Mi pelo contamina

Resulta que al final de un día muy chulo en el que ha habido clase, práctica, nachos con cerveza y charla filosófica, pongo mi culo en el tren, y como he llevado el pelo suelto todo el día y se me ha enredado un montón porque ha hecho un viento que te cagas, pasado un rato de mi largo trayecto he decidido sacar mi peine y mi frus frus de agua (solo agua, para hidratar, tampoco llevaba nada apestoso o aceitoso o raro) y peinarme.

El pelo afro, para quien no sienta familiaridad con él, funciona diferente. No se cepilla de arriba a abajo hasta que se resuelve, sino que hay que ir pasando el peine (afro, claro) poco a poco, a mechones, desde las puntas hasta la raíz. A veces, los enredos bestias hay que desenredarlos haciendo circulitos con las yemas de los dedos. Si este es muy fino, como en mi caso, y no se desenredan estos nudos, se convierten en rastras.

Ilustración original de Nebetawy

Era de noche. El tren iba casi vacío. Estaba yo sola en uno de esos espacios de 4 asientos. No había nadie a quien pudiera salpicar o dar codazos. De hecho, un par de grupos de 4 asientos más adelante había un chico maquillándose (yo volvía pero él salía, divina juventud), que fue el que me hizo caer en la cuenta de que había que peinarse. Y reitero, el tren iba casi vacío. Pero por las mañanas, con el tren más concurrido, no son pocas las personas que he visto peinarse y maquillarse. Que algunas tenemos trayectos largos y a todas nos viene bien dormir 10 minutos más.

A lo que iba. Ya había terminado de hacerme las dos trenzas que me suelo hacer cuando ya estoy desenredada y lista para irme a la cama. Cuando faltaban dos paradas para la mía una señora muy amable, muy elegante y muy educada, se me acerca desde la otra punta del vagón y me dice:

—Hola. No he podido evitar observarte durante un buen rato y tengo que decirte que lo que estabas haciendo es una falta de respeto enorme.

Yo me quedo picueta intentando hacer una lista mental de todas las cosas irrespetuosas que había hecho. No me costó mucho porque no suelo fumar, ni poner los pies en el asiento, ni poner música en el móvil, (ni siquiera hablar por él, como hace mucha gente que aprovecha el viaje para cultivar sus amistades o ponerse al día de los cotilleos del vecindario a voces, y ya querrá una leer o algo). No se me ocurría forma alguna en la que le hubiera podido faltar el respeto a alguien, y no recuerdo si le pregunté de qué iba todo eso o como soy un libro abierto mi cara de «no lo pillo» lo dijo todo, pero continuó:

—Eso de pasarte media hora peinándote y deshaciéndote los enredos. Es una falta de respeto.

Y yo que seguía con la mandíbula en el suelo y trataba de comprender en qué podía haber molestado a la señora contesté:

—Eh… he tirado los pelos a la basura —todavía con cierta incredulidad. De hecho, si de verdad llevaba tanto rato observándome e indignándose, debió haber visto cómo me levantaba en dos ocasiones para tirar las bolitas de pelo resultantes, primero de una mitad de mi cabeza y luego de la otra.

—Ya, bueno, pero aquí hay aire acondicionado, y los pelos sueltan partículas y las respiramos todos. Y te has pasado media hora quitándote los enredos. Eso lo tienes que hacer en tu casa.

Y se abrieron las puertas y se fue. La verdad es que esto pasó en apenas unos segundos, porque la señora educada fue muy valiente y vino a reñirme justo cuando se tenía que bajar, para comerme el marrón y no tener tiempo de réplica.

Y claro, luego recapitulando me pareció que dio énfasis a lo de deshacerse los enredos. Porque mi pelo es enredado y complejo y eso ofende. Si en lugar de ser yo hubiera sido Rapunzel peinando y peinando y peinando su lacia y rubia melena, no hubiera habido ningún conflicto. Hasta puede que le hubiera hecho un bonito comentario del tipo: «he estado observando un buen rato cómo cepillas tu melena que brilla como el sol, y me ha parecido maravilloso», y habrían acabado cantando. Pero no es así. Mi pelo tiene nubes y nudos. Es horroroso. Debería plancharlo o prenderle fuego. Debería pedir perdón por existir por tener un pelo tan desagradable al resto de los humanos.

Entonces recordé esa polémica de la búsqueda en Google de «peinados no profesionales para trabajar», en la que prácticamente solo salían imágenes de mujeres afrodescendientes con pelo natural, y si hacías la búsqueda contraria las mujeres salen blancas y los cabellos lisos u ondulados.

The Guardian: Do Google’s «unprofessional hair» results show it is racist?

Nótese que el tercer peinado de la primera parte es el mismo que el segundo de la segunda. Solo que el primero es afro y el segundo es liso y rubio. Qué chachi ser blanca y que nadie dude de tu profesionalidad o de tu civismo por tu pelo. Microrracismo lo llaman. Eso lo dirá alguien a quien no le abroncan por peinase en público.

En cuanto a la señora, me gustaría haber tenido la oportunidad de decirle que cuando llego a casa de noche me dedico a acostar y cantar a mis niñes, y luego a hacer cosas de mayores con mi hombre. Que aprovechar un trayecto de una hora de tren se le llama optimizar el tiempo y debería probarlo, que tal vez así no viviría tan pendiente de los demás y no estaría tan amargada.


Nebetawy

Educadora y cuidadora no remunerada, instructora de yoga y cantante.

Si te gusta nuestro contenido, considera invitarnos a un café 🙂
Afroféminas es un proyecto autogestionado y autofinanciado.
Gracias a tu donativo las escritoras pueden financiarse, la comunidad puede sostenerse y ¡Afroféminas puede seguir creciendo!

Un comentario

  1. Ni caso, entra dentro de esas cosas que nos han recalcado no hacer en sitios públicos (por ejemplo peinarse, maquillarse, o cortarse las uñas), nos cuentas que era una señora muy elegantey educada (ji ji), todos hemos podido pasar por algún episodio en los que una de estas señoras elegantes te afean alguna conducta, o nos señalan nuestra falta de educación o de “buena educación”, lo dicho “Ni caso”, besitos

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.