En la variedad está el gusto

la-foto-1Últimamente se habla mucho del blanqueamiento de piel que se hacen muchas mujeres negras en todo el mundo. Yo lo he visto con mis propios ojos. Hace seis años, cuando fui a Dakar, una amiga me pidió que la acompañase a comprar un jabón. Me explicó que era una tienda en la que hacían productos artesanales. Para mi sorpresa, cuando llegamos a la tienda, estaba abarrotada de mujeres que demandaban el producto estrella: un jabón que les blanqueaba la piel. Yo aparté a mi amiga y le pregunté: ¿por qué? ¿No has visto lo preciosa que eres? ¿Por qué vas a querer cambiar el tono de tu piel? Me sonrió y me dijo: porque quiero estar guapa. No lo podía creer, pero entonces me acordé de algo que había enterrado profundamente en mi memoria, y que hoy, vuelve a mí, porque he vuelto al lugar donde ocurre.

Yo soy de una isla que se llama Jerba, ubicada en el Mediterráneo, y que pertenece a Túnez. Jerba adopta el nombre de la tribu de los jerba, una tribu amazigh que está aquí desde muchísimo antes de que llegaran los árabes y musulmanes. Aquí hay diversas tonalidades de piel, pero blancos no hay.

Yo crecí viendo ciertos rituales que mi mente infantil aceptaba sin más, y que hoy recuerdo y me hacen entender muchas cosas. El que voy a contar es el más significativo.

Aquí la costumbre, cuando una mujer se va a casar, es que el novio vaya a pedir la mano de la mujer a los padres, ya que, por supuesto, aún vive con ellos (Si no se casara, viviría con ellos toda la vida). Una vez que los padres aceptan al novio, se hace una fiesta de pedida. Después, hay que esperar a que pase un año para que el enlace se produzca y la mujer vaya a vivir con su marido a su casa.

Durante el año que separa las dos fiestas, la novia debe permanecer en casa, completamente tapada, con guantes para que no le de el sol ni en las manos, y echándose productos naturales para blanquear la piel.

Lo que antaño yo misma veía como algo normal sin ni siquiera cuestionármelo, hoy en día me hace daño, porque me duele ver cómo, vaya donde vaya, las mujeres somos esclavas de un estereotipo.

Esto no es algo nuevo, esto lleva ocurriendo desde que existe el ser humano; en cada sitio de forma un poco diferente, pero con un nexo común, con un mensaje que es exactamente igual en cualquier parte: mujer, tal y como eres, no eres guapa.

Hemos creado y seguimos creando modelos de mujer que no son reales, pero que todas aceptamos y seguimos, y que están tan arraigados socialmente, que nos cuesta hasta darnos cuenta. Desde el corsé hasta no dejar que crezcan los pies, desde alargarse el cuello hasta quemarse la piel.

Hoy en día se nos llena la boca con la palabra libertad, cualquier cosa que hagamos, por muy absurda o insalubre que sea, la justificamos “porque somos libres, porque podemos”.

Mujer, no eres tan libre como crees cuando tomas decisiones que pueden incluso poner en riesgo tu vida, según te hayan inculcado unas ideas u otras. No eres libre cuando decides lo que haces según lo que otros establecen como bueno o malo, como bonito o feo.

Hace falta que las mujeres tomemos las riendas de esta situación ya de una vez. No podemos seguir permitiendo que se haga negocio con nosotras de ninguna forma, porque esto, al final, de lo que se trata es de vender. Somos simplemente un producto más que tiene que lucirse, y lo peor de todo, es que algunas de nosotras nos prestamos para estar en el escaparate.

Nos han vendido que como somos naturalmente, no estamos bien. Nos han vendido el complejo para después vendernos soluciones que atentan contra nuestra salud.

Me parece ridículo que haya que luchar simplemente por ser una misma, y, aunque es una lucha necesaria, se vuelve bastante inútil mientras haya una sola mujer que se ponga de modelo para decirnos a las demás cómo deberíamos ser.

Lo que existe de forma natural es por sí mismo real y bello, y como dice el refrán: en la variedad está el gusto. No somos todas iguales, no queremos serlo, y no hace falta. Ni en el color de piel, la forma de los ojos, el pelo, las caderas ni los pies.

Seremos libres cuando nos miremos en el espejo, nos veamos tal y como somos y sonriamos. Cuando no haga falta que la cantante de turno, operada hasta las cejas, nos diga cómo se lleva el culo esta temporada.

DuniaDunia Ben-Aissi Gómez

“Tengo 30 años y mi nombre significa Mundo. Escribo poesía desde que aprendí a escribir. Soy hispano tunecina, nacida en Madrid y educada entre dos culturas y dos religiones. Vivir sin escribir no sería vivir”

Un comentario en “En la variedad está el gusto

  1. Wow…impactante hasta que punto esa obsesion por la piel clara, como si ellos fueses dioses! Maldita sea, ojala cambie esta mentalidad estupida y esos productos dañinos para la salud se prohiban

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