La ceguera de no ver las razas

La ceguera de no ver las razas

Parece una cosa genial y muy guay decir: “no veo las razas”. Y en cierto sentido es cierto; la raza no es un hecho biológico, no determina el contenido de nuestro carácter y no debería importar. Pero ya estoy cansada de oírlo.

Quizás cuando tú dices esas palabras lo que realmente quieres decir es “no tengo prejuicios”, pero realmente suena más como nos estuvieras diciendo “tengo la  de mente abierta porque no tengo ni idea de lo que pasa en el mundo” a la gente racializada.

Estas palabras se usan para negar el privilegio racial, para negar nuestras experiencias con el racismo, para negar el blanqueamiento constante en los medios de las personas racializadas.

Se utilizan para eludir la falta de diversidad e inclusión en la educación superior, para alejarse de la sensación culpabilidad y dolor que produce reconocer todas las horribles dinámicas raciales que hay en nuestra sociedad.

Si de verdad no ves la raza, si para ti no existen las diferencias,  no le haces ningún favor a las personas que vivimos perjudicados por la desigualdad racial.

Verás, hay muchas otras personas que nos recordarán nuestra raza cuando busquemos empleo y vivienda o cuando caminemos por la calle.

“No veo  la raza” es una declaración personal. Quizás esperas que te demos un premio por no ver las razas, por estar libre de prejuicios, pero desgraciadamente el mundo que nos rodea si que las ve y las tiene muy presentes. Porque la raza no debería importar, pero sí importa.

Importa que el mundo occidental como lo conocemos tiene una historia de supremacía blanca que no ha sido completamente borrada. Importa la historia de la la esclavitud. Importa la historia de la segregación racial que perduró en EEUU hasta los años 60 y en Sudáfrica hasta los 90. Importa que los niños negros todavía estén creciendo con pocos referentes positivos de sí mismos en los medios.

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Se que muchos pueden beneficiarse de ignorar la raza porque al hacerlo, no tienen que conocer lo que obtienen de un sistema de desigualdad perpetua.

El racismo no es algo raro en nuestro mundo.  Pero también puede ser algo muy sutil, hasta el punto de que la persona que lo recibe puede no darse ni cuenta, o lo puede confundir con buenos modales, lo he visto. Muchas veces hace falta ser muy consciente de nuestra condición de racializados para detectar a muchos racistas que operan con subterfugios.

Estas formas sutiles de racismo que se ven en interacciones diarias son lo que llamamos microrracismos y reflejan un problema cultural más grande, pero muchas veces los pasamos por alto.

Imaginaos a una mujer blanca que camina por la calle, que cuando ve pasar a un hombre negro al lado, agarra su bolso más fuerte. Ella se dice que no es racista. Tiene algunos amigos negros,  frecuenta un restaurante senegalés, le gusta Bob Marley y hace muchas cosas culturalmente diversas que le hacen sentirse como una persona totalmente no racista.

Lo cierto es que ella hizo algo racista y la persona que pasó a su lado pudo ofenderse por ese gesto. Alguien que no ve las razas al que le comentaras esto diría que la raza no tuvo nada que ver, que simplemente fue precavida y que dio la casualidad que el hombre era negro. Seguramente acabaría diciendo que sacamos el tema racial en todo y que los que tenemos prejuicios somos nosotros!!!!

No sería raro que el que dijese este comentario fuese una persona negra. Todos sabemos hasta que punto algunos intentan negar la evidencia para no sentirse afectados por estas cosas. O es una persona blanca que se pone a la defensiva porque no entiende por qué la gente sigue “machacando constantemente con el racismo. Vaya pesados”.

Si eres de lo que piensas así piensa solo una cosa:  la mayoría de la gente negra ignoraría la raza, si pudiesen. Pero no nos dejan.

Cuando señalo el racismo no quiero hacerte sentir mal. Muchas veces lo comportamientos racistas son involuntarios. Vivimos en un mundo que privilegia ser blanco. No te sientas culpable, pero debes tenerlo en cuenta. Si no eres consciente de tu privilegio, puedes caer en el racismo involuntario.

Pero es algo que todos deben tener en cuenta. Y cuando la gente no es consciente de su propio privilegio, el racismo involuntario puede suceder.

Cuando desde las redes, en los medios o desde Afroféminas denunciamos un acto racista, no queremos señalar a nadie directamente, aunque esto es un efecto colateral. Lo que en realidad estamos haciendo es señalar lo normalizados que están los actos racistas.

Reconocer las identidades raciales de la gente no es algo malo.  Decirle a alguien negro que no los ves “como de raza negra” o “como una persona negra” es una manera fácil de descartar la identidad racial de esa persona. Y por la identidad racial, no me refiero a que lo que hago, como, digo, pienso y sudo es resultado de mi color.

Me refiero a que como mujer negra tengo una lucha, se que mi mundo es diferente, no por una cuestión biológica, si no por una cuestión de que este mundo ha sido hecho para otras personas. Esta identidad está formada no sólo por el color de la piel, sino también por la dinámica racial de la sociedad en la que crecí.

Es más probable que me identifique como una persona negra que mis padres nigerianos, simplemente porque no crecí pensando que ser negra era lo “normal”. Yo crecí en un mundo de blancos.

Cada faceta de nosotros mismos, desde lo profundamente arraigado a lo puramente superficial, afecta nuestra experiencia de vida. Reconocer la forma en que esas cosas superficiales nos han moldeado no está mal,es realista.

Así que si eres alguien que no ve la raza, sigue evitando los prejuicios. Sigue entendiendo que la raza no determina el valor o personalidad o carácter de una persona. Pero no uses eso como excusa para negar mis experiencias como mujer racializada.

No uses tu ceguera para negar tu privilegio o ignorar las cosas que me duelen. No ignores el lugar que tiene la raza en nuestras sociedades.

Esto no es una sociedad post racial. No lo es por muchas razones. Cuando yo camino por la calle muchos solo ven una mujer negra. El mundo coloca la raza sobre mis hombros y la tengo que llevar con orgullo. Tu negación me invisibiliza y contribuye a hacerme más pequeña e insignificante. Solo mi consciencia de mujer racializada me hace resistir.

 

Feminismo racista

Ayomide Zuri

Madrid

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5 comentarios

  1. Me siento una persona con suerte, siendo negra Cubana de Afro gigante viviendo en Portugal nunca he sentido racismo, he comprado una casa con recurso a hipoteca, un carro, me he manteniendo en la misma empresa por 11 años, inclusive en los tiempos de crisis que asolaron Portugal hace unos años, voy a una tienda y nadie anda detrás de mi. Puede ser que Portugal tenga una mentalidad más abierta.

    • Les digo hola desde Uruguay. En mi país la invisibilización es una realidad que rompe los ojos, así como la falta de referentes positivos para fortalecer la austoestima de nuestros pequeños.

  2. Me encanta, me encanta, me encanta tu artículo. Hay una frase en particular que me encantó: “la mayoría de la gente negra ignoraría la raza, si pudiesen. Pero no nos dejan.” Cuando entré a la adolescencia, que comencé a salir con mis amiguitos, olvidaba todo el tiempo que era negra, no sé si me entiendes, por supuesto sabía que era negra pero no pensé que eso tuviera la menor importancia, no veía absolutamente ningún motivo para que mis amigas y yo (jóvenes, lozanas, alegres, bonitas) fuéramos miradas de manera distinta. Estaba errada. Empecé a ver conductas, comportamientos, miradas, frases dirigidas hacia mí que me “marcaban” como alguien diferente, y siempre que, pasmada, buscaba la explicación a tan raro comportamiento me enteraba que era porque era negra. Eso me lo enseñaron mis compañeros, mis profesores, mis pretendientes durante mi paso a la adultez, no está en nuestra cabeza, no es nuestra imaginación. Ahora soy una persona racializada, consciente (y orgullosa) de mis raíces y no olvido jamás que soy negra y de donde vengo, pero no es por capricho, es que, aunque quisera, no me dejarían olvidarlo. Es bueno que la gente sepa eso; no somos pesados, no es capricho, no es “matraquilla” como decimos los cubanos. El racismo es real y vive fuera de nuestras cabezas no dentro de ellas, esta es la experiencia de una mujer negra que intentó una vez ignorarlo.

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