Nuestra lucha cotidiana contra el racismo: Lucha constante

Fotografía BBC

A estas alturas de nuestra historia hablar de racismo resulta baladí para algunos mientras que para otros supone un intento de victimización constante, el racismo está y es innegable, es cotidiano e incluso intrafamiliar en muchos casos. Es el pan nuestro de todos los días, vivimos con la losa del imaginario creado y atribuido a las personas negras, un mundo en el que estamos hechos con un mismo patrón, somos un grupo homogéneo con unas características tan comunes que todos los negros pasamos a ser un vosotros, vosotros los negros, vosotros los africanos, etc.

Todas las personas negras, afrodescendientes o africanas que vivimos en España en algún momento de nuestra vida nos hemos hecho las preguntas de ¿nosotros?, ¿nuestros países? ¿África es un país?

Las cualidades que se nos imponen (hipersexualización, prostitución, poco trabajadores, poco preparados..), nos lleva en la mayoría de los casos a auto exigirnos y a tener la necesidad de estar demostrando nuestra valía constantemente y cuando eso sucede, llegamos a la fase de: Bueno es que tú no eres como el resto de tu “grupo”, eres educada, te sabes expresar, no eres tan negra, no vistes como los que no se adaptan, e incluso en la actualidad llevar el pelo afro muchos lo consideran tener “rollazo” o simplemente estar a la moda como si fuese una nueva tendencia.

Llega el momento en el que nos revelamos, nos aceptamos y actuamos en consecuencia, el sistema racista deja de ser el motor de nuestras vidas y decidimos luchar, sin lucha no hay cambio posible. Esta puede ser desde el activismo, pasando por lo más cotidiano, la lucha diaria es constante, conlleva un desgaste permanente sobre todo emocional, en muchos de los casos, acarrea la pérdida de amistades, parejas e incluso familiares.

¿Quién de nosotros no ha acudido a alguna oficina ha realizar un determinado trámite y ha sido atendido con desprecio, indiferencia o condescendencia? ¿Habéis sentido alguna vez esa mirada que examina desde el primer poro de nuestra piel oscura hasta la palma de nuestras manos? ¿Han dado por hecho alguna vez que no hablabais el idioma y al abrir la boca han cambiado el trata intentando parecer más amables? ¿Antes de abrir la boca y preguntar al funcionario de turno por alguna cuestión administrativa, este ha saltado y os ha dicho: “lo de las ayudas no es aquí ya han venido varios como tu”?

Me pregunto como debemos actuar en estos casos.

Yo pienso que la lucha cotidiana pasa por pedir hojas de reclamaciones, sentarnos ante el funcionario y pedir respeto y un trato digno, cortar de raíz las conversaciones con extraños y aquellos que no lo son sobre cuestiones que en la mayoría de los casos acaban en arduos interrogatorios propios de agentes secretos: ¿De donde? ¿Por qué? ¿Y tus padres? ¿Y ese color?

Aunque creamos que nuestras quejas caen en saco roto, es importante hacerlo, debemos manifestar nuestro desacuerdo, nuestra indignación y darnos nuestro lugar pese a quien le pese, porque detrás siempre vendrá otra persona.

Recuerdo uno de mis primeros actos de “ lucha cotidiana” que más me marcó, fue en diciembre del año 2008 en mi colegio, aquí en España. Estábamos preparando la función de navidad, iban a venir todos los padres y familiares a vernos actuar, cada curso debía cantar un villancico en el mío habíamos decidido cantar la de un año más de mecano.

Las alumnas del curso superior decidieron componer su propio villancico pero, cual fue mi sorpresa al ver que la letra de la canción decía: y al entrar los tres reyes magos a adorar al niño, este se asustó y no paró de llorar al ver al rey negro. No lo entendí, no dude en ningún momento del racismo que subyacía en la letra y en las mentes de las personas que la habían compuesto. No vacilé ni lo dudé, subí decidida a la dirección del centro, pedí hablar con la directora, me explique, me sentía indignada pero me intentaron convencer de que era una simple letra y que por supuesto, ¿cómo iban a ser racistas?

Ese era ya otro debate, mi preocupación estaba en el mensaje de la letra de aquel villancico. Al final conseguí que se cambiase dicha letra y como consecuencia la enemistad y animadversión de la mayoría de las personas del curso superior al mío, cosa que no me importó en ningún momento, todo lo contrario me sentí empoderada y orgullosa de mi pequeño logro.

¡Sigamos luchando!  


Silvia Medina Gerona

Natural de Isla de Annobón-Guinea Ecuatorial. Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración. Formada en Dinamización Comunitaria.

Euskadi

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2 comentarios

  1. Que bella luchadora! te amo y te abrazo a la distancia, desde argentina. Sé muy bien lo que se siente cuando en una escuela pasan esas cosas, soy blanca pero casada con un senegales y mi hija es negra asi que lo se muy bien!

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