¿Y el racismo pa’ cuando?

He podido ver cómo las mentes más cerradas se abren poco a poco frente a los temas de género. El feminismo aparece en televisión nacional e internacional, actrices denuncian abusos cometidos en su contra con el hashtag MeToo. Grupos de mujeres se reúnen, escritoras, periodistas y especialistas en el tema salen al aire para hablar de la violencia hacia las mujeres. “Mira, qué bien”, me dicen.

En sus publicidades, marcas como Gillete, Nike y miles más deciden alejarse de los estereotipos de género mostrando una imagen innovadora sobre las mujeres y los hombres. La mujer puede ser fuerte, el hombre puede llorar. “Qué lindo”, me vuelven a decir.

Las series también están haciendo lo mismo. Cuando vi La Casa de las flores –famosa serie mexicana de Netflix– me pareció maravilloso el personaje de María José y su relación con Paulina de la Mora: un amor que trasciende el género. Pero me molestó muchísimo el tratamiento que hicieron con Dominique, el novio afroamericano de Elena, la hermana de Paulina. “¿No te acuerdas?”, les pregunto yo.

Dominique y Elena en “La Casa de las flores”

Meses anteriores había visto Merlí, otra serie de Netflix pero catalana, que le encantaba a mi mamá. Ella es profesora y le gustaba mucho cómo mostraban el vínculo emocional que Merlí podía lograr con sus alumnos, además le parecía sagaz y muy creativa la manera en la que relacionaron el drama de cada episodio con un filósofo. Hubo un capítulo en el que apareció una maestra transgénero que suplía a otra maestra que se había ausentado. Su presencia causó revuelo en la escuela y este capítulo fue dedicado al género, se habló sobre Judith Butler y la performatividad del género. También, la serie tocó el tema de la orientación sexual con uno de los personajes centrales, Pol Rubio, el alumno estrella de Merlí. Sin embargo, Merlí poco honor hace a las mujeres porque en ciertas ocasiones las mostraba como aprovechadas, malvadas y poco inteligentes (aquí se puede leer una crítica feminista a la serie: http://zena.cat/es/merli-muerte-al-feminismo/).

La serie catalana Merlí introdujo un personaje de una chica afrodescendiente, pero apenas le dio relevancia en las tramas.

En la temporada dos, si mal no recuerdo, entra como extra una estudiante negra. Es la única persona negra del salón de clase y lejos de valorar este falso gesto de inclusión me enojó ver cómo utilizaron la imagen de esta actriz para no involucrarla en lo absoluto en las escenas. Ella estaba ahí sin decir nunca nada. Con mi mamá al final nos preguntábamos cuál había sido la intención de incluirla, ¿quisieron retratar la España diversa, pero les pareció muy controversial meter un tema de etnicidad en alguno de los capítulos? Sabemos que es complicado hablar de raza, etnia y cultura, sin embargo, hubiera sido preferible haberle dado espacio al debate que poner a una persona negra de maniquí para aparentar inclusión. Tal vez, un capítulo sobre el filósofo Frantz Fanon hubiera aliviado la tensión racial en la serie.

Cada vez veo más mujeres feministas, cada vez más y más jóvenes. Las niñas están creciendo con referentes distintos, niegan la figura de mujer impuesta por Disney, quieren ser fuertes, guerreras, autosuficientes. A su vez, hay hombres sensibilizados con el tema que rechazan el modelo que asocia la violencia con la masculinidad. Mi pregunta es: ¿y el racismo para cuando? Este es un punto pendiente en el debate. Se debe integrar la perspectiva de raza y clase al feminismo, no se puede hablar de libertad en términos sexo-genéricos si no estamos dispuestas a revisar las prácticas racistas que consiente o inconscientemente reproducimos a diario. Tengo muchas amigas feministas, pero cuando discuto con ellas sobre racismo, me acusan de dividir el movimiento y de ser racista a la inversa.

Las series de Netfilx, Merlí y La casa de las flores, parecían ser extraordinarias porque integran en sus dramaturgias la discusión contemporánea sobre género y sexualidad, sin embargo, no están a la altura del momento histórico de la lucha antirracista. ¿Será que los directores, guionistas y creativos construirán, en algún momento, producciones que discutan sobre el género y la raza sin caer en el lugar común de exotizar y/o estereotipar a las personas racializadas?


Valeria Angola

Afrocolombiana residente en México. Licenciada en Etnología y Artes Escénicas, Profesora de danza.

Twitter e IG @valurulu

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3 comentarios

  1. He visto también Merlí y me pasó lo mismo, me preguntaba porque la alumna negra, que aparece varias veces, siempre, y siempre es siempre, lo hace en tomas generales de la clase, no dice ni una palabra. Es realmente chocante y perder una buena oportunidad, porque la realidad efectivamente es que hay alumnas y alumnos negros en muchas, muchas clases, esa es la realidad española hoy.

  2. Bueno en México también se invisibiliza el racismo, tal es así que cuando ocurre una acción racista, no lo llaman racismo, sino clasismo; cuando es agresivamente racista, como en el caso reciente de los ataques a la actriz de origen mixteco Yalitza Aparicio de la película “Roma”, para atenuarlo siempre acompañan la palabra racismo con clasismo dicen “clasismo y racismo” nunca lo que verdaderamente es “racismo”. La película “Roma” en México la gente la interpreta de una forma, pero la audiencia Norteamericana la asemeja más con el racismo colonialista, es más la comparan con la película “Criadas y señoras” que retrata el racismo que sufrían las empleadas domésticas en el Sur de Estados Unidos previo al movimiento por los derechos civiles, esto yo lo leí en una reseña del periódico “Indian Country”, escrito por y para la comunidad indígena en Estados Unidos y Canadá, lo ven diferente porque ellos no se vieron sometidos a un esquema de servidumbre como si ocurrió con la población indígena en México.

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