Celebrando la barbarie. Perspectiva decolonial

texto-alineEn pleno siglo XXI, Alemania decide celebrar el trabajo forzado y asesinato de las personas judías en la época del nazifascismo. Para ello, se realizará, en pleno centro de Berlín, exposiciones belicosas para todas las edades y actividades policiacas para la población infantil glorificando los hechos ocurridos en aquel entonces y la fuerza y superioridad de la raza aria. Se recordarán las victorias logradas en las batallas en la guerra; será permitido aplaudir y menear vigorosamente las banderitas durante el desfile de tanques de guerra y armamentos utilizados en la matanza de miles de personas y por haber alcanzado el objetivo de conseguir más poder, riquezas, capital y dominio.

¿Os imagináis que esta noticia fuera verídica en pleno año 2016? Sería chocante, cruel e inadmisible ¿verdad? Pues hablemos entonces del 12 de octubre, el Día de la Raza y de la Hispanidad.

Eso sí es verídico y vuelve a ocurrir a cada año en Madrid, desde 1958 cuando la “fiesta” fue regulada por la dictadura militar de Francisco Franco. Una celebración originaria de la época franquista. Muy sugestivo todo.  

La conquista española, la esclavización de millones de personas negras africanas, la inhumana condición de los navíos negreros, la colonización, la evangelización impuesta y asesinato de los nativos así como de las personas negras traficadas y esclavizadas son temas que han dejado herencias de riqueza para pocos y de pobreza para muchos a lo largo y ancho del mundo. Curiosamente, en Europa no se quiere hablar del pasado alegando que fue hace mucho y que tampoco son los mismos españolxs de aquel entonces. No se quiere debatir sobre las consecuencias malas, sin embargo no dudan en disfrutar, esos mismos que no estaban en la España de Colón, de las riquezas y privilegios generados en aquel entonces y que existen y resisten hasta hoy en la España de Rajoy (o no). Seamos entonces pragmáticos, como los países colonizadores: si no se hace España responsable por las malas acciones de sus antepasados, ¿qué sigue haciendo todo ese oro americano proveniente de trabajo esclavo en las iglesias españolas o en el Vaticano? ¿Les pasamos nuestros números de cuenta o se hace a través de Pay Pal? Memoria y consecuencias selectivas…

No se trata solamente del desahogo de una afrodescendiente latinoamericana tataranieta de personas que fueron esclavizadas. No. Son hechos. Históricos, estadísticos, artísticos, geográficos, económicos y sociales. Es fácil consultarlos. Amnistía Internacional, Save the Children o la ONU, por poner ejemplos, los tira a nuestra cara cada dos por tres. Difícil es tener agallas para hacerlo y seguir tal cual.

El Día de la Hispanidad y de la Raza, no por casualidad, es celebrado como tal ya solamente en España y no en sus ex colonias. En Nicaragua y Venezuela, por ejemplo, lo que se celebra actualmente el 12 de octubre es el Día de la Resistencia Indígena. Un cambio, bastante relevante, de pauta de celebración.

Más que reverenciar la Hispanidad justificando la expansión (bajo fuerza, obligada) de la lengua y la cultura hispanas en detrimento de las lenguas, culturas y religiones de los pueblos originarios y africanos, ya ha pasado la hora de que los países colonizadores protagonicen acciones serias de reparación de los más de cuatrocientos años de explotación en África y en las Américas. Esa reparación pasa por la educación, por supuesto, pero no nos ilusionemos con que ese sea el único y principal medio. El pensamiento colonizador está afincado de manera sistemática e institucionalizado. La educación, formal e informal, pasa por muchos sectores pero principalmente por las instituciones llamadas Escuela y Familia, respectivamente. Si la educación sigue siendo racista, excluyente y negligente con la otra parte de la historia, no nos creamos que la solución es la educación sin “peros” y cambios reales en esa escuela y en esa familia que siguen siendo administradas bajo la lógica blanca, neocolonialista y patriarcal.

Los daños causados por el proceso de colonización reverberan hasta los días actuales; y no, no son conmemorables. Esos daños son tan graves, abstractos y aceptados social y sistemáticamente que, por ejemplo, para no tener trabas en una selección laboral, nos alisamos el pelo para parecernos a los colonizadores en lugar de fortalecer nuestra identidad. Heridas que nos hacen valorar más la cultura europea o norteamericana en lugar de la cultura africana o de su diáspora. Somos africanos o afrodescendientes y salimos de vacaciones primero a Londres cuando, casi siempre, nunca hemos conocido ni siquiera Guinea Ecuatorial, que es de donde, quizás, hayan venido nuestros familiares; conocemos una lista de respetables grandes escritores, pintores y artistas y, a la vez, no conseguimos nombrar ni siquiera una que sea mujer, y negra, menos aun; daños del cotidiano que no consideran como española a una mujer negra por el mero hecho del color de su piel aunque haya nacido en Carabanchel; convenciones normalizadas al ser llamada de mulata o exótica, y verlo como un elogio en lugar de una ofensa, con toda la carga sexista que esos términos abarcan; tener el color de piel negativa y directamente relacionado con tu cuenta bancaria o sueldo y seguir creyendo y defendiendo la meritocracia en una sociedad que nace de la desigualdad; sufrir por las ACTUALES atrocidades generadas por más de cuatrocientos años de esclavitud de las personas negras y, a la vez, ver el verdugo en el rostro de los países vecinos y no ver cuando se mira al espejo celebrando el 12 O. Gravemente, tomamos todo eso como algo normal y corriente.

Antes de que salten los defensores de cosas como “¿cuál es el problema en conocer y admirar a artistas blancxs y querer libremente alisarse el pelo?”, les contesto: ningún problema. Principalmente si su pregunta es planteada así, tipo pregunta trampa ridiculizando la complejidad de los actos.

El problema es cuando SOLO se conoce y se tiene como referencia a personas que, física e históricamente, no se asemejan nada a lo que uno es originalmente. El problemón está en que, además de no tener referentes negrxs, cuando alguno se “filtra”, se le blanquea. Más problemático es cuando, sin libre elección, se echa un bote de crema química alisante en el pelo de una niña de 4 años “por su bien” y que, rebuscando un poco en las noticias actuales, se encuentra el dato de que el pelo natural de las personas negras está prohibido en diversos colegios del mundo. Lo duro es ver que la industria de la cosmética que nunca dio visibilidad a la estética de las mujeres negras, ni con productos específicos ni mismísimamente con modelos, ahora se forra vendiendo cremas que blanquean la piel a esas mismas personas negras cuya existencia fue y es sumariamente ignorada. Para finalizar, pero no que sea el fin de los problemas sino del texto, otra respuesta está en que, antes incluso de entrar en la pubertad, una chica negra sí escuche que es “naturalmente sexy” y crezca con ese imaginario, sin embargo, a la hora de imaginar a una profesional de éxito, no le viene a la mente la imagen de una mujer negra sino blanca, o de un hombre. La verdad es que solo con ejemplos para responder a lxs defensores del “¿cuál es el problema?” podría hacerme una tendinitis de tanto escribir.

La gran cantautora brasileña Elza Soares ya denunciaba a gritos en sus canciones que “la carne más barata del mercado es la carne negra”. Yo, si me permiten, voy más allá y me temo que, sin conciencia, sin lucha, sin representatividad, sin cambios sistemáticos y reparación histórica la carne negra ya no será ni carne. Se convertirá, poco a poco, en un cacho de cualquier cosa blanqueada, teñida, descaracterizada, sin lengua y sin lenguaje, sin voz, sin saber para adónde va porque no sabe o no se acuerda ni desde dónde vino, sin rumbo y sin rombo –esas placas informativas en las calles de Madrid– que la recuerde, que la haga saber que es más que carne, es sangre que circula, es melanina, es ancestralidad, fuerza y reivindicación, es ser y es humana.

En definitiva, invocando a la querida Conceição Evaristo, pacíficamente una guerrillera literaria, que nuestra historia no sirva para “mecer la siesta de los señores de esclavos, sino para molestarles en sus sueños injustos.”

Entre todas, despertémonos.

aline-editorialAutora: Aline Pereira da Encarnação.

Negra y brasileña. Formada en Pedagogía y especializada en Lengua Portuguesa y Literatura Brasileña. Editora en Ediciones Ambulantes. Enamorada de la música, el baile, los textos y las gentes. Defensora de las diferencias, pero luchadora, a su manera, de la igualdad de derechos para todxs.

2 comentarios

  1. Estimada Aline, Usted me conforta y me ayuda a construir pensamiento. Sin haberla leido había presentido las cosas que dice. En este proceso histórico en que las culturas europeas justifican la apropiación de las vidas de las personas de las demás culturas de todo el mundo, han empleado métodos para borrar los imaginarios que los pueblos de esas culturas tienen de si mismos, prohibiendo el uso de sus lenguajes vestimenta, costumbres, borrado sus recuerdos y su identidad. A los habitantes de Abya-Ayala llamada por ellos América los llamó indios a los habitantes de Africa los llamo negros. Yo habito en la ciudad de Quito-Ecuador. En este paìs hay muchas étnias con lenguaje y culturas propias si una persona de una de estas étnias fuese a Europa o Africa y dijese soy Americo-descendiente ninguna información de identidad proporcionaría. De la misma manera que me sucede, cuando escucho el termino “afrodescendiente” sabiendo que en Africa existen muchísimas etnias. Los continentes son muy amplios para para tomar su nombre como tèrmino de identidad, peor aún cuando esos nombres fueron impuestos por ellos. Como norma mínima de respeto al conocer a una persona es preguntarle a esa persona su nombre no ponerle yo el nombre. Eso es un indicativo de apropiación y falta de respeto. De la misma manera preguntarle como se llama el lugar donde vive.

    Saludos

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