La belleza de una mujer negra no está determinada por la longitud de su cabello

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Durante una conversación con un hombre negro hace unas semanas, en presencia de otra mujer negra, sucedió otra vez. Sentí la necesidad de defender mi longitud de pelo. Tan pronto como el intercambio terminó, yo estaba noqueada . Perturbada por la ocurrencia incesante de tener que exculpar mi existencia, mi belleza. Antes de poder procesar adecuadamente lo que estaba haciendo y detenerme, había justificado mi longitud de pelo. Justificado. Como si hubiera algo malo o feo al respecto, como si fuera menos atractiva porque mi longitud de pelo era modesta, incluso muy modesta, para una chica negra. Un hombre negro me había informado, orgullosa y tal vez inocentemente, delante de otra mujer con el pelo más largo que yo, que su pelo había sido más largo que el mío cuando era joven.

Todos hemos oído o dicho esta frase antes: “mi pelo solía ser muy largo, pero” “esa permanente que mi madre me obligaba a ponerme acabó con mi  pelo” “le dije a la peluquera que cortara las puntas abiertas y ella cortó algún centímetro más” Todos hemos escuchado los chistes de cabezas calvas en el colegio y como. Todos hemos visto como hermosas niñas negras llenaban sus cabellos de fijador en un intento desesperado de que cabello tuviese un parecido en la forma al de las muchachas blancas.  ¿No este acto una forma implícita a arraigar el mensaje de que nuestro pelo natural es ingobernable o antiestético?

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Entonces, el hecho de que este hombre negro hiciese esa comparación de la longitud del pelo comentando “no es ninguna falta de respeto pero …” claramente, inmediatamente e innatamente activó  en mí la necesidad de defenderme, defender mi pelo. Hizo una declaración inherentemente irrespetuosa y sugirió una inferioridad del pelo. “Bueno, no me ofende porque me corté todo el pelo” “hice el gran corte”

Intenté ocultar mi disgusto con el disfraz de iluminar a mis compañeros con hechos indiscutibles. Yo le podría haber dicho, “así que tú crees que mi pelo corto es un defecto, algo malo. Tú no eres mejor que yo, porque tu pelo  crezca más largo o más rápido. Empecé de nuevo. Por lo tanto, respétame!”

Unos meses antes tuve una microagresión similar por parte de una compañera blanca de trabajo. Ella me felicitaba por mi decisión y valor de empezar a dejarme mi cabello afro, pero al mismo tiempo criticaba a una hermana, también compañera de trabajo, que había decidido colocarse una larga cola de caballo de pelo postizo. Al hablarme de ella colocó su dedo pulgar hacia abajo en señal de desaprobación.

Ese domingo por la noche, después de poner la larga lista de productos sobre mi cabello, sola delante del espejo de mi dormitorio, mientras me perdía hipnotizada por la bella voz de Jill Scott en mi peluquería improvisada, me estaba preparando mi siguiente estilo firmemente y pulcramente trenzado. Me obligué a descomprimir la fatiga de la semana y anticipar el nuevo comienzo de la próxima semana. Había sobrevivido a otra microagresión convencional de la belleza estándar y había vivido para defenderme otro día. Me preguntaba, “¿Cuándo?”

¿Cuándo exactamente vamos a dejar de pedirnos a nosotros mismos imposibles? Estamos hechos de la misma esencia de la estrellas y la lluvia del universo de la que nuestro pelo, como árboles y flores, brotan. Espirales hacia arriba para saludar a los rayos del sol. Voluminoso. Luminoso. Abundante. Brillante. Negro. Creado para elevarse, y florecer magníficamente, para ser espacialmente excelente. Burlando y derrotando suavemente la gravedad en un testamento único a una divinidad especialmente mágica. Una intensidad encantadora que de alguna manera brilla a través incluso en un corte a cepillo.

¡Nuestro cabello está destinado a rizar, arrollar, saltar, y saltar! Estira y grita por la alegría. Vibra, es una antena majestuosamente entrelazada con la galaxia. La humedad pronostica una fuerte elasticidad con una ligera posibilidad de contracción y una alta probabilidad de expansión. El calor lo vuelve sedoso. El agua lo ondula suavemente. El aire lo retuerce floreciente orgullosamente cabalgando la brisa. Requiere nutrirse, como la tierra. Es un espejo de la tierra. El resplandor de la mujer negra no es definido por la longitud del pelo: nuestra magia es de lejos demasiado grande y fuerte para eso.

 

Lacrisha es una orgullosa alumna de la ilustre Universidad Howard y de la Universidad Central de Carolina del norte.

Artículo publicado originalmente en la revista For Harriet y traducido con permiso por Afroféminas.

 

 

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