Vacas, pollos… y negros

Por qué los veganos deberían dejar de comparar la explotación animal con la esclavitud y el racismo

Empiezo estar cansada de las continuas comparaciones entre racismo y especismo que hacen algunas personas veganas, y los ataques que encima recibimos por considerarlo insultante y ofensivo. Le he estado dando tantas vueltas en los últimos días que cuando me decidí a escribir sobre ello no sabía ni por dónde empezar. Así que voy a partir de esta imagen. Desde luego, depende mucho desde dónde la mires. ¿En qué imagen te ves, en la de 1815 o en la de 2015? Ah, vale, en ninguna de ellas. Pues igual deberíamos empezar desde ahí para preguntarnos por qué a mí me ofende mientras otras lo defienden hasta el punto de acabar atacándome por sentirme ofendida. 

Por qué los veganos deberían dejar de comparar la explotación animal con la esclavitud y el racismo

Exclusión y alejamiento. Cuando se usa esa comparación en el discurso vegano, se nos está excluyendo del objetivo. Si de lo que se trata es de concienciar sobre la relación que tenemos con los animales y la explotación de los mismos, debería hacerse sin utilizar ni ofender a ningún colectivo. De esta forma, se da a entender que una persona no blanca no puede plantearse ser vegana o vegetariana o reduccionista;  que las personas negras, encasilladas en el imaginario colectivo como pobres, ignorantes y barriobajeras, no nos preocupamos por esas cuestiones y que, junto con los animales, somos «los otros».

De este sentimiento de exclusión nacen websites como Black Vegans Rock, para desmantelar el estereotipo de que el veganismo es cosa de personas privilegiadas blancas, excluyendo a las negras de los espacios de lucha por los derechos de los animales; o como The Black Sistah Projectel proyecto crítico de una feminista racializada a través del paisaje alimentario ético post-racial… y más allá. 

Idea errónea de la superioridad«Es que te ofende que te comparen con un animal porque te sientes superior». Pues mira, no. A ti no te ofende que te comparen con un animal porque no has vivido esa comparación ni está enquistada en un contexto que te infravalora y te desprecia. Igual que seguramente no te molesta que te pregunten de dónde eres y a mí sí. ¿Por qué? Por el contexto y por la reiteración. No hace tanto tiempo, en el s.XIX, se escribían libros «científicos» que trataban de demostrar que los negros eran monos, y las palabras negro bestia eran sinónimos. También se llamaban coons, (algo así como mapaches) a los negros fugados a quienes cazaban con perros y abatían a tiros como deporte, y se acabó populazizando el término para las personas negras en general. Y la palabra mulata viene de mula. Y no es la palabra mula lo que me ofende. Me ofende que la primera persona mestiza en recibir el nombre de «mulata» seguramente fuera fruto de una violación, porque la relación que había entonces entre personas blancas y negras no era de amor, sino de posesión y dominación, y cuando se le puso nombre a ese frutotampoco se hizo con amor, sino con el desprecio que merece un engendro antinatural creado para el trabajo. Así que, disculpa si no llevo esa comparación con orgullo y satisfacción.

Apropiación cultural. Se coge desde fuera la historia de la captura y esclavización de los pueblos africanos y se utiliza en otro contexto alegremente como si fuera lo mismo, perpetuando así la imagen de la persona negra como esclava, inferior, inhumana… y se predica la empatía mientras se hurga en una herida que sigue abierta. Que no es que pretendamos olvidar, pero el hecho de asociar eternamente la negritud a la esclavitud no nos hace ningún bien a nivel individual, y reafirma el racismo de una sociedad directamente construida sobre sus bases. 

Origen y alcance de la esclavitud. Es como si la Historia se contara desde los Estados Unidos, que son como los jefes del mundo y los que hacen más películas, así que todo lo que viene de allí hay que adoptarlo y repetirlo. Como esta moda de las comparaciones, que todos los memes y citas al respecto que me llegan vienen de allí. Pero debemos saber que la esclavitud ya estaba presente en civilizaciones más antiguas y que no tiene por qué estar vinculada al color de la piel.

La esclavitud no es agua pasada. La mayoría de personas veganas que sienten la necesidad de esparcir su dogma, seguramente lo hacen desde un smartphone o un portátil manchado de sangre de coltan. Ropa low cost, explotación sexual, granjas de mujeres para la maternidad subrogada… El concepto de esclavitud puede ser muy amplio como para asociarlo siempre a las personas negras. Es más, la mayoría de quienes se declaran amantes y defensores de los animales tienen mascotas. Animales que son castrados contra su voluntad y por su bien, que viven en cautividad y que son propiedad de alguien. Sí, los queremos mucho y los cuidamos muy bien. Pero técnicamente, mientras no sean libres, son esclavos. En la época colonial de los Estados Unidos también había esclavas de compañía, generalmente las más claras de piel, hijas de personas mestizas y, a veces, incluso blancas, que servían de compañía para las damas desde pequeñitas. Y sí, las querían mucho y las trataban muy bien. Pero seguían siendo esclavas. Así que si nos ponemos a descontextualizar y a comparar a lo bestia, podríamos decir que todas somos esclavas de nuestro sistema.

La defensa desde la diferencia es pefectamente legítima. No hay nada malo en asumir que las personas somos diferentes de los animales, como todos los animales también somos diferentes entre nosotros. No hace falta subirse por las paredes ni acusar a nadie de sentirse superior. Cuando digo que una persona no es igual que una vaca, también me refiero a que una morsa no es igual que un lagarto, y que un pollo no es igual que un molusco. También hay quien defiende el feminismo desde la igualdad, pero las mujeres reivindicamos cada vez más que no queremos ser como los hombres, sino que exigimos los mismos derechos sociales mientras se respeten también nuestros derechos reproductivos, y se reconozcan la maternidad, la crianza y los cuidados como base indispensable para la sociedad.

Ahora, cuando un colectivo reivindica que sus vidas también importan porque: sufre ataques racistas violentos, a veces mortales, la policía los detiene o los acribilla a tiros por si acaso más a menudo, las mujeres mueren hasta cuatro veces más al dar a luz en los hospitales… etc, etc., frivolizar en este contexto con la importancia de las vidas de los pollos y las vacas si no es una falta de respeto, ya me diréis qué es. Estamos de acuerdo en que los pollos y las vacas sufren y mueren a manos de las personas, pero el objetivo (con todos sus peros y nos guste más o menos) es el alimento, no el odio o la indiferencia o la necesidad de que exista «un otro». Si no somos capaces de ver eso, ya no sé.

La frase de Alice Walker. Se hace mucho en redes sociales lo de atribuir textos a falsos autores. La moda en algunas publicaciones veganas es echar el discursito de marras y rematarlo con «Los animales del mundo existen por sus propias razones. No fueron creados para los seres humanos como tampoco lo fueron los negros para los blancos o las mujeres para los hombres.» firmado por Alice Walker, como si ella hubiera escrito todo el texto. Pues no. Solo esa última frase es suya, pero está sacada de contexto. En 1988 se escribió un libro titulado «The dreaded comparision», y Alice Walker escribe esta frase en el prólogo. Esto no significa que la idea sea suya, sino que resume en pocas palabras el argumento principal en el que se basa el libro. Es un libro descatalogado que básicamente defiende esta comparación. Aunque por lo poco que he conseguido leer por ahí, precisamente lo que la autora utiliza para defender su argumento, a mí me parece que claramente defiende el mío. De ahí que la moraleja es que todo depende del punto desde el que se mire, y si un grupo al que no perteneces te dice que se siente ofendido, hazle caso: igual tú no lo entiendes por el simple hecho de no pertenecer a él.

Siempre es efectivo que una mujer negra (ganadora de un premio Pulitzer, además), justifique un argumento claramente racista para que otros puedan decir que no lo es. Es como cuando VOX niega su machismo y su racismo porque hay mujeres y algún qué otro negro en sus filas. De todas formas, que una persona negra defienda una idea, no significa que el resto debamos hacerlo también, porque resulta que no somos un todo y cada una tiene su opinión. Y de hecho, la opinión global ha cambiado mucho desde 1988, en todos los sentidos. Así que si avanzamos como sociedad, no volvamos a caer en conceptos del pasado porque nos llegan ahora cuando en el país de origen ya han pasado de moda. De hecho, las imágenes arriba mostradas acabaron siendo borradas de sus cuentas. Por algo será.

Y por último, la amistad o el cariño que sientas por una persona debería estar por encima de las etiquetas. No digo que me des la razón o que dejes de pensar como piensas, pero si alguien te dice que tus palabras le ofenden, lo considerado es dejar de utilizarlas y justificarlas. Cuando fuera del contexto vegano te proclamas antirracista y aplaudes las publicaciones que te hacen reflexionar y deconstruir tu privilegio blanco, pero luego la etiqueta que tú misma te pones no te permite ver más allá, tu veganismo se convierte en sectario, tu pensamiento individual se diluye y antepones ser vegana a ser persona.


Nebetawy

Educadora y cuidadora no remunerada, instructora de yoga y cantante.

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15 comentarios

  1. Gente blanca que comenta: Salvo el par de renglones claramente especistas (negar la otrificación de los demás animales y minusvalorar el especismo, cayendo en lo que se critica – comparar -, pero a la inversa) todo lo demás no es especista y lo reivindican también veganes negres. Y como en tanto blanques aquí deberíamos venir a aprender antirracismo, todo salvo ese par de renglones es lo que importa en esta ocasión. El antirracismo importa y es necesario que se atienda cuando se está tematizando específicamente. Desviar en esta ocasión hacia el especismo es no hacernos cargo del deber nuestro de al menos no seguir reforzando racismo.

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