Los claroscuros de la adopción transracial internacional

Los claroscuros de la adopción transracial internacional

La adopción internacional sigue siendo un tema poco conocido para la sociedad.  Lo es en cierta medida en la sociedad occidental, pero sigue siendo un tema poco expuesto. Demasiado a menudo hemos apartado la vista de los sentimientos y vivencias de los niños para centrarnos en el deseo de los padres occidentales. Olvidando con frecuencia el bagaje de historia del niño y la importancia de preservarlo. El seguimiento del niño es casi nulo y la preparación de los padres está mal orientada. La adopción interracial internacional es compleja por las diferencias de vivencias culturales así como nuestra concepción de sociedad.

Empecemos por datos simples para arrojar luz sobre la situación. Hablaré aquí de Occidente y en particular de Europa, puesto que he crecido y vivido casi la totalidad de mi vida aquí.

En Europa, hay una mayor “demanda” de adopción que niños “disponibles” y  la demanda se concentra principalmente en los recién nacidos. ¿Qué vemos aquí? En la superficie, nada. Si buscamos un poco más allá, sabemos que para muchos futuros padres la espera de un niño surge de una necesidad profunda, casi visceral, de llenar un vacío, una carencia, la de ser padres. Salvo que al planificar una adopción, la necesidad primera debería más bien orientarse en la ayuda de un individuo, un niño, sin esperar una contrapartida.

En muchos casos de adopción se hace un seguimiento a los padres durante años, a veces incluso antes del nacimiento del futuro hijo. El seguimiento de los padres lo llevan a cabo psicólogos, especialistas, que les apoyan en su procedimiento. Con demasiada frecuencia privilegiamos la necesidad afectiva. La adopción no debería existir para llenar esa necesidad absoluta de paternidad de personas europeas, sino más bien ser percibido como una ayuda a un niño que se encuentra en unas condiciones de vida difíciles y sin olvidar que para ciertos niños el proceso de adopción en si puede resultar traumático. Además, el eurocentrismo mezclado con esa necesidad paternal puede, demasiado a menudo, hacer que dejemos de lado cosas importantes como la preparación a/de tener un hijo con orígenes culturo-étnicos diferentes de los propios. La importancia de este encuentro entre dos mundos  al que se enfrentarán los padres. Un primer trabajo importante de hacer es darse cuenta de los privilegios como occidental y de desconstruir las posibles actitudes o ideas de superioridad, de racismo, que se han integrado por el hecho de haber crecido en Occidente. El hecho de haber proyectado o ser ya padres de un niño racializado no inmuniza de posibles actitudes discriminatorias que podéis tener. Es como la famosa frase «no por el hecho de tener un novio o una novia negra(o) se deja de ser racista». El occidente no es el último eslabón de la cadena de la evolución, ningún pueblo es salvaje o primitivo, no sois en nada superiores ni más civilizados que personas que vienen de países lejanos, no repitáis la Conquista y la Controversia de Valladolid.

Muchos padre se preparan muy poco el viaje y no se interesan más que ligeramente en la cultura del país de adopción. Una vez en el lugar, algunos se quejan de las condiciones de vida, de falta de higiene o de la insalubridad. Bienvenidos a los sitios más pobres del mundo. Eso cambia de sus pequeñas comodidades y sus pequeños privilegios. Sí, es duro; sí, no siempre es bonito de ver, pero es la realidad y hay que prepararse para ella. Es también imperativo no considerarse como “el buen salvador” blanco que viene a buscar al pobre niño del “Tercer Mundo”. No olvidemos que nosotros y nuestros gobiernos forman parte del problema. Las guerras causadas por Occidente, nuestro sobreconsumo, así como la explotación de las riquezas y la población que son lo que crea la pobreza y estos niños abandonados resultan sus víctimas. No adoptáis un niño para montaros una fantasía aventurera exótica, así que no os comportéis como snobs europeos. Igual que es importante prepararse, es importante también preparar a vuestros allegados que vuestro hijo no es un curioso “bicho” exótico, sino un niño como todos los demás.

Hay que deconstruir todos estos pequeños restos de pensamiento europeo postcolonial dominante y para ello hace falta darse cuenta y asumir el hecho de que formáis parte de la clase dominante. En el extranjero podemos « escoger » a nuestro hijo, es decir principalmente la edad y el sexo, pero también en algunos casos el aspecto físico u otros aspectos. En el caso de una paternidad biológica no se escoge ni el sexo, ni la edad, ni el aspecto físico, ni el “tipo” de bebé que se quiere. Se miente también a los padres sobre las posibles enfermedades o capacidades del niño. Tomemos el ejemplo de un caso concreto (del cual omitiré los nombres). Se dice a los futuros padres: «niñx de 2 años que sabe andar, que come y va al baño solo, sin enfermedades». Es un poco como escoger un coche con extras. Evidentemente la realidad es otra. Cada niño tiene un ritmo de aprendizaje diferente. Se miente a los occidentales sobre los posibles problemas psicológios, las enfermedades y las aptitudes porque sino la gente no les quiere. Como si fueran niños de segunda categoría.

Los claroscuros de la adopción transracial internacional

Una vez de vuelta, ciertos padres se quejan de que los niños pueden ser agresivos, agitados, tener crisis, desarrollar patologías o enfermedades. Pongamos las cosas en situación. Se puede perfectamente adoptar un niño de algunos meses que aparentemente goce de perfecta salud que, posteriormente, durante la infancia o la adolescencia, desarrolle problemas relacionados con el sistema nervioso o de psicomotricidad debido a un embarazo complicado, como por ejemplo el consumo de estupefacientes durante el embarazo o la malnutrición, problemas que son consecuencia de la extrema pobreza. No hay que olvidar tampoco que muchos niños han podido vivir en condiciones de vida extremas, haberse visto obligados a valer por sí mismos, haber vivido en la calle, haber recibido abusos o haber vivido en orfanatos sobrepoblados donde no resulta especialmente fácil darles la mejor atención ni cuidado a todos. Como cualquier individuo expuesto a este tipo de situación, es posible que presenten problemas psicológicos. Además, de un día para otro, pasa en un entorno desconocido (cultura, costumbres, idioma), habiendo dejado a personas que tenían como referente y a sus amigos. Se deben tener en cuenta todos los parámetros, el proceso de adopción puede ser traumático y largo para el niño. Cuando se adopta un niño, sobre todo cuando no es un recién nacido, no hay que esperar que os quiera o que os llame papá, mamá enseguida, esto forma parte del poceso, hay que ser paciente y no presionar al niño.

Muchos padres cambian el nombre de origen de los niños para reemplazarlo por nombre europeos, como intentando hacer de ellos perfectos pequeños europeos con la mentalidad cultural blanca que ello comporta. No se debe intentar cambiarlos a pequeños europeos blancos, no lo son. Además todos ellos pueden llevarles a conflictos consigo mismos y su definición de identidad. No hay que olvidar que la mayoría de niños adoptados en el marco de la adopción internacional e interracial no son blancos. Deben entonces conocer lo máximo posible sus historias, aceptar que vienen de otro lugar, que tienen orígenes etnico-culturales diferentes de los del país de acogida y que esto no supone ningún problema. Si no se encargan los padres de estas problemáticas, será la sociedad quien se encargará y no siempre de la mejor forma. Por todas partes se verán confrontados al mundo exterior, y se les recordará que el color de su piel no es blanco y se hará referencia a sus orígenes.

Cualquiera que sea la edad del niño, pero especialmente si tienen 2 años o más, se debe cultivar y conservar una conexión con el país y la cultura de origen. Lo mismo sucede con la lengua, si ya la habla y lo pide, se debe conservar su lengua de origen además de enseñarle la del pais de acogida. Los padres deben aprender esa lengua, hacer que el niño pueda seguir aprendiéndola y, a ser posible, con el acompañamiento de unas personas nativa. Igual que ellos hacen un esfuerzo para aprender la lengua de acogida, debe hacerse un esfuerzo para aprender la suya. No se debe renegar de sus orígenes, esa identidad, forman parte del niño. Hay que ayudarle y apoyarle en este proceso. Hay que ayudar a cultivar esta doble identidad y enseñarles a estar orgullosos de ella. Igualmente si pregunta por su familia o madre biológica. No hay que olvidar que los niños no son perfectos, tienen defectos, pueden tener malas notas en el colegio, mal comportamiento, hacer tonterías y demás. No es porque se le ha esperado tanto y se le ha “elegido” que, como Jesucristo, andará sobre el agua. Como el resto de niños, no son juguetes moldeables al gusto.

Yo soy hija de la adopción internacional interracial, he crecido y he frecuentado decenas de niños y de familias de adoptados. Baso mis argumentos en mi experiencia personal, mi carrera universitaria en ciencias sociales así como en la consulta de profesionales de la infancia y la psicología y no consigo decidirme sobre el hecho que si la adopción internacional tal como es concebida hoy en día es algo bueno.

Ciertos padres están tan angustiados y desesperados por tener un hijo que algunos llegan a cometer excesos. Como por ejemplo pagar por un niño. Es un mercado de la oferta y la demanda, una mafia organizada alrededor de la comercialización aprovechando la desesperación por colmar la necesidad absoluta de paternidad del “occidental”. De este tráfico han salido niños que no han sido abandonados sino perdidos, posteriormente vendidos a europeos. Otro caso posible cuando la gente vive en condiciones de pobreza extrema es la posibilidad de que la gente se vea abocada a vender a sus hijos para garantizar la supervivencia del resto de la familia. Nadie vende un hijo por elección sino por necesidad. Existe también el caso de niños robados a familias pobres puesto que en estos casos no hay represalias. Además de esto la hiper-formación de niños para convertirlos en perfectos europeos sin pasado alguno, ni dar importancia a sus orígenes me parece un error y me recuerda demasiado a menudo a los métodos de evangelización y colonización que los europeos perpetraron en los 4 rincones del planeta.

Es importante tener en cuenta todos estos factores, así como deconstruir la propia mentalidad postcolonial, cuestionar sus a priori y darse cuenta de la vida privilegiada propia.

Tomad el tiempo necesario para prepararos y prepararles, cuidando de conservar su bagaje, a esta nueva vida que les tiende la mano, haréis de ellos seres brillantes y preparados para afrontar el mundo que les espere. La identidad no es única sino múltiple y llena de matices, haced de ella su fuerza.

 

anne cathAnne Cath

Barcelona

3 comentarios

  1. Hola Anne. Soy padre adoptante de dos hijas nacidas en China que tienen actualmente 19 y 16 años. Estoy de acuerdo en la reflexiones que expresas y es lo que he intentado siempre hacer. Incluso creé un blog hace años para salidas también a muchos de los pensamientos que coinciden con los que desarrollas en este artículo (Pasión por China)
    Gracias por expresar tu punto de vista.

    Saludos.

    José Luis

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