Las mujeres racializadas atascadas por una liberación que no es la nuestra

Ilustración de Lauren Walker

El movimiento feminista ha llegado tarde la lucha contra los patrones de trabajo institucionalizados y el equilibrio entre el trabajo y vida. Pero ahora que la ha abrazado, no puede invisibilizar las circunstancias únicas de las mujeres racializadas, ni la realidad de cómo las mujeres blancas consiguieron tener este debate sobre el equilibrio entre el trabajo y vida en primer lugar, debido a sus privilegios. A lo largo de la historia, las mujeres blancas han utilizado el trabajo de las mujeres racializadas para reducir su propia carga doméstica y liberarse de ella para realizar actividades empresariales o sociales. En pocas palabras, el trabajo de las mujeres negras, latinoamericanas, magrebís y racializadas ha elevado el nivel de vida de las mujeres blancas.

Hablemos claro, si nos referimos a capacidad de tener equilibrio entre el trabajo y la vida, muchas mujeres blancas con medios económicos han logrado esa conquista sobre las espaldas de las mujeres racializadas.

Las mujeres racializadas superamos a las mujeres blancas en tasas de ocupación. Pero eso no debe engañarnos, no es un dato tan positivo como parece. La mayoría de las mujeres racializadas son migrantes que vienen a trabajar. Trabajar para cuidar de los suyos, aquí y en su lugar de origen. Normalmente las únicas opciones de trabajo disponibles son los que las mujeres blancas no quieren hacer. Esos trabajos están mal pagados y son muy duros.  Las mujeres blancas nos necesitan para su liberación.

Así que criamos a sus hijos, limpiamos sus casas, lavamos su ropa, cocinamos su comida, cuidamos a sus mayores o servimos sus cafés. La inmensa mayoría del personal de cuidados y empleadas del hogar en España son mujeres racializadas. El porcentaje de mujeres blancas españolas es insignificante. También las trabajadoras racializadas cobran de media menos que las autóctonas.

Con gran parte de los deberes de cuidado cubiertos por nosotras, muchas mujeres blancas tienen el privilegio de formarse más y buscar mejores oportunidades profesionales y sociales. Curiosamente, las mujeres blancas con más medios cumplen la expectativa de la sociedad blanca patriarcal moderna, cuidar del hogar a la vez que tienen una carrera profesional. Lo hacen a través del trabajo doméstico de sus sirvientas, que son en la mayoría de los casos racializadas.

Mientras las mujeres blancas entran el mundo laboral y profesional, nuestra capacidad laboral ha sido devaluada, indentificando a la mujer racializada con determinadas profesiones y cerrándonos el paso a las mejoras de las que las mujeres blancas empiezan a disfrutar.

Las desigualdades para las mujeres racializadas crecen.  Mientras las mujeres blancas piden más tiempo para ser madres, nosotras todavía necesitamos trabajos mejor remunerados solo para serlo en condiciones dignas. Si bien la brecha salarial entre hombres y mujeres ha disminuido lentamente, la brecha salarial entre mujeres blancas y mujeres racializadas crece.

Se da la paradoja de que las mujeres racializadas son vistas como perfectamente capacitadas para cuidar a los niños de otras personas, pero son estereotipadas como incapaces para cuidar de los suyos. El estigma de la mala madre persigue a las mujeres racializadas ya que ocupan casi todo su tiempo en trabajar para sobrevivir.

Otro tema es el mundo corporativo y de puestos cualificado. Las empresas pueden ser particularmente duras para las mujeres racializadas. Ellas no pueden permitirse el lujo de ser percibidas como débiles o flaquear. Saben que pueden ser sustituidas inmediatamente.

Las opciones de trabajo flexibles que ofrecen algunas empresas (teniendo en cuenta las pocas mujeres racializadas que trabajan en ellas) son de escaso acceso para nosotras. Querer más tiempo libre o ser percibida como poco comprometida en el trabajo es especialmente peligroso para las mujeres racializadas. Nuestro ascenso en las empresas no es el mismo que el de las mujeres blancas. Se trata de un avance más precario e inseguro, siempre con la sensación de que vas a perder todo lo ganado con cualquier paso en falso. Tenemos la siempre la idea de que no habrá segunda oportunidad.

En los puestos de un cierto nivel en las empresas, muchos hombres blancos ven a las mujeres como «afortunadas» por haber llegado a esos niveles. Si hablamos de mujeres racializadas esto es más acentuado. Se piensa que no merecemos aprovecharnos de ningún beneficio ya que debería ser suficiente con haber llegado.

Las mujeres negras y racializadas no podemos tener la misma relación con el trabajo que las mujeres blancas. Ellas deben reconocer abiertamente el papel que las mujeres racializadas han jugado en su avance y asegurarse de que todas estemos incluidas en la discusión para nuevas políticas de inclusión, brecha salarial y la creación de cambios de paradigma.

Todas necesitamos liberarnos de nuestra ideas sobre lo que las mujeres racializadas estamos capacitadas para hacer. Podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos. hemos luchado durante 500 años contra barreras que destruirían a cualquiera, pero hemos resistido. Las mujeres blancas deben derribar con nosotras la puerta del patriarcado. Pero cuando la derribemos tienen apartarse para que ocupemos nuestro espacio, no porque nos lo regalen, sino porque es el nuestro, el que nos corresponde.


Marián Cortes Owusu

Educadora. En mis ratos libres redactora en Afroféminas

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Un comentario

  1. Super interesante artículo.
    Vivo en el extranjero y el fenómeno es el mismo con hombres – o mujeres- extranjeros, principalmente si tienen un “tinte”. Ocupamos puestos más bajos en en trabajo, nos es difícil promovernos para un mejor puesto y nos pagan menos salario que encomparación de los “locales” blancos.
    Se por un artículo publicado En el “de Volks Krant” – hará más de dos años – que los hombres ocupan los mejores puestos en una empresa o reciben más salario que una mujer en el mismo puesto. A ellas le siguen los extranjeros. Lo más raro es que casi no se escribe o publica de ello. Es úntenla que debería ser más importante.

    Es muy preocupante el estátus de las mujeres del resto del mundo, ya que veo que el patriarcado es global!

    Esto frustra y entristece.

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