Audre Lorde

Audre Lorde nació un 18 de febrero de 1934 en el distrito de Harlem de Nueva York, aunque sus padres procedían de las Antillas, lo cual pudo transferir en ella no únicamente la lucha como escritora mujer y racializada en Estados Unidos, sino también como hija de inmigrantes en busca de una vida mejor, algo que no se aleja mucho de lo que presenciamos hoy en el sur de Europa.

La autora se describía a sí misma como “negra, lesbiana, madre, guerrera, poeta”, ya que, según ella misma, las diferencias eran evidentes y había que reivindicarlas todas, sin excepción. Para ella, el racismo, el clasismo, el sexismo y la homofobia, entre otras lacras, eran tipos de cegueras que habían tenido el mismo origen: la incapacidad de reconocer nuestras diferencias con relación a los demás, porque no hay una única condición que nos haga distintos al resto, sino muchas partes diversas que construyen nuestra identidad.

Graduada en Literatura y Filosofía en Hunter High School en 1959, publicó su primer poema con apenas quince años en la revista Seventeen, y aquel no sería más que el comienzo de toda una trayectoria de ensayos, poesía y prosa que compuso hasta su temprana muerte en noviembre de 1992, aquejada de un cáncer que llevaba más de 12 años padeciendo y sobre el que también escribió para hacer visible la realidad de muchas mujeres.

En la década de los sesenta fue bibliotecaria en las escuelas públicas de Nueva York y llegó a impartir clase en Tougaloo College, aunque poco se habla de que trabajó en una fábrica, como técnica de rayos X o supervisora ​​de artes y oficios antes de todo ello.

Toda esta experiencia vital la ayudó a construir su corriente de pensamiento acerca de la teoría feminista y los estudios raciales. De hecho, uno de sus ensayos más famosos, “The Master’s Tools Will Not Dismantle the Master’s House” (‘Las herramientas del maestro no desmantelarán la casa del maestro’) (1979) supuso una reivindicación a las mujeres negras y lesbianas en la segunda ola del Feminismo, que estaba siendo liderada por mujeres blancas de clase media como Gloria Steinem y Betty Friedan. La propia Lorde subrayó a lo largo de su discurso en la Universidad de Nueva York que estaba allí como “feminista lesbiana y negra”, en el minúsculo espacio que se había dejado, precisamente, para las mujeres feministas, homosexuales y racializadas.

Pero su alcance no se circunscribió exclusivamente a Estados Unidos, sino que Lorde también reivindicó la situación de las mujeres negras en Sudáfrica bajo el Apartheid, creando Sisterhood in Support of Sisters in South Africa; fue cofundadora de The Kitchen Table-Women of Color Press y codirectora del periódico lésbico Chrysalis y, además, estuvo como profesora visitante en el Instituto F. Kennedy para Estudios Norteamericanos de la Universidad Libre de Berlín, donde impulsó el movimiento afro-alemán y motivó a numerosas escritoras como Mayo Ayim o Helga Emde. 


La obra de Lorde es conocida por exigir la justicia social y racial, así como su capacidad para explicar la experiencia y la sexualidad queer. De hecho, su trabajo se acerca tanto a la realidad actual que en un poema llamado “Power” escribió la autora sobre la muerte de un niño negro de diez años por los disparos de un policía y los sentimientos de rabia y furia que le produjo descubrir posteriormente que el oficial había sido absuelto. El texto tiene más de cuarenta años, pero bien podría haberse escrito en los últimos meses a raíz de las protestas antirracistas en Estados Unidos por la muerte de George Floyd.

En Los Diarios del Cáncer (1980) relata la autora el transcurso de su enfermedad y, especialmente, sus pensamientos a partir de las dos mastectomías que sufrió. Lorde enfrenta la posibilidad de la muerte, pero, además, lo hace con una necesidad fulgurante de hablar sobre el cáncer y la experiencia que viven las mujeres que se enfrentan a él. Es por ello que la escritora afroestadounidense se negó a usar una prótesis mamaria porque esta albergaba la posibilidad de que nadie notara ninguna diferencia, y era esa misma distinción la que había que reclamar por ser parte de la vida de quienes padecen un cáncer como el de mama. 

Entre su obra, recomendamos leer The First Cities (1968), Cables to Rage (1970) y From a Land Where Other People Live (1972), pero sobre todo destacamos su novela Zami: Una Biomitografía de 1982, que combina elementos de historia, biografía y mito, y el conjunto de ensayos Sister Outsider (1984), una obra canónica en los estudios raciales y de la mujer, en la que pone de relieve que para la opresión no hay jerarquías.

En definitiva, si algo podemos rescatar de la vida y obra de Audre Lorde es su uso de la palabra para reivindicar las injusticias y tratar de cambiar las cosas, pues solo con ella podemos hacer consciente a los demás de las diferencias que nos separan. Y es que no son estas las que nos impiden avanzar, sino el silencio, y hay todavía muchos silencios que romper.

Natalia Ruiz-González



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