la capacidad de romper el hielo, pero su misión por mar se vio frustrada y se vieron obligados a retroceder; y la tercera fue la vencida, en 1908, donde Henson demostró ser imprescindible para el equipo construyendo trineos y capacitando a otros en su manejo. Hasta el propio Peary dijo en una ocasión lo siguiente: “Henson debe llegar hasta el final. No puedo llegar allí sin él”.

 

Henson, Bartlett, Borup, MacMillan

Y llegó, por fin, el momento de mayor realización para Henson cuando tuvo que tomar el mando al sentirse Peary indispuesto para continuar (no pudo abandonar su campamento y se quedó atrás). Acompañado de cuatro esquimales, Henson prosiguió la marcha. En sus memorias, narra de la siguiente forma el momento de su llegada al Polo Norte al ir a poner la bandera estadounidense:  

La bandera chasqueó y crujió con el viento, sentí una alegría y un jubilo salvaje. El logro de otro mundo se hizo y se terminó, y como en el pasado, desde el comienzo de la historia, dondequiera que el trabajo del mundo fuera realizado por un hombre blanco, lo había acompañado un hombre de color. Desde la construcción de las pirámides y el viaje a la Cruz, hasta el descubrimiento del nuevo mundo y del Polo Norte, el Negro había sido un fiel y constante compañero del Caucásico, y sentí todo lo que era posible para sentir que era yo, un miembro humilde de mi raza, quien había sido elegido por el destino para representarla, en este, casi el último de los grandes trabajos del mundo”. 

Un negro en el Polo Norte (1912), Matthew Henson

El posterior borrado histórico

A su regreso, luego de aquella experiencia, los méritos y el reconocimiento público recayeron en la figura de Peary, que a ojos de todos había sido el líder de la misión. Henson no obtuvo en ese tiempo ninguna retribución por sus contribuciones a la exploración polar. Y así fue durante casi un siglo. Hasta que en el año 2000 recibió póstumamente la medalla Hubbard por el National Geographic. Años atrás, en 1987, ya había habido un intento de reparación por parte del presidente Ronald Reagan —a petición del Dr. S. Allen Counter— al trasladar los restos de Henson y su segundo esposa, Lucy, al Cementerio Nacional de Arlington, donde también yacen Peary y su esposa Josephine. 

Henson, tras su misión del Polo Norte, pasaría más de dos décadas como empleado en una aduana federal de Nueva York. Finalmente, murió en marzo de 1955, a la edad de 88 años. Su vida y sus hitos como explorador quedarían expuestos en su autobiografía, Un negro en el Polo Norte, publicada en 1912.

Sylvie Bécquer



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