La intensa vida de Eartha Kitt, de ser la primera actriz afrodescendiente en representar el personaje de Catwoman a estar condenada al ostracismo por razones políticas

En su momento, llegó a ser conocido mundialmente el característico ronroneo que emitía la actriz afrodescendiente Eartha Kitt en el mítico personaje de Catwoman en la serie Batman, emitida desde 1966 hasta 1968, a pesar de haber salido solo durante la tercera y última temporada. Pero, este es únicamente uno más de los tantos capítulos apasionantes de la vida de una mujer valiente que se enfrentó al rechazo de su familia y de su país natal. 

En 1967, Eartha en el papel de Catwoman en Batman.

No se conocen con especificidad los detalles de la primera infancia de Kitt, aunque se cree que nació el 17 de enero de 1927 en la ciudad de North, en Carolina del Sur, con el nombre de Eartha Mae Keith-Fields, como fruto de la relación entre una trabajadora de los campos de algodón de ascendencia afroamericana e india cherokee y del hijo de uno de los dueños de la plantación, de origen caucásico. Algunos biógrafos especulan que puede haber sido resultado de una posible violación. 

Según palabras de la propia Kitt, a la edad de tres o cuatro años su madre la envió a vivir con otra familia puesto que el marido de ésta, que no era el padre biológico de la actriz, no aprobaba su tez clara. Cuando tenía ocho años, la enviaron a vivir con una tía en Harlem, Nueva York. Allí tuvo la oportunidad de tomar lecciones de canto y piano en la iglesia de la comunidad. Poco a poco fue aflorando su talento artístico y gracias al apoyo de un maestro, fue aceptada en la High School of Performing Art

Más tarde, a los 16 años, Kitt se presentó a una audición en la escuela Katherine Dunham Dance Troupe y logró ganar una beca y conseguir un papel con la compañía de danza Dunham como bailarina y vocalista destacada. Junto a esta compañía, hizo sus primeras incursiones en la actuación, haciendo su debut en Broadway en Blue Holiday (1945), y  en el cine con Casbah en 1948. En ese mismo año, actuó en la gira mundial de Blue Holiday y, para su sorpresa, lo que al inicio de su vida había sido una desgracia se convirtió en un activo distintivo. Los críticos franceses e ingleses la destacaron por su apariencia única. 

Desde entonces, Kitt se dedicó a cultivar su personalidad escénica, centrándose en un perfil de mujer fatal y sofisticada. En 1950, abandonó la compañía Dunham para participar en clubes como solista en la capital francesa. Esto llevó a que personalidades del mundo de la interpretación como Orson Welles se fijaran en ella. En una ocasión, Welles llegó a describirla como “la mujer más emocionante del mundo”. Tanto fue así, que la eligió para el papel de Elena de Troya en una producción teatral titulada Time Runs, una adaptación de la obra de Fausto

En 1951, Kitt regresó a Nueva York para seguir actuando en clubes nocturnos. Al año siguiente, lanzó varios sencillos que se dispararon en las listas de éxitos como Santa Baby, Love for sale o I Want to Be Evil. Dos años más tarde, recibía su primera nominación al Tony por su protagónico en la obra de Broadway Mrs. Patterson

Por aquella época, también empezó a escribir una de sus tres autobiografías, El niño del jueves, en 1956. Para 1958, ya se encontraba junto a Sydney Poitier en el filme La marca del halcón. Su carrera cinematográfica empezó a despegar en Hollywood y apareció en otras películas como St. Louis Blues (1958) o Anna Lucasta (1959). 

Kitt estrenó la década de los sesenta casándose con el empresario John William McDonald. Un matrimonio atrevido para aquellos tiempos, teniendo en cuenta que él era blanco y la protagonista de este texto era mestiza. Solo duraron juntos cinco años, quizás la presión social fue demasiado fuerte. Como quiera que sea, de esta unión Kitt dio a luz a una niña, Kitt McDonald. 

Por otra parte, y a medida que el Movimiento de los Derechos Civiles iba ganando fuerza, la actriz decidió defender la causa exigiendo que se escribiera un requisito determinado en sus contratos: el de que no actuaría bajo ningún concepto ante audiencias segregadas. 

Para el año 1967, se encontraba interpretando el personaje por el que sería recordada durante décadas, Catwoman, en la serie de televisión Batman. Apareció en la tercera temporada de la misma, después de haber sido seleccionada para reemplazar a Julie Newmar en el papel. En palabras de productor ejecutivo, Bill Dozier, “Kitt era una mujer gato antes de que la eligiéramos como Catwoman. Tenía un estilo felino. Sus ojos eran como de gato y su canto era como un maullido. Esto fue una maravillosa idea original para hacerlo con una mujer negra”.

Asimismo, Kitt se involucró en grupos dedicados a asistir a la población económicamente deprimida y recorrió el país para visitar grupos de jóvenes. Así es como fue invitada en 1968 a almorzar en la Casa Blanca, junto con otros representantes de programas de acción social sobre la delincuencia juvenil. 

Este evento cambió la trayectoria de su vida de manera drástica al pronunciarse Kitt en contra de la guerra de Vietnam y del rol que estaba jugando Estados Unidos en ella. Automáticamente, fue incluida en la lista negra de los EE. UU. e, incluso, el servicio secreto, el FBI y la CIA llegaron a preparar un expediente sobre la actriz. Al final, fue absuelta pero, su carrera quedó paralizada y todos sus contratos en el país fueron cancelados. Ello la forzó a trabajar en el extranjero, como ya había hecho por cortos periodos de tiempos anteriormente. Llegó cantar en 10 idiomas distintos en cabarets y clubes de 100 países diferentes. 

En 1974, Kitt regresó a Estados Unidos dando un concierto en el Carnegie Hall y en 1978 el presidente Jimmy Carter la invitó a regresar a la Casa Blanca. A partir de ahí, la artista internacional se dedicó a escribir dos autobiografías más, al teatro y al jazz hasta sus últimos tiempos. Murió el 25 de diciembre de 2008, a los 81 años. Y, aunque ya no esté con nosotros físicamente, sus ideas permanecerán vivas. Una de ellas es significativa y digna de recordar: “el hecho de que seas diferente no significa que tengas que ser rechazada”.

Sylvie Bécquer



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