Mi pelo Afro. De la vergüenza al orgullo

 

Mi pelo Afro. De la vergüenza al orgullo

Hay mucho términos en español  para referirse al pelo de las mujeres negras y casi todas tienen un origen o connotación negativas. La presión social y mediática hacia nuestros rasgos es muy fuerte desde siempre.  De ahí que algunas de nosotras, como mujeres negras, tenemos miedo al ridículo y por eso nos escondemos y ocultamos nuestros rasgos afro.

Como mujeres negras nos han enseñado que los aspectos de nuestro ser físico son inaceptables en sus formas naturales. Como tal, deben ser relegados a la intimidad de nuestros aseos, o mejor aún, transformados en alternativas domesticadas, intimas e invisibles.

Muchos (incluído muchos hombre negros) nos dicen que el pelo no es importante. Que hay algo muy superficial en esta lucha del pelo de las Afroféminas. Pero el pelo y la raza están vinculados. En una sociedad racista el pelo es importante, sobre todo para las mujeres negras.

El término Afroféminas está vinculado a esta lucha, va unido íntimamente a nuestro sufrimiento como mujeres negras. Lo afro es la herencia africana, pero también hace alusión a ese pelo hermosamente rizado que como mujeres negras llevamos con orgullo y que es símbolo de nuestra identidad, de lo que queremos ser.

Para muchas de nosotras esta lucha comenzó sentadas en las piernas de nuestra madre o  abuela, que intentaron con todas sus fuerzas domesticar y alisar ese pelo que nos venía en la sangre dado por nuestros ancestros. Ellas no lo hacían por maldad, sino porque ellas habían sido a su vez víctimas de esa vergüenza que esta sociedad nos transmite.

La vergüenza puede aparecer en forma de palabras que empezamos a reconocer como malas: pasas, pelo malo, etc. Y ese sendero es, por desgracia, mucho más común que el otro que nos dice estar orgullosas  de nuestro cabello por ser exactamente como es. La mayoría de nuestras madres y abuelas sintieron la misma vergüenza en sus niñez y simplemente no querían que nosotras experimentásemos el mismo dolor que tuvieron que pasar. Creían ponernos a salvo al transmitirnos sus creencias sobre el pelo.

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Conocernos y respetarnos entre nosotras es fundamental para avanzar en nuestra lucha

A medida que nos hacemos mujeres se nos exige que nuestro cabello sea como el de las mujeres blancas. Que se mueva con soltura y sea lo suficientemente largo para tener una coleta larga y sedosa. Queremos ser bellas y parecer cuidadas. Nos han manipulado tanto que nos hemos creído que nuestro pelo en si mismo no puede serlo. Y llegan las frustraciones.

Unas primas mías me dijeron una vez que se alisaban el pelo por comodidad. Decían que para ellas era más versátil en su trabajo.  Sinceramente creo que lo pensaban así. Pero para la mayoría se trata de una separación de nuestras raíces y una transición hacia un espacio más seguro y culturalmente apropiado. Esto es pasar desapercibidas y huir de ese ridículo que nos persigue, que nos han metido en el cerebro.

 

Ninguna de las dos posiciones está equivocada, pero tenemos que asegurarnos que esta elección se hace conscientemente y en libertad. Tenemos que saber como la sociedad dominante nos moldea para luego elegir en consecuencia.

Mirad, soy una mujer negra, y se bien que nuestra transición a la invisibilidad por el bien de la conveniencia abarca toda una vida. Desde niñas hasta adultas. Pasamos por varios pasos en nuestro pelo buscando un espacio seguro, huyendo de esa vergüenza.

En mi caso recuerdo el día que mi madre me permitió hacerme el estirado. Con 16 años crees tener la llave de la aceptación en este mundo que rechaza lo que eres. Este acto acabará con todo de un plumazo, con la vergüenza. Pero no acabará nada, como muchas cosas que hacemos para disfrazarnos para ser aceptadas. Porque este es el mal contra el que luchamos; hacer las cosas para ser aceptados en una sociedad que no le gusta como somos.

Un mensaje a las personas que piensan que esto no es importante, incluido mujeres negras que a veces sienten que Afroféminas censura su elección del cabello tratado, lo cual no es cierto. Usar el cabello de  la forma en que crece en nuestra cabeza es un acto de rebelión. No es un acto de la naturaleza, sino una afirmación clara de una rebelión radical. Estamos diciendo “aquí estoy y esto es lo que soy”.

Esto no es una condena de las hermanas que han decidido tratar químicamente su pelo. De alguna manera, los años de vergüenza de las que optamos por llevar nuestro pelo natural se transformaron en la condena, sin tener derecho a ella, a cualquiera que decidió procesar químicamente su cabello.

Ahora, resulta que nuestro amado cabello, se ha convertido en motivo de pelea entre nosotras y eso no puede seguir pasando.

Si queremos distanciarnos de los siglos de invisibilidad, debemos buscar un conocimiento de lo que somos, conforma nuestra confianza y defender la libertad de elección. Tenemos que mirar las formas en que las mujeres negras están siendo comercializadas y convencidas de la necesidad de comprar cosas que no necesitan para ser aceptadas por esta sociedad.

Pero también debemos explorarnos a nosotros mismos y aprender a respetar  quien no tiene nuestras elecciones. Mirarnos sin reprendernos. Tenemos que aceptar de una vez  el derecho de toda mujer a tejer su confianza de la manera que mejor se adapte a su esencia. Y esto solo compete a esa mujer.

 

 

Elvira Swartch LorenzoElvira Swartch Lorenzo

Animadora sociocultural

Granada (España)

 

Un comentario

  1. Me encanta tu reflexión, es sencillamente genial. “Con 16 años crees tener la llave de la aceptación en este mundo que rechaza lo que eres. Este acto acabará con todo de un plumazo, con la vergüenza. Pero no acabará nada, como muchas cosas que hacemos para disfrazarnos para ser aceptadas. Porque este es el mal contra el que luchamos; hacer las cosas para ser aceptados en una sociedad que no le gusta como somos.” Me tocaste el alma con eso, creo que todas tuvimos que pasar por eso en el tránsito a la adultez, el sueño de hadas, de que al alisarnos seríamos mágicamente aceptada. Y tienes razón, no cambió nada, no cambia nada, a la sociedad, sencillamente no le gusta lo que somos. Un abrazo.

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