¿Qué le pasa al activismo antirracista cubano que no se moviliza contra la violencia machista?

Foto de Mateus Souza

A los 14 años, mi vecino, 20 años mayor que yo, tocó mis genitales mientras yo lo que esperaba de él era que me ayudara con mi tarea de inglés. Salí corriendo y hasta hace unos pocos años me sentí culpable.

A mis 20, luego de haber parido a mi hija, el padre de esta me obligaba cada noche a tener sexo. En ese entonces no sabía que me violaba.

Una tarde habanera, ya en los 2000 y tanto, mi amiga S. y yo íbamos en un bus. Nos trasladábamos de Barrio obrero al Vedado. Íbamos sentadas una al lado de la otra conversando, cuando un tipo metió la mano por la ventanilla y le tocó una teta. Nos quedamos atónitas. No pude articular palabra  alguna. Me he preguntado desde entonces si pude haber reaccionado de otra manera.

Un día del 2011 me desperté  “cruzá”: le puse los bultos en la calle al marido de mi hermana C. Nos fajamos a los palos. Me quedé sin trapeador luego de habérselo partido en la cabeza. El tipo la machacaba cada día, ella no atinaba a hacer otra cosa que gritar. Ese día no pude aguantar más.

A otra de mis hermanas, el marido le pegaba cigarrillos encendidos en sus piernas. Cuando fue a la policía le dijeron que tenía que llegar allí con las lesiones sangrantes y al rojo vivo. La situación se extendió por un tiempo hasta que logró que alguien en la estación de Aguilera le prestara atención. El tipo cumplió solo 6 meses de prisión. Ella luego desarrolló un trastorno psiquiátrico grave que descalabró mi familia una vez más. Gracias al Universo ya ha mejorado mucho.

En la editorial donde trabajé por muchos años, uno de mis jefes me envió mensajes que nunca deseé haber recibido. Ser abiertamente una mujer lesbiana no me salvó de recibir comunicaciones “subidas de tono”. Al poco tiempo después de haberle pedido parar con el acoso fui sancionada por una situación irrelevante. Gracias al Universo, una vez más, una mujer me ayudó a salir de esa situación. No me atreví a contarle jamás que ese hombre me acosaba. A ella le debo la vida.

En enero de este año el padre de mi nieto violentó físicamente a mi hija. Me sentí impotente. Me pregunté cómo me podía estar pasando esto a mí. Gracias otra vez al Universo, algunas amistades me ayudaron en este episodio, uno de los más difíciles de mi vida, por razones obvias.

El año próximo quiero traer a mi hija y a mi nieto de visita a Alemania. Es muy probable que el niño no pueda viajar porque necesita el permiso de su padre, quien ya ha le ha comunicado a mi hija que “lo va a pensar”, lo cual es una de las evidencias del control o el castigo que quieren ejercer nuestras ex-parejas hombres o padres de nuestres hijes sobre nuestras vidas.

Todo lo anterior se los cuento para confirmarles que ser negra, lesbiana, profesional, etc, no nos exime de vivir violencia machista.

Me pregunto entonces:

¿Qué le pasa al activismo antirracista cubano que no se moviliza contra la violencia contra la mujer?

¿Qué le pasa a las afrocubanas (sean feministas o no) que no creen necesario tener en su agenda la violencia de género? 

¿Por qué los hombres negros (activistas antirracistas o no) no nos respaldan con su firma apoyando la Solicitud de una Ley Integral contra la Violencia de Género?

Sé que cada quien tiene sus razones, no estoy hablando a nivel individual sino como “movimiento” interseccional que reconoce las múltiples discriminaciones. En Cuba llevamos muchos años diciendo que a las mujeres negras se les hace todo más difícil por la doble discriminación. ¿Entonces? ¿Qué hacemos con toda esa retórica que ahora se me hace superflua y paternalista?

Yo no quiero conmiseración ni lástima, quiero que luchemos codo a codo por todo lo que nos duele, inferioriza, violenta, hace nuestras vidas más difíciles como personas negras, como mujeres negras, como personas trans y queer negras.

Tampoco quiero que me uses en tu discursito antirracista e inclusivo, creyendo que así tienes en cuenta a las mujeres negras y así pretendes pagar tu deuda con la equidad de género.

La Revolución tendrá que ser antirracista, feminista, antimisógina, antimisoginoir, antisexista, antitransfóbica, inclusiva, estar contra la violencia de género, o no será.  ¡Recuérdenlo!


*Este texto ha sido publicado anteriormente en Negra Cubana tenía que ser.


Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez

Licenciada en Psicología por la Universidad de La Habana, 1996; Máster en Estudios de Género, 2008; y diplomada en Género y Comunicación por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Diez años de experiencia laboral como editora y periodista del sitio web Cubaliteraria. Gestiona la bitácora Negra cubana tenía que ser (negracubanateniaqueser.com) desde junio del 2006. En la actualidad desarrolla el Directorio de Afrocubanas (directoriodeafrocubanas.com). Colaboradora de Afroféminas, Pikara Magazine, Global Voices, Hablemos de sexo y amor y Cuba Posible
Nació en La Habana y reside desde 2013 en Hannover, Alemania.

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