Sobre el 8 de marzo y la huelga feminista como mujer afroindígena

Sobre el 8 de marzo y la huelga feminista como mujer afroindígena

Quizás lo que escribo hoy lo hago desde mi perspectiva afro-indígena, la cual me permite tener una visión diferente sobre el mundo y como este fue formado. Mis orígenes que se fundamentan en una filosofía matrifocal me enseñaron el valor que tenemos todxs como personas, hombres y mujeres por igual. Sin ignorar los nefastos efectos que dejó la historia colonial: el patriarcado el racismo, la violencia y las desigualdades que efectivamente afectan en mayor proporción a unos que a otros. Como seres humanos hemos sido inmersos en un inmenso laberinto donde se entrelazan y confrontan elementos raciales, de clase, de género, sociales, filosóficos y culturales. Donde siempre la combinación de algunos elementos desemboca en un nivel de vulnerabilidad distinto. O sea, la combinación de genero y clase o género y “raza” generan diferentes tipos de violencias e invisibilidades. De allí que no es lo mismo hablar sobre las vulnerabilidades de una mujer blanca europea pobre y una mujer blanca latinoamericana rica. O de una mujer blanca y una mujer negra, campesina, gitana o indígena. Es de lo que habla Angela Davis, cuando se refiere al “feminismo del techo de cristal”, que es, un feminismo que pretende dar más privilegios a quienes ya tienen privilegios, por tanto, es irrelevante para aquellas a quienes se les ha negado sus necesidades más básicas.

Mis críticas al feminismo no buscan deslegitimar una corriente de pensamiento que ha unido a muchas mujeres en el mundo en la lucha contra la opresión, la violencia y la desigualdad, de la que las mujeres hemos sido víctimas. Al contrario, creo que es necesario repensar posiciones y estrategias para focalizar y articular las luchas, de manera que estas puedan ser más inclusivas y menos hegemónicas.

La convocatoria a la huelga de mujeres en varias partes del mundo el 8 de marzo, buscaba protestar, entre otras cosas, en contra de la violencia y la desigualdad. Sin embargo, me preocupa en gran manera la forma en que el discurso y la convocatoria fueron y están siendo manejados. Por un lado, se exigía la participación de la mujer en condiciones de igualdad, con igual representación en los espacios de poder, esto significa, que las mujeres que hemos sido víctimas de la opresión del sistema capitalista, estamos pidiendo formar parte de ese sistema. Un sistema que por naturaleza es patriarcal, racista y violento. En otras palabras, es pedir que nos permitan pasar a ser parte de los opresores, y que no permite realizar cambios sustanciales una vez que todo el resto continúa igual. Ya experimentamos gobiernos en América Latina y en Europa donde las mujeres han desempeñado los máximos cargos de poder de algunas naciones, sin embargo, esto no tuvo repercusiones significativas ni cambios sustanciales al sistema capitalista (en algunos casos hasta fue fortalecido). Como olvidar a la “Dama de Hierro” y su imagen fuerte de mujer opresora.

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A muchas mujeres les cuesta sentirse representadas por un feminismo que tiene a mujeres poderosas económica y mediáticamente como referentes. Estas mujeres no se parecen en nada a nosotras ni tienen los mismos intereses.

¿Acaso queremos ser parte de un sistema opresor, que subyuga a mujeres en todas partes del mundo, pero que también oprime a hombres y niños? ¿Hombres? ¿Pero cómo puedes hablar de hombres oprimidos? Si, este sistema que nos tiene inmersos en una cadena de muerte y destrucción oprime también a hombres. La violencia, opresión y discriminación producida por el sistema no puede desligarse de la lucha de clases y el racismo.

Una forma sencilla para comprender como es que el sistema funciona, basta con ver como a pesar de que la mayoría de los maestros de la educación básica son mujeres, esta continua reproduciendo un pensamiento predominantemente patriarcal, que define “roles” y estereotipos que son llevados por muchos infantes a lo largo de su vida. ¿Acaso es culpa de las maestras? Me atrevo a asegurar que no es así, es el efecto de un sistema de educación diseñado y construido, donde los conocimientos y aportes de las mujeres en su construcción fueron en gran parte cercenados de forma intencional.

Además, la idea de la huelga y su forma de organización suprime en gran medida la idea de rebeldía que es esencial en los paros. Por otro lado, históricamente los colectivos y organizaciones que han alcanzado reivindicaciones por medio de esta estrategia han realizado huelgas permanentes, donde se paralizan las actividades parcial o completamente hasta obtener respuestas concretas a las exigencias. Ninguna de estas dos características esta presente en esta convocatoria, una, porque en algunos casos las convocatorias son después de horas laborales (para no interrumpir el funcionamiento del sistema) y por otro lado es una convocatoria específica en la que se moviliza pero no se espera recibir respuestas ni soluciones concretas a las exigencias presentadas.

Hablar de reivindicación de derechos de las mujeres, pasando por alto el análisis a nivel macro de la violencia, el patriarcado y el racismo estructural, y además ignorar la diversidad de filosofías y luchas de las mujeres en diferentes partes del mundo, donde además del patriarcado, aspectos como la violencia generalizada en los países, que afecta en mayor medida a las mujeres de esas poblaciones, más que a otras o el racismo que afecta, por ejemplo a mujeres negras, indígenas y gitanas, es intentar uniformar una lucha que incluye muchas luchas.

Parémonos si, parémonos contra un sistema racista y patriarcal de muerte que siempre ha intentado opacar la vida que todas llevamos dentro. Articulemos luchas y diversidades integradas en un conjunto múltiple de ideas y complicidades donde cada una mantiene viva su propia esencia.

 

Jessica FernandezJessica Fernandez Norales

Mujer afroindígena hondureña.

Actualmente reside en Portugal.

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