Drum, la revista sudafricana que desafió y documentó el apartheid

El establecimiento de Drum Magazine en los años cincuenta, cuando la política del apartheid del Partido Nacionalista recién entraba en vigor, supuso el único espacio periodístico en el cual se reflejaron los cambios socio-políticos que estaban teniendo lugar para las comunidades urbanas negras de Sudáfrica. La publicación mensual, con sede en Johannesburgo, se convirtió en una plataforma importante para una nueva generación de escritores y fotógrafos que cambiaron la forma en que se representaban a los negros en la sociedad. 

En 2005, fue descrita como “la primera revista de estilo de vida negro” del continente africano y este año, cumple siete décadas de vida. En la actualidad, publica contenidos relacionados con las finanzas, el entretenimiento y, periódicamente, hace reportajes en profundidad sobre temas sociales de la nación sudafricana. Pero, para entender el papel social que jugó en sus inicios, hagamos un breve repaso a su historia. 

Inicialmente, fue fundada en 1951, en Ciudad del Cabo, por el periodista y locutor Robert J. Crisp, también conocido como Bob Crisp, con el nombre de The African Drum. Crisp se caracterizó por exponer representaciones condescendientes y tribales de los sudafricanos negros a través de la mirada blanca. De esta forma, no pudo captar audiencias nacionales ni extranjeras, por que no tuvo éxito financiero. Así, tomó el relevo el inversionista Jim Bailey, quien reemplazó a Crisp por Anthony Sampson —quien se convertiría en el biógrafo autorizado de Nelson Mandela— como editor jefe y dio un giro en el enfoque de las informaciones para añadir un toque más humano y cercano a la realidad por la que estaba pasando la comunidad negra de Sudáfrica. 

Para ello, lo primero que hizo fue trasladar las oficinas de la revista a Johannesburgo, el corazón de la cultura negra en ese momento. Con la ayuda de un equipo de escritores y fotógrafos, Bailey rediseñó y renombró la revista —pasó a llamarse solamente Drum—, haciéndola más dinámica. Se hizo énfasis en cómo transcurría la cotidianidad en los barrios negros y, desde entonces, se caracterizó por sus portadas anti-apartheid con celebridades sudafricanas como protagonistas de las mismas. 

Las oficinas de Drum se encontraban, concretamente, en el municipio de Sophiatown, uno de los últimos barrios multirraciales supervivientes del apartheid y un símbolo de resistencia contra el régimen racista. Como era de esperar, la revista se hizo eco de la floreciente escena artística y cultural de la zona mediante artículos ingeniosos y desafiantes sobre el jazz que se tocaba en los shebeens (bares clandestinos ilegales), donde cantaban artistas negras como Dolly Rathebe, Miriam Makeba y Dorothy Masuka, y quienes posaron para las ediciones de Drum. También poetas, maestros de escuela e incluso gángsteres que se reunían en estos clubes inspiraron más de 90 historias, entre ellas: A South African Childhood (1954), Sophiatown (1956), The House of Truth (1957) o Into the Slums (1959).

Teniendo a Sophiatown como musa, Drum contó la historia de una Sudáfrica donde, a pesar de los implacables ataques a la libertad y la autoexpresión, el arte negro prevaleció y las comunidades negras resistieron, aunque sea por un tiempo. Para algunos lectores, la revista ofreció una distracción de la realidad opresiva de la vida bajo la segregación racial, una celebración de la tradición y belleza negras que rechazaban los códigos supremacistas blancos que dominaban en los principales medios de comunicación sudafricanos. De igual modo, las historias de crímenes con fotografías imaginativas fueron populares entre los lectores de Drum. Con esto último, se convirtió en la primera revista en exponer verdaderamente la multitud de injusticias que enfrentaban los sudafricanos negros a diario, desde la brutalidad policial hasta las prácticas laborales abusivas o las expulsiones forzosas (y muchas veces violentas) de comunidades negras —incluida la de Sophiatown en 1955— legitimadas por la Ley de Agrupación por Áreas (Group Areas Act). 

Asimismo, la Ley de pases (Pass laws) limitaba de manera estricta la libertad de movimiento de los sudafricanos negros, por lo que el equipo editorial de Drum tuvo que ingeniárselas de mil formas para acceder a la verdad de lo que pasaba. En uno de sus primeros reportajes notables, el periodista de investigación Henry Nxumalo, recordado como “Mr. Drum”, se infiltró como obrero para sacar a la luz las condiciones esclavistas de trabajos forzados en una granja de papas en el pueblo rural de Bethal. Los trabajadores agrícolas, que eran negros, fueron engañados y obligados a trabajar sin poder salir libremente debido al sistema de contratos. Las vejaciones fueron múltiples: palizas, hambre, esclavitud y hasta el asesinato. Enfrentándose a la posible tortura y muerte si era capturado, Nxumalo logró escapar en la oscuridad de la noche y regresar a Johannesburgo para publicar el reportaje. 

Henry Nxumalo

Este valiente periodista sudafricano también se haría arrestar para revelar las atrocidades del sistema penitenciario del país. Las revelaciones del “Sr. Drum” ayudaron a posicionar a la revista como una fuerza del periodismo de investigación en África, provocando indignación internacional por el régimen del apartheid. Lamentablemente, pagó un alto precio por ello.  La labor periodística de Nxumalo se estaba convirtiendo en un verdadero estorbo para los intereses imperialistas y coloniales así, fue apuñalado y encontrado muerto en diciembre de 1957, mientras investigaba un fraude relacionado con las prácticas abortivas de un afamado médico. Nunca se encontró al culpable. Su historia se trasladó al cine con la película Drum, estrenada en 2004. 

Una de las características principales de la redacción de Drum es que no había un apartheid como tal. El fotógrafo Peter Magubane escribió lo siguiente: “No hubo discriminación en las oficinas de la revista. Era solo cuando dejabas Drum y salías al mundo exterior por la puerta principal que sabías que estabas en la tierra del apartheid. Pero mientras te encontrabas en su interior, todos éramos una familia”. 

Más tarde, en 1965, la revista sudafricana perdió el favor del público a la par que el “Renacimiento de Sophiatown” llegaba a su fin cuando las excavadoras del apartheid arrasaron el lugar —la mayoría de los redactores terminaron muriendo a manos de los colonos o exiliándose al extranjero—. En poco tiempo, se convirtió en un suplemento bimensual del Golden City Post. Sin embargo, en su apogeo durante la década de 1950, Drum llegó a vender 240 000 ejemplares en el continente africano, con ediciones especiales impresas en Ghana, Kenia, Nigeria, Uganda y Sierra Leona. En 1968, la publicación fue resucitada y hoy es la sexta más grande en circulación en África.

Sylvie Bécquer

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