La Niña Invisible

afrofeminas_nina_invisibleEn 1959, Naciones Unidas aprobó una Declaración de los Derechos del Niño que incluía 10 principios.

“El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole”.


“Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes”.

“Tampoco querían a María porque no era Verde ni Azul”

Hace unos días leí un precioso cuento infantil que tenía pendiente, “La niña invisible”.

La niña invisible es un libro sobre los derechos del niño a partir de un cuento de J.L. García Sánchez y M.A. Pacheco. Las ilustraciones son del maestro Ulises Wensell, fascinante.

El cuento dice así:

María vivía al borde de un río entre dos colinas. En una colina estaba el Pueblo Verde y sobre la otra el Pueblo Azul.

afrofeminas_wensell

Los niños del Pueblo Verde lo pasaban muy bien entre ellos, pero se divertían maltratando a los animales. Los del Pueblo Azul vivían muy contentos, pero las que no vivían nada contentas eran sus plantas.

Como los niños de ambos pueblos no eran amigos, se peleaban mucho. Tampoco querían a María porque no era Verde ni Azul.

María era amiga de los animales y de las plantas, pero quería ser amiga de los niños azules y de los niños verdes.

María lo había intentado todo, para tenerlos de amigos, pero nada daba resultado. Ella lloró tanto que sus propias lágrimas la volvieron invisible.

Siendo Invisible, María les desarmaba las trampas y hacia que les fallaran las armas que los niños verdes y azules preparaban para pelear.

Entonces los niños de ambos pueblos inventaron otras cosas para divertirse: cuidar las plantas y los animales y jugar entre ellos.

Y como ya no importaba que María no fuera azul ni verde, ella dejó de ser invisible.

Estaba muy contenta porque tenía muchos amigos y no estaba sola……ahora todos querían jugar con ella.

Este cuento, junto con un artículo anterior de esta revista, La normalidad también la quiero para mi hija, me ha hecho pensar que el trabajo para esta integración es de todos y tiene que ser de todos.

En las escuelas españolas ya se ven cabecitas de todos los colores, pero nos queda mucho recorrido.

Personalmente, la simple colaboración en esta revista me hace partícipe del cambio y de allanarle el camino a esos niños.

Poco a poco, con nuestro trabajo, habrán menos niños que se vuelvan invisibles por sus propias lágrimas en nuestra sociedad; como María.

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