Esther Kamatari, de princesa de Burundi a ser la primera supermodelo negra en Francia

Después del asesinato de su padre, el príncipe Ignace Kamatari, en 1964 y tras el homicidio de su primo el rey Ntare V de Burundi en 1972, Esther Kamatari se vio obligada a exiliarse del país con el dinero de su matricula universitaria. Compró un boleto de ida a París, Francia, y su vida ya no volvería ser la misma de antes. Tuvo que ponerse a trabajar para sobrevivir y lo hizo modelando para firmas de ropa francesas. En poco tiempo, Kamatari había pasado de ser una princesa africana exiliada a convertirse en la primera supermodelo negra de Francia en los años setenta. Curiosamente, lo que impulsó su carrera en la industria de la moda no fueron sus aptitudes físicas ideales para modelar que, por supuesto, las poseía, sino sus orígenes reales. 

Esther Kamatari nació el 30 de noviembre de 1951 en Bujumbura, antigua capital de Burundi y la ciudad más poblada del país a día de hoy. Pasó sus primeros años como princesa de la nación africana, por lo que se vio obligada a crecer antes que la mayoría de los niños. Durante su crianza en la familia real de Burundi, su padre solía enseñarle lecciones sobre la humildad. Por ejemplo, le indicaba que caminara a la escuela con los niños cuyos padres no tenían coche. “Solíamos ir juntos, a pie, porque mi padre decía: ‘sus padres no tiene un vehículo, así que tienes que caminar con ellos. Y entonces podrás entender cómo es su vida’”, recuerda la ya ex modelo en una entrevista ofrecida a Insider

Con la entrada de la década de 1960, el país entró en una época de inestabilidad política y social a raíz de la independencia de Bélgica en 1962, que años más tarde desencadenaría una guerra civil —de naturaleza fratricida, entre los tutsis y los hutus—, cobrándose 300 000 vidas. A la edad de trece años, Esther Kamatari presenció el asesinato de su padre, el príncipe Ignace Kamatari. Un año más tarde, el que era rey de Burundi y tío de la joven princesa, Mwambutsa IV, se exiliaba a Suiza. Éste dejó la corona en manos de su primogénito, el que fuera el último rey de Burundi, Ntare V. Sin embargo, terminó siendo asesinado, al igual que el padre de Kamatari, en 1972. La futura supermodelo decidió partir de su tierra natal después de haber finalizado sus estudios en la Escuela Nacional de Administración de Burundi. “Cuando vi morir a mi padre, me di cuenta de cómo se puede perder todo en un segundo. Solía ser el príncipe, el hombre enorme. Todos lo respetaban, los niños lo amaban y fue asesinado. Así que decidí no vivir nunca más en el país que mató a mi padre”, explica Kamatari. 

Una vez en la capital francesa, la princesa exiliada se llevó una sorpresa al ver que la gente cuestionaba sus orígenes reales. Kamatari reveló lo siguiente: “Algunas personas me han preguntado, ‘¿Eres una verdadera princesa?’. Porque la mayoría no cree que en África solíamos tener reinos e imperios. En la mente de ciertos individuos, África es esclava, está sucia, no es nada”. Observó que la definición que ella tenía de lo que significaba ser un miembro de la realeza contrastaba totalmente con el pensamiento europeo y occidental. “La gente piensa que ser princesa o príncipe se trata de dinero. Pero nadie habla del deber, de la educación o de predicar con el ejemplo. Cosas así”, afirma la princesa burundesa. 

Asimismo, fueron sus antecedentes aristocráticos los que la catapultaron a la fama en las pasarelas parisinas. Unido esto a su figura esbelta y su altura de 1,8 m, el éxito estaba asegurado. Llegó a trabajar para Lanvin, Christian Dior, Yves Saint Laurent, Paco Rabanne, Pucci, Jean-Paul Gaultier, entre otros. La princesa convertida en estrella de la pasarela cree que, durante el tiempo que comenzó en ella década de 1970, la industria era “más curiosa y más abierta” y fue, en última instancia, esta mentalidad y su estatus real lo que la ayudó en su carrera. “En ese momento, las cosas eran más fáciles y no sentías diferencias porque éramos profesionales y había elegancia. No tenemos esa elegancia en la industria de la moda hoy”, asegura Kamatari. 

La ex modelo aún recuerda lo difícil que le era encontrar maquillaje hecho para mujeres negras, por lo que a menudo terminaba usando productos que pertenecían a sus amigas. De esta manera, transcurrieron años de triunfo para Kamatari en el modelaje. Su ejemplo mostró a otras mujeres negras que nada era imposible y sentó las bases para futuras modelos negras. 

En los años noventa, volvió a su país para participar en causas humanitarias, sobre todo, para ayudar a los miles de niños que se encontraban en una situación de extrema vulnerabilidad a consecuencia de la guerra civil iniciada en 1993. Así, se involucró en la Asociación del Pueblo de Burundi, con sede en Francia. Para 2001, la princesa  publicaba su autobiografía, Princesse des Rugo: non histoire, en colaboración con Marie Renault, y la cual se divide en tres partes. La primera incluye una breve presentación de Burundi y la infancia y adolescencia de la autora en el país. También, contiene análisis políticos. En cuanto a la segunda y tercera parte del volumen, se narra la vida de Kamatari en Francia, su carrera en la alta costura, su regreso a sus raíces y su esperanza de que las generaciones futuras no paguen el precio de la locura de los hombres de hoy. 

De esta forma, en 2004 la princesa africana decidió postularse a presidenta en las elecciones presidenciales de Burundi. Pero, no lo logró. No obstante, no tiró la toalla. A través de su nueva organización benéfica, la Fundación de la princesa Kamatari de Burundi, planea defender causas medioambientales. Ya ha comenzado a trabajar en Mali para combatir el uso de las bolsas plásticas. Además de todo ello, Kamatari se dedica a formar modelos para Culture et Création desde 2010, un desfile de moda celebrado en Francia que tiene como objetivo unir 40 nacionalidades en el mundo de la moda.

Sylvie Bécquer


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