¿Por qué yo no puedo ser una sirena?

3… 2… 1… ¡Ya! 

Esto es lo que tarda en aparecer la primera que dice que claro que puedo ser una sirena, pero no puedo ser Ariel.  Ariel es la Sirenita por excelencia y es blanquérrima. Y ya está. Y que eso no es racismo, oiga, es que Ariel siempre ha sido así. Si llega Disney en pleno 2019 y anuncia que dentro de su nueva etapa de hacer películas reales de sus clásicos va a hacer una de La Sirenita y que su protagonista va a ser Halley Bailey (actriz y cantante negra), los haters profesionales salen a hacer su agosto con un montón de mierda del tipo “yo no soy racista, pero…”

Ilustración original de Nebetawy

Sé que muchas feministas odian Disney, pero yo creo que desde un punto de vista crítico puede ser hasta educativo. Y me parece estupendo que se revise y vaya rectificando patrones, que ya es bastante. Bien sabemos que el tío Walt era un racista de manual. Pero después de muerto y de unas siete décadas de princesas blancas, en 2009 apareció Tiana, la primera princesa negra. Probablemente en los estudios Disney pensaron que estaban haciendo una labor social estupenda, que las niñas negras por fin tenían un referente y que también podían ser princesas. Pero me temo que la realidad fue distinta. Mientras en los juegos inocentes las niñas blancas podían elegir qué princesa ser, las niñas negras solo podían ser Tiana. Me hizo mucha gracia que en una historia más reciente, Stranger things, pasa algo parecido cuando la pandilla se disfraza de Los cazafantasmas y Lucas se cabrea porque ¿por qué tiene que hacer él de “el negro”, que es el último en llegar, ni siquiera es científico y no le mola a nadie?  Y no me parece justo. Cualquier niña o niño debería poder jugar a ser quien quiera ser. Porque a les niñes blanques no les obliga nadie a ser la princesa viscosa o el cazafantasmas de relleno.

Tampoco es cosa de ahora que Disney haga versiones en carne y hueso de sus princesas clásicas. En 1997 hizo una versión negra de (¡oh Dios mío!) La Cenicienta. Aunque no se atrevió a llevarla al cine y se quedó en una triste TV movie que pasó sin pena ni gloria a pesar de contar con pesos pesados como Woopy Goldberg de Reina y Whitney Houston de Hada Madrina.

Y en 2016 por fin llega Moana, rompiendo todos los estereotipos de género: no se enamora, no es obediente, sigue su propio destino y, para darle un 10, no solo tiene color sino que también tiene carne.  Que no sé si será casualidad, pero ya vimos algo parecido en Nani, de Lilo y Sitch, y me hace sospechar que a una solo se le permite tener  carne cuando es una nativa autóctona de alguna isla del Pacífico. A las princesas blancas no las dejan engordar.

La cuestión es que las niñas racializadas desde siempre han carecido de referentes. Seguramente habrá alguna sirena negra en el fondo del mar como atrezzo, pero protagonistas, pocas. Los personajes negros son una cuota de color, y si llegan a tener nombre son las sirvientas o los delincuentes. Esa es la idea que se nos ha vendido siempre sobre nosotras mismas.  Así que si eres una de esas personas blancas indignadas deberías aparcar un poco tu egoísmo porque creer que Disney está arruinando tu infancia por cambiar el color de un personaje es bochornoso. Tú ya la tuviste, con esta y otras princesas de los 80 y los 90 que puedes disfrutar cuando quieras poniéndote un DVD de antaño. Dejar que ahora las niñas negras empiecen a tener al fin lo que nosotras no tuvimos.

 Pero como decía antes, Disney está cambiando moldes, y lo realmente importante aquí no debería ser el cambio de color de la protagonista, que mientras tenga una voz preciosa y sepa usarla, lo de demás es irrelevante. (Y nadie puede decir que Halley no cumpla sobradamente con lo principal). Lo que de verdad me gustaría ver es cómo Disney convierte a la pavisosa de Ariel en una mujer fuerte y con ideas que vayan más allá de enamorar al chico guapo; me gustaría que lo que la motivara realmente fuera su fascinación por el mundo terrestre y sus ansias de conocimiento, y que el romance fuera algo secundario. Si pudieron hacerlo con la historia de Rapunzel, donde el chico no es un salvador sino un mero guía mientras ella se defiende sola a sartenazos, podrían hacerlo con Ariel también. Deberíamos aprender que cada producto es un producto en sí mismo, y hay que valorarlo como tal, y aunque claro que se pueden hacer comparaciones, el odio y el desprecio siempre sobran.

Y ahora hablemos de indignación por cambio de color. Resulta que a lo largo de los tiempos nadie ha tenido reparos en que las personas blancas representen a las negras. En seguida pensaremos en la imagen de los minstrels con su cara de betún y sus labios rojos gordos, y diremos que eso ya no pasa.  Pero también tenemos casos muy cercanos: el año pasado en el Teatre Lliure de Barcelona se estrenó la obra Àngels a Amèrica, cuyo personaje protagonista es negro y el hecho de serlo es relevante en su historia. Pero para el papel escogieron a un actor blanco ya que, según el director, los actores negros no son tan buenos porque no tienen tantas oportunidades para trabajar. Un fuerte aplauso. El señor director, en vez de aprovechar para darle esa oportunidad  a un actor negro, pone a uno blanco y encima utiliza como excusa lo difícil que lo tienen los negros para conseguir papeles. Y si este argumento te flipa, luego lo remata con que no es racista porque tiene una hija negra. En fin, pobrecita. 

Otra polémica: en 2017 en Brasil, una actriz blanca interpreta a Carolina María de Jesús, una campesina que llegó a ser escritora y que narraba el ser mujer, negra y pobre durante los años cincuenta en ese país. Y en el cine: Zoe Saldaña, de origen puertorriqueño,  interpreta en 2012 a Nina Simone haciendo un blackface sutilito, pues su piel ya es oscura, con unos tonos más de marrón y una peluca afro.

Si nos vamos a la música, la apropiación cultural ha sido una constante y, ya puestos, hasta tengo anécdotas personales. El año pasado, una antigua compañera me recomendó para cantar en un grupo que hacía algo así como un recorrido musical teatralizado por la historia del rock, desde los espirituales negros y el góspel, pasando por el blues y el soul, hasta nuestros tiempos. Ilusa de mí, pensé que sería una de esas raras ocasiones en que mi color jugaría a mi favor. Pero parece ser que el director tenía mucha prisa y contrató a todo el elenco antes de que le diera tiempo a hacerme una prueba. La historia la contaban cinco músicos y cuatro cantantes. Todas ellas personas blancas. Cuando me enteré me cabreé un montón y le dije que ya está bien de contar nuestra historia sin nosotras. Me dio la razón y, paternalismo y condescendencia mediante, me dijo que el espectáculo sin duda mejoraría mucho con al menos la mitad de actores y músicos negros y que era su idea inicial, pero que ya otro día si eso, que ya estaba todo el pescado vendido. 

En fin, que no pararía de contar situaciones en las que las personas blancas se apoderan de los personajes y las historias de las negras, y aquí no pasa nada. Pero, ¡eh! Que nadie nos toque a la Sirenita. ¿En serio, gente blanca? ¿De qué color son las sirenas? ¿De qué color son las criaturas que no existen? ¿No podemos hacer mil versiones de ellas? ¿No se trata de fantasía? Pues bien, hace unos minenutos hablaba del tema con mi amiga Teba y me decía algo muy interesante: cuando nos quejamos de los blackface para representar a los Reyes Magos, a los Pajes de Alcoi e Igualada, o al Swarte Piet en Holanda y Bélgica, resulta que “solo son personajes de ficción, histéricas. No representan a nadie. No hay que ponerse así.”

Y así es como vemos que, una vez más, el bien y el mal, lo aceptable y lo indignante, y lo tolerable y lo exagerado dependen de si va en sentido blanco sobre negro o negro sobre blanco.


Nebetawy

Educadora y cuidadora no remunerada, instructora de yoga y cantante.

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8 comentarios

  1. Desde mi punto de vista el cine americano procede una perspectiva racista muy radicada y que Hollywood no se ha atrevido a romper hasta fechas muy recientes. Solo hay que recordar que West Side Story película musical que obtuvo el oscar en los sesenta, escogió para la protagonista femenina, en el guión una puertorriqueña, a Natale Wood, una WASP rubia precisamente porque tuvieron miedo de poner a una afroamericana pensando que el público no lo aceptaría. Desde mi perspectiva se va poco a poco avanzando y, aunque falta aún mucho el avance es imparable. No me resisto a añadir que no pienso que ese avance vaya a proceder de los Estados Unidos que si durante tiempo ha sido la vanguardia cultural pienso que está dejando de serlo. Ya hay muchísima producción cultural, vease Bollywood o Nigeria, que no necesita partir de ese prisma tan racista que tiene, y que mantiene, la producción cultural de USA.

    • Totalmente de acuerdo. Creo que todo el mundo debería consumir menos Hollywood y abrirse un poco a otras historias, con otros puntos de vista y otro tipo de personajes, de vidas e inquietudes. El cine es cultura, sí, pero cuando una se pasa la vida viendo lo mismo, pues no sé yo.

  2. Solo dos cositas. Yo no quiero ser sirena, ni princesa, ni nada de eso. Prefiero ser cantante como Billy Holiday, Nina Simone o tantas otras
    Segunda. He visto el Rey León, me ha encantado, y la proporción de actores y bailarines negros era altísima. En un proceso de integración y normalización de la diversidad, lo mejor, para mí, es que no te dabas cuenta de la raza, sólo cuando habla Simba adulto su acento delata una lengua materna no castellano y entonces te fijas en su color.
    Es bueno, malo o regular? Yo creo que es normal

    • Hola Teresa. Seguramente eres una mujer adulta, y es bastante raro en una mujer adulta querer ser una sirena. Hablo de niñas y de referentes, y aun así, una niña puede jugar a ser sirena o princesa o cantante de jazz o todas juntas porque no son excluyentes. Y ya que lo mencionas, yo soy cantante y me presenté al casting del Rey León como otras miles de artistas de toda España, y no me cogieron pero me regalaron una camiseta super chula X-P. Lo que me chirría de tu comentario es que te fijaras en la raza del actor cuando le notaste el acento. Das a entender que “lo normal” es que el acento vaya ligado al color. En el elenco de Madrid hay unos cuantos artistas negros, algunos serán extranjeros y otros no. Cuando vi la obra en Londres, mucho antes de que se estrenara en España, la mayoría del elenco y diría que todo el cuerpo de coros y baile (en especial leones y leonas), eran personas negras, pero seguro que allí nadie se cuestionaba si eran británicas. Y en Broadway, seguramente mucho menos. ESO es “normalización de la diversidad”.

      • Perdona, me he expresado mal. Al notar un acento extranjero me fijé en quién estaba detrás del personaje. Sin más. Gracias por contestarme
        Y si soy una mujer adulta que no recuerda haber querido ser princesa jamás, no de niña.

  3. No seria apropiación cultural? osea, si un blanco no puedo ponerse rastas por ser africanas porque una negra puede ser prota de un personaje netamente nordico?.No es pensamiento wasp el creer que unos tienen derecho a todo y otros a nada?. Deberias dejar de ser tan sectarias si quereis mas inclusión, no?.

    Dicho esto, yo estoy totalmente a favor de la elección interracial de personajes, como un nick furia negro o una mary jean interpretada por mi crush zendaya. De la misma forma que creo que una japonesas con rastas es hermosisima. Aunque claro sin vivir solo de los estereotipos.

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